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Ficticianos en Ficción Mínima:







Amélie Olaiz

Nació en León Guanajuato, México. Estudió Diseño Gráfico en la UIA. Cursó la Maestría en Diseño Industrial en la UNAM y el diplomado de Creatividad en la UIA. Su trabajo gráfico se ha usado en varias empresas mexicanas y trasnacionales. Fue docente universitaria y se especializó en el desarrollo de la creatividad humana.
En 1996 inició el estudio de la filosofía Budista.
Su trabajo literario se ha publicado en los periódicos: La Jornada y Reforma, en libros de texto para educación primaria y secundaria en México y Chile, y en varias antologías virtuales.
Ganó tres primeros lugares en los concursos de la Marina de Ficticia.
Ha participado en los talleres de Mónica Lavin, Agustín Cadena, Rosa Beltrán, Rafael Ramírez Heredia, Eusebio Ruvalcaba, Adriana Jiménez.
Ha publicado:
· “Ciudadanos de Ficticia” ( antología de cuento y minificción) editorial Ficticia 2003
· “Piedras de Luna”, (minificciones) editorial El viejo pozo 2005, y la reedición en editorial Alcalá, España, 2007.
· “Aquí está tu cielo” (cuento) editorial Alcalá, España, 2007.
· “Prohibido fumar” (antología de cuento) editorial Lectorum 2008
· “Infidelidades.con” (antología de cuento) editorial Terracota 2008
Actualmente tiene una novela y un libro de cuentos en revisión. Saca fotografías con desmesura, pinta acuarelas con sus hijas, mal educa a sus perros, acaricia a su cotorra y entrada la tarde se acurruca en el hombro de su esposo.

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La muerte del cine mudo
El hombre abandona el viejo cartel y entra a la sala del cine. Camina por el pasillo central. Lleno de asombro observa que su silueta no se recorta sobre la pantalla.
Durante la escena de las explosiones, asustado, se oculta tras una butaca. Saca la cabeza y mira hacia los lados. Del suelo recoge dos palomitas de maíz que coloca en sus orejas. Se incorpora para observar la balacera, tapando, de hito en hito, su cara con los brazos. Permanece absorto unos minutos. Mueve su pequeño y tupido bigote, gira sobre sus talones y se enfila hacia la salida. Con el frac raído, su bombín sobre el pecho y el bastón en la mano, va decidido a guardar un milenio de silencio.

Déjà vu
Pequeñas tuercas, tornillos y engranes ocupan su sitio. Trozos blancos se unen y la carátula deja de ser un rompecabezas imposible. Los romanos vuelven de direcciones opuestas y se integran al orden determinado. Las manecillas regresan como flechas que recobran el rumbo. La cadenilla, una serpiente de oro suspendida en el espacio, se engancha a la tapa. Huesos, uñas, vellos y piel son de nuevo las manos que sostienen el reloj de bolsillo. El hombre, ya sin prisa, lee la frase que su tatarabuelo grabó: “No fuerces el tiempo porque puede explotarte en las manos”

Diabluras
Se enrolló sobre sí mismo para rodar hacia ellos. Al chocar, los ángeles volaron por el espacio con sus alas blancas imperturbables. Todos terminaron despedazados en el suelo.
Matacus, el orgulloso armadillo, se desenroscó para disfrutar el festejo de los niños.
—¡Chuza! —gritaban los pequeñines frente al nacimiento hecho trizas.

Tildólogo Compulsivo
Nació sobre un pupitre en la Real Academia Española. Hijo de la famosa filóloga Sílaba Tercera, estudió la educación básica bajo la supervisión de su abuela Esdrújula.
A principios del siglo XX1 fundó, en Grave, Itálica, el Instituto de estudios superiores de la tilde. Actualmente funge como único miembro autorizado para quitar y poner acentos a discreción. Sus experimentos lo han hecho merecedor del Premio Nóbel de gramática, y le han ganado un lugar en la rotonda de los hombres agudos.

Sociedades que trascienden
—¿Qué haces aquí?— preguntó exaltado.
—Vine para hablar de negocios— respondió con tranquilidad.
—No chingues, tú estás muerto.
—Muerto sí, inactivo no.
—¿Y qué carajos quieres conmigo? Mejor busca un cura.
—Quiero mi parte del botín— dijo metiendo la mano en la caja fuerte, sin abrirla.
—¿Tú dinero? No mames, allá ni te sirve.
—Claro que sí, ya hice un estudio de mercado y quiero contratar un matón.
—¿Para matar a quién?— preguntó nervioso.
—Tranquilízate sólo quiero mudar el negocio para acá, pero necesito, primero, traerte a ti.
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Chiribitas de Leticia Herrera Alvarez

FALTA DE CALCIO

Aquella mujer se dejó llevar por el deseo compulsivo de comer yeso. Falta de calcio, pensaba; hasta que un día empezó a crecer alto, muy alto, y en medio del pecho le apareció, abierta, una ventana.



EL ESPECULADOR

-¡Basta ya de manipular la información! ¡Es usted un vulgar intermediario! ¡Esta vez quiero hablar directamente con el jefe!
Exigió la mujer al sacerdote, en el momento justo de la consagración.



LA SUFRIDA

-Nadie colgaba el teléfono como él.



CUENTO DE NUNCA ACABAR

Este era un hombre que se dejó seducir por su cuñada con un casete grabado con cantos de ballenas.
¿Quieres que te lo cuente otra vez?



NO VOLTEES*

El poblado quedaba lejos aún. Apretó el paso de su caballo y con una voz que pretendía serenidad me dijo:
-Apúrale a tu yegua y no voltees.
Escuché entonces el crujir de una rama que se levantaba como si hubiera sido liberada de un gran peso.
Sin poder evitarlo volví el rostro. A mis espaldas, recortada en la casi total oscuridad de la noche, alcancé a verla figura de un hombre alado que levantaba el vuelo.

*Premio de cuento brevísimo, 1999, otorgado por la revista “El Cuento”.



CHIRIBITAS

Una sola langosta molesta; una plaga se vuelve paisaje.



AUTÉNTICA

Ya era una vaca, mucho antes de ser sagrada.


Del libro: CHIRIBITAS
de
Leticia Herrera Álvarez
Coalcomán, Michoacán, 1954, Ciudad de México.
Primera edición septiembre de 1995, Editorial Verdehalago, México, D.F.
Primera edición: (Aumentada), 2004, Editorial Verdehalago, México, D.F.
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MICROS DE ORLANDO ROMANO - A Violeta Rojo



FRUSTRACIÓN

–¿Cómo puedes decir eso, Elena? Llevamos cuarenta años de matrimonio. Nuestros hijos son personas maravillosas. Nuestros nietos nos adoran. Nosotros somos saludables, no tenemos problemas económicos y nos amamos. ¿Qué te hace pensar que fracasamos?
–Hombre, ¿es que no te has dado cuenta? Cada domingo, cuando venimos a desayunar a este café, siempre hay alguna joven pareja que nos mira con pena.


¿CODICIOSA YO?


“Dijo que de mí le gustaban mis sentimientos, mi formación cultural, mi cuerpo, mi forma de hacer el amor, mi actitud ante la vida… Pero nada más que eso. Estoy desconcertada”.


¿DÓNDE ESTÁN LOS HOMBRES?

“Es alegre, es compañero, es cariñoso, cree en el amor para toda la vida, rechaza la infidelidad en todos los sentidos, es muy responsable con sus obligaciones, no fuma ni bebe en exceso, acepta a las personas tal y como son, nada de lo que yo diga o haga le molesta, cree en el matrimonio y desea tener muchos hijos… La verdad es que estoy harta de cruzarme con estos tipos que tienen la mente trastornada”.


¿SERÁS TÚ?

Luego de todas las cosas bonitas que acabas de decirme, no sé si eres el hombre de mi vida o eres un escritor.


LAS ENSEÑANZAS DE LA ABUELA

Ámalo despacio y vístete rápido. No querrás enamorarte de ese idiota.
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máquina de coser palabras

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LA PASIÓN: SEGUN FICTICIA


Iniciamos nuestra participación dando a conocer los antecedentes y motivos de la creación (en entregas posteriores se tratarán los modos y logros) del taller, a la comunidad de Ficción Mínima..

LA PASIÓN: SEGÚN FICTICIA



(fragmento de un artículo inédito) por Alfonso Pedraza Pérez


EN EL PRINCIPIO…

El Taller de minicuento de http://www.ficticia.com/, nace por satisfacer, contagiar y divulgar la pasión[i] por el texto breve, la recreación de lo real o de lo fantástico, y la belleza de la palabra.
Los ficticianos (nuestra nacionalidad virtual) hemos actuado en reacción, como lo hacen las ONG: a iniciativa propia, con la complacencia de los propietarios de la página, la ayuda de muchos estudiosos y escritores del género e inspirado en el concurso permanente de cuento brevísimo que Edmundo Valadés mantuvo en “El Cuento. Revista de la imaginación
La importancia que se le daba al minicuento, en esa publicación hoy tan memorable, fue tal que, precisamente en ésta, fue bautizado. Afirma Valadés: “el cuento breve o brevísimo no ha merecido ni recuento, ni historia, ni teoría, ni nombre específico universal, […] salvo los que desde la revista El cuento le dimos de minicuento o minificción, y que han ido generalizándose”[ii]. En sus páginas, a más de disfrutar la lectura de verdaderas antologías en las que consistía cada número y examinar sus editoriales; se regocijaba uno con el correo del lector, en él, Edmundo nos transmitía perlas de sabiduría en forma de consejos prácticos y bienintencionados. Era una guía lejana, escasa, sin embargo valiosa para los que habíamos caído en el encanto de decir mucho con pocas palabras, de decir todo con apenas insinuaciones, de expresar las cosas con precisión y belleza. Si bien, con relativa frecuencia, su mensaje era directo para decir que el texto analizado ¡no era un minicuento! En ese momento surgía la excitación de descubrir entre sus líneas el quid del asunto. ¿Cómo es posible que un aviso de ocasión en un diario, una misiva personal, un cuasi chiste, eran un minitexto literario y otros no? ¿Por que con pocas palabras, en escuetas palabras, muy a menudo carentes de elocuencia o de la retórica acostumbrada, se podía fascinar al lector?
El misterio se develaba a cuentagotas. La publicación de cada número de la revista significaban meses enteros de espera. Para poder relacionar una crítica y conocer el texto que analizaba debíamos esperar en números subsecuentes su aparición. O revisar números anteriores para recordar y dar el aval personal a un texto con un veredicto de “ganador”.
A inicios del presente milenio, conocí el mundo de la red virtual mundial a través de sus buscadores. Al hacer intentos con las palabras cuento y minicuento aparecieron como por magia cientos de páginas relacionadas al tema y con Ficticia y su foro de acceso abierto “Puerto Libre”. Como ciudad costera y cosmopolita, recibía visitas de personas que contactaban de diversos países de América y Europa. Amparado en el anonimato que ofrece el Internet, empecé a insertar algunos minitextos; y vi con asombro que recibían comentarios casi instantáneos. Recordando el espíritu de mi querida revista, un día contacté con el “Dios”[iii] de Ficticia, Marcial Fernández, le escribí de mis deseos de estimular la escritura y el conocimiento sobre la minificción, y como todo ser divino y complaciente[iv] (también un consumado minificcionista), no sólo permitió crear un club con el pretencioso nombre de Taller de Minicuento; sino que gracias a su poder infinito concibió un lugar especial en el portal al que llamó “Marina. Espacio dedicado a las minificciones de los navegantes. Taller participativo[v].
Con respecto de la instauración de la Marina[vi], la Dra. Laura Pollastri afirma: “Llamativamente, la creación del lugar exclusivo para la minificción responde a una interacción entre el público y los creadores de la página: el lector interactivo se abastece de un espacio específico para algo que advierte como singular en el vasto campo de la narrativa breve, y como necesario en el universo literario de la red. […] Nacida fuera de las pantallas de PC, la minificción se articula e interacciona en ella como un lugar natural del universo informático.”[vii]


[i]VIDAL, Nélida (filóloga y tallerista ficticiana) “Hablar de las pasiones es, ciertamente, algo muy complicado. Primero porque son pasiones, luego porque son propias y, por ello, desearíamos que hechizaran al resto del mundo tanto como nos hechizan a nosotros”. Correspondencia privada con la autora. e-mail recibido en junio de 2003.
[ii] VALADES, Edmundo. Ronda por el cuento brevísimo. EL CUENTO, Revista de Imaginación. No. 119-120 Julio-Diciembre 1991. Resaltado del autor.
[iii]“El régimen literario, filosófico y místico de Ficticia es teocrático, pues la fundación e historiografía de la ciudad depende de un sólo dios, el que todo lo lee...”. Constitución de www.ficticia.com.
[iv] “Ficticia, asimismo, por tratarse de una teocracia y por ser su dios "un buen dios" (las connotaciones éticas de la frase se podrán discutir después), no como todos aquellos que han pululado a lo largo de los siglos, no tiene por principio ningún afán de lucro, ideología totalizadora o censura en términos morales”. Constitución de www.ficticia.com
[v] http://www.ficticia.com/indicemarina.html .
[vi]VIDAL, Nélida “La Marina (de Ficticia) es… ¿Qué es La Marina? Una factoría de cuentos minúsculos, un taller de reparaciones de los susodichos minicuentos, un reto para quienes escriben en ella, otro aún mayor para los operarios que leen y ajustan letras ajenas. También es un concurso y, sobre todo, una pasión. Nuestra pasión”. ib.
[vii] POLLASTRI, Laura. DEL PAPEL A LA RED: LUGARES DE LEGITIMACIÓN DE LA MINIFICCIÓN. Artículo proporcionado por la autora. E mail. Febrero 2004.
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La breva breve, apuntes sobre el microcuento

Por Lilian Elphick

El género literario llamado cuento hiperbreve, minicuento, microrrelato o microcuento es un fenómeno que ha eclosionado en esta época, que algunos estudiosos llaman postmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado, al decir de Fredric Jameson. Grandes escritores latinoamericanos como Augusto Monterroso, Juan José Arreola, Ana María Shua, Marco Denevi, Jorge Luis Borges, etc., lo han cultivado. También los chilenos Diego Muñoz Valenzuela, Jaime Valdivieso, Virginia Vidal y Pía Barros, por nombrar a algunos /as. El profesor chileno Juan Armando Epple, radicado en Oregon, EEUU, ha publicado varias antologías de microcuentos, entre otras: Brevísima Relación. Antología del Micro-Cuento Hispanoamericano; Cien Microcuentos Chilenos y Microquijotes. También tiene muchísimos estudios sobre el género.

En agosto del 2004, por primera vez en Chile, se realizó el Congreso Internacional de Minificción, organizado por la Universidad de Playa Ancha, Valparaíso. La Corporación Letras de Chile patrocinó dicho evento, programando lecturas paralelas de microcuentos, en la ciudad de Santiago, y recomendando escritores invitados a las lecturas y mesas redondas organizadas en dicho Congreso.

En octubre del 2004, la página web de Letras de Chile, publicó dos festivales de microcuento para escritores consolidados y emergentes, con excelentes resultados de lectura. Se reunió la obra de más de sesenta autores /as chilenos /as y se recopilaron más de ciento veinte textos. 
En el Congreso “Al sur de la palabra”. IV Congreso Internacional de Escritores por el Fomento del Libro y la Lectura, que organizó la Corporación Letras de Chile para enero del 2005, se trató, entre otros, el tema del microcuento en mesas redondas, charlas y lecturas, con la participación especial de la escritora argentina Luisa Valenzuela. Finalmente, la misma Corporación de escritores, publicó la antología de microcuentos Con pocas palabras, en mayo del mismo año.
En agosto del 2007, Letras de Chile organizó el Primer Encuentro de Minificción “Sea breve, por favor”, donde participaron destacados académicos/as y escritores/as tanto chilenos /as como extranjeros/as. En noviembre del 2008, el II Encuentro de “Sea breve, por favor” contó con la presencia de Juan Armando Epple, y el profesor Fernando Valls, de España, entre otros.
Por último, cabe destacar el concurso de microcuentos “Santiago en cien palabras”, organizado por la Revista Plagio, el Metro de Santiago y Minera Escondida. La participación es masiva y ha aumentado de 2.691 relatos en el primer concurso hasta diez mil en versiones posteriores[1]. Se edita un pequeño libro con los textos finalistas, que es repartido gratuitamente, y se seleccionan veinte relatos que se reproducen en gigantografías dispuestas en algunas estaciones del Metro. Así, se incentiva la creación literaria y se intervienen los espacios públicos.
Fuera del ámbito chileno, debo referirme a dos importantes revistas literarias que dedicaron muchas páginas al microcuento: El Cuento, dirigida por el mexicano Edmundo Valadés y la inolvidable Puro Cuento, de Mempo Giardinelli.
En cuanto a páginas web dedicadas exclusivamente al género están El cuento en red Revista Electrónica de Teoría de la Ficción Breve, dirigida por Lauro Zavala, con excelentes ensayos de David Lagmanovich, Francisca Noguerol, Violeta Rojo, etc.), y Ficticia, dirigida por Alfonso Pedraza, que realiza, entre otras actividades, talleres de microcuento on line, donde los participantes pueden comentar los textos de los demás y recibir comentarios de especialistas y del público en general. Se trata, entonces, de una actividad literaria interactiva al alcance de todos /as los /as interesados /as en el tema.
Si se considera al microcuento como una categoría textual aún periférica, frente a otros géneros canonizados y centrales como la novela y el cuento, Internet, como parte del proceso de globalización, presenta quiebres, fracturas, rupturas, por donde no sólo se cuela el interés por este género, sino, como señala Hilda Chacón [2],“abre una serie de posibilidades para los grupos ubicados en la periferia del proceso de globalización económica, para insertar sus voces/ momentos /imágenes/ palabras/ discursos/ narrativas en los intersticios del mundo cibernético y establecer así conexiones nuevas, que de alguna manera permitan el reconocimiento de su existencia y de sus interpretaciones alternativas sobre los "tiempos postmodernos".”
Esta imbricación de diferentes voces y textos –ahora se habla del hipertexto- aparece en la web con diversas modalidades, como el chat, los fotologs y los blogs, estos últimos, sitios –bitácoras que se arman sin costo alguno por el sujeto o una comunidad. Por ejemplo, un colegio o un curso puede tener su propio blog, donde ir anotando las actividades del alumnado, fotografías, concursos literarios y comentarios, tanto de los /as profesores /as como de los /as alumnos /as.
A propósito del título de este trabajo: “La breva breve”, existe el dicho: “No hay que dar la breva pelada y en la boca”, y esta instancia puede adecuarse a una de las características del microcuento, aunque también del cuento. Se trata de la "teoría del iceberg" de Hemingway, en donde lo más importante nunca se cuenta. La labor del /la lector /a es realizar esa lectura profunda, o como dice Piglia en su Tesis sobre el cuento, hacer brotar lo que está oculto.
En la Introducción a Brevísima Relación. Antología del Micro-Cuento Hispanoamericano [3], Epple acota que “el criterio fundamental para reconocerlos como relatos no es su brevedad sino su estatuto ficticio, atendiendo específicamente al estrato del mundo narrado. Creemos que lo que distingue a estos textos como relatos es la existencia de una situación narrativa única”.
Un ejemplo: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Se dice que es el microrrelato más breve del mundo. Su autor, Augusto “Tito” Monterroso, ha borrado con este texto las barreras entre la realidad y la vigilia, entre la ficción y la realidad, creando un espacio narrativo con sólo siete palabras. Además existe el intertexto kafkiano: “Cuando despertó, Gregorio Samsa estaba convertido en un horrible insecto.” ¿Hay historia en este texto de Monterroso? El profesor Epple en su Introducción señala que en El dinosaurio “hay un decurso temporal (fijado en los verbos) y una referencia a la situación espacial (“allí”, el lugar donde ocurre la experiencia)”. Se puede definir – a nivel básico- ‘historia’ como una cadena de acontecimientos ligados temporal y causalmente, y al ‘acontecimiento’ como algo que le ocurre a alguien o algo. Ergo, en El Dinosaurio hay historia o una situación narrativa única, aunque –como dice Epple- la tríada acción-espacio-tiempo, esté simplemente sugerida. (Epple.1990:18-19).

Epple vincula el origen del micro-cuento o cuento breve a la tradición del folklore, la leyenda, mitos, adivinanzas y fábulas, pero advierte que esta asociación a las llamadas “formas simples” genera problemas de delimitación:
“Las formulaciones teóricas sobre el cuento, o las poéticas que declaran una concepción particular sobre el género, demarcan sus parámetros diferenciales a partir de la comparación con la novela, y los rasgos distintivos que se postulan (la brevedad, la singularidad temática, la tensión o la intensidad) siguen resultando insuficientes como categorías distintivas. La existencia de novelas cortas (la “nouvelle”), de acentuado rigor argumental y formal, y de cuentos extensos, ponen en cuestión el criterio tradicional de la extensión como límite entre ambos géneros.
Irwing Howe se propuso recientemente delimitar un canon del relato breve norteamericano (que llamó “short-short stories”, cuentos cortos) pero ni su intento de delimitación tipológica ni la selección propuesta resultan convincentes.
Con el cuento brevísimo el problema de la delimitación genérica se dificulta aún más, por su relación con un amplio registro de formas breves de substrato oral o libresco, y sobre todo por la dificultad de deslindar fronteras con las llamadas “formas simples” (el ejemplo, el caso, la fábula y la anécdota, entre otros).” (Ibid:11).
Resumiendo, para Epple, la brevedad, la singularidad temática y la intensidad siguen resultando insuficientes como categorías distintivas para el cuento. La existencia de la nouvelle y el cuento largo, no se pueden definir sólo desde un criterio de extensión.
En general, los autores y autoras que han examinado el microcuento coinciden en su carácter intertextual, donde pueden coexistir en un solo texto la alusión, la cita, la ironía y la parodia, o la reelaboración de un architexto. Por ejemplo, en el “Decálogo del escritor” de Monterroso, incluido en su libro Lo demás es silencio (1978), se reconoce la referencia metatextual del Decálogo del perfecto cuentista de Horacio Quiroga (1925), y la referencia architextual de los doce mandamientos de la Ley de Dios.[4] A toda esta fábrica de intertextualidades se suman “Los diez mandamientos del escritor”, microcuento del uruguayo Fernando Aínsa [5]:


Los diez mandamientos del escritor
1.-Te amarás a ti mismo sobre todas las cosas.
2.- No mencionarás el nombre de Borges en vano.
3.- Seis días descansarás y uno escribirás.
4.- Te inventarás tu propia filiación literaria.
5.- Si cometes parricidio generacional, será con pudor y disimulo.
6.- No seducirás a la poetisa en busca de prólogo.
7.- No robarás las metáforas del poeta inédito.
8.- No llamarás palimpsesto intertextual a la simple copia banal.
9.- No desearás el éxito de ventas del prójimo escritor.
10.- No eliminarás las comillas de las citas ajenas.

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[1] Datos extraídos de Epple, Juan Armando. “La minificción y la crítica”. En: Escritos disconformes. Nuevos modelos de lecturas. 2004. Francisca Noguerol Editora. Ediciones de la Universidad de Salamanca.
[2] Hilda Chacón. ¿Puede Internet (ó la lógica del capitalismo avanzado) subvertir el proyecto de la globalización? En: http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v04/Chacon.html
[3] Epple, J.A. Brevísima relación. Antología del microcuento hispanoamericano. 1990. Santiago: Mosquito.
[4] Datos extraídos del ensayo de Fernando Golvano, “Menos es más (Notas sobre la poética de Monterroso)”. En: Escritos disconformes. Nuevos modelos de lecturas. 2004. Francisca Noguerol Editora. Ediciones de la Universidad de Salamanca.
[5] En: Escritos disconformes. Nuevos modelos de lecturas. 2004. Francisca Noguerol Editora. Ediciones de la Universidad de Salamanca.
Nota:
Otras excelentes páginas dedicadas a la minificción: Máquina de coser palabras, Minificciones,  Químicamente impuro.
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Importancia

-¿Se baja?- pregunta uno.
-Prefiero no bajar. Quiero seguir viaje- contesta el otro.
-Este colectivo terminó su recorrido.
-¿Cómo es posible, si todavía no partimos?
-Es que la partida no estaba prevista, solamente la llegada.
-Podría hacerme precio, entonces.
-Desde luego, le cobraremos su pasaje al precio de tres.
-¿No podría ser a la inversa?
-Una persona de su importancia no lo aceptaría. Es humillante.
-Es cierto- contesta el otro, halagado. Paga y desciende.

Orlando Van Bredam
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Otras brevedades. Micrografías

Como marca, Micrografías® nace de un apareamiento incierto acaecido en las Islas Griegas entre micro (μικρο, pequeño) y -grafía (-γραφία, de la raíz de γράφειν, escribir), que significa descripción, tratado, escritura o representación gráfica. El resultado ha tenido la suerte de nacer en el SXXI y define una categoría de fotografías realizadas exclusivamente con móvil.
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Minificción venezolana: Trejo, un experimentalista


Oswaldo Trejo. Ejido, Mérida 1924-Caracas 1996. Narrador. Obras principales: Los cuatro pies (1948); Cuentos de la primera esquina (1952); También los hombres son ciudades (1962); Depósito de seres (1963); Andén lejano (1968); Escuchando al idiota (1969); Textos de un texto con teresas (1975); Al trajo trejo troja trujo traje trajo (1980); Una sola rosa y una mandarina (1985); Metástasis del verbo (1990); Mientras octubre afuera (1996).
OTRA TRANSPARENCIA
Al mar la transparencia, desazulizándolo, desverdeciéndolo del lado allá de donde otros cortando, a manera de cubos, las grandes piedras.
Traslado de los cubos pero sólo mientras la noche cercando las aguas, ya más blancas que las leches.
En actividad hasta la noche llevadera, de colocaje de los cubos, escalonados donde por donde el descenso del mar.
El entonces de las aguas, cristalinas, transparentes, en amabilísimas caídas. Al fondo de ellas, visibles hasta las uniones de los cubos, hasta las formas en las superficies de la piedra.
Más allá, detrás de lo visible, los lugares del mar en los que las cosas asentándose. Los navíos acaso ya junto a las sacudidas de las especies marinas, en los estertores.
Pasado todo el mar, pasado, pasado. Acá la sequedad y allá del otro lado de los cubos, también la sequedad.
UNA SOLA ROSA Y UNA MANDARINA
En donde de cada ser dos, de cada cosa dos exactas, una para sí y otra para alguien. Siendo así, de algunas, una a la memoria y otra dejable en el lugar, ya el barrio en el caserío o el caserío en el barrio, ya los árboles frutales. Las puertas, el automóvil entrando en contravía y el automóvil llegado por el otro lado, ambos con movimiento y ruido de carro.
Tocar una puerta y abrirse dos. ¡Oh, entrar!, ¡oh, el recibo más allá!, con dos Gonzalos, dos Ercilias, dos Rafaeles, dos Julietas y, después del saludo y los besos de rigor, hablando todos a la vez y, de los ocho, escuchando atentamente a ocho.
Distinto todo, de cómo era antes de volver.
De la cocina, la sirvienta con tazas de café, de las diez una para ella y, en el momento de pasarlas, ni señas ni morisquetas, ni palabras, sino ella y ella o Carmenza y Carmenza.
Mientras en la memoria abarrotada aquellas grandes limas en sazón, aquellas roliverias mandarinas, afuera las grandes limas en sazón, las roliverias mandarinas y, afuera, las rosas, las grandes rosas.
Una sola rosa y una mandarina. Con una y otra para sí y una y otra para él, despidiéndose.
Mientras octubre afuera. Caracas: Monte Ávila, 1996.


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Rehabilitación de Circe (minificción de Diego Muñoz Valenzuela)

La preciosísima Circe estaba aburrida de la simplicidad de Ulises. Si bien era fogoso, bien dotado y bello, la convivencia no daba para más. Solía convertirlo en perro para propinarle patadas, y él sollozaba y le imploraba perdón. Lo transformaba en caballo para galopar por la isla de Aea, fustigándolo con dureza. Lo transmutaba en cerdo para humillarlo alimentándolo con desperdicios. Volvía a darle forma humana para hacer el amor, y volvía a fastidiarse con su charla insulsa. Por fin lo expulsó del reino, le devolvió su barca y sus tripulantes y lo dotó con alimentos para un largo viaje. “Vete y no vuelvas”, le ordenó con voz terminante al lloroso viajero, “y cuenta lo que quieras para quedar bien ante la historia”. Después sopló un hálito mágico para hinchar la vela de la embarcación.


Diego Muñoz Valenzuela

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Tres microrrelatos, por Lilian Elphick

Helena

Golpeé mi pecho tres veces y no hubo respuesta.

Arañé mi cara y me lancé al abismo de la derrota.

Escribí para remediar el silencio y no obtuve el perdón.

Me pregunté qué es primero, ¿el amor o el odio?, y estalló una guerra.

Entonces, ¿qué maravillas me deparan las patas de los caballos?

Alejada de mi esencia, mastico lentamente mi hermosura.


Atenea

...et les silences, tous les silences: le silence quand le bras du bourreau se lève à la fin…

Jean Anouilh

Para que mi horror sea perfecto, yo Atenea, acosada por mi propia estatua de mármol pentélico, despreciada por Ares cuando las flechas de la escritura volaban en mi dirección, adorada por quienes vieron en mí a una diosa armada hasta los dientes, vilipendiada por tu silencio y mi virginidad de peplo blanco, malnacida gracias al lanza rayos, agobiada por profecías que me enervan hasta la locura, declaro a la comunidad que: 1) La estatua (de ahora en adelante, 'ella') que me representa me cortará la cabeza, 2) no haré nada por impedirlo, 3) ella volverá a la carne y al hueso, 4) de este modo, se apropiará de las palabras de los padres de la literatura, que algunos suelen denominar 'universal', y 5) ella pedirá perdón a Medusa por llevarla en su égida imaginaria.


Casandra

El tiempo, / la gran puerta entreabierta

Blanca Varela

Apolo escupirá en mi boca. Troya será destruida. Áyax me violará. Nadie creerá en mí.

Una mujer de nombre Christa, siglos después de mi muerte, escribirá: "¿Por qué quise, por encima de todo, el don de la profecía? Hablar con mi propia voz... pero, ¿a quién?"

Ahora, cuando ya no tengo ojos, sé que la vida es la única inocente.

***

Estos textos pertenecen al libro inédito Bellas de sangre contraria, titulo extraído del poema Reyerta, de F.G. Lorca.

Más textos en Ojo Travieso.
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Congreso de minificción en España


La próxima semana va a tener lugar en Málaga (España) el XIX Congreso de Literatura Española Contemporánea, organizado por la universidad de esta ciudad. Esta edición, que se va a celebrar desde el Lunes 24 hasta el Viernes 28, va a estar dedicada al microrrelato español, y lleva como título: "Narrativas de la postmodernidad. Del cuento al microrrelato".
Durante las cinco tardes que dure el encuentro asistiremos a conferencias de especialistas en este campo como Fernando Valls, Irene Andres-Suárez, Domingo Ródenas de Moya, Joseluis González o Teresa Gómez Trueba. También habrá un concurso de microrrelatos, una mesa redonda sobre la difusión del género y la intervención de escritores que lo cultivan como Juan Pedro Aparicio, Fernando Iwasaki, Julia Otxoa o Andrés Neuman.
Se puede consultar toda la información sobre este congreso en la página web del mismo.
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Testimonios

Fin de fiesta

Miriam Di Gerónimo nos acerca el texto de cierre de Eduardo Gotthelf.

Cuando finalizó el V Congreso Internacional de Minificción celebramos el evento con una cena de camaradería. Allí Eduardo Gotthelf leyó las siguientes conclusiones: un cierre festivo que seguiremos aplaudiendo.

Yo, que no soy especialista sino apenas un perpetrador, aprendí mucho en estos 3 días. Y quiero compartir lo esencial de ese aprendizaje con ustedes, que como bien no dice Saint Exupery, en MF sólo lo esencial debe visible a los ojos.

No crean que voy a contar algo original, sólo haré un breve resumen de una introducción a un primer capítulo de un estudio preliminar de una definición tentativa y experimental de minificción.

Llegado a esta esquina, los cito:

Minificción: modernísimo género de tradición milenaria, que designa textos de entre 10 palabras o menos, hasta 2255 o más, con o sin título, que, aún siendo otra cosa, puede compartir características con la poesía, el cuento, la novela, el teatro, el ensayo, el epitafio, el epigrama, el aforismo, el recorte, el fragmento, el haiku, el chiste, el grafitti, el eslogan, la canción infantil, la adivinanza, el retruécano, los sueños, la micromagia, el tango, la ópera y varios otros.

Se individualiza con facilidad, ya que siempre es generado por los así llamados escritores de minificción, u otras personas.

Los textos pueden ser publicados en libros, diarios, revistas, blogs, teléfonos celulares, señaladores, camisetas, tarjetas de visita, paquetes de cigarrillos; o no ser publicados en absoluto. Incluso pueden llegar a no ser siquiera escritos.

Este género tiene, además, otras denominaciones, cuya detallada enumeración, ya por todos conocida, escapa a los alcances de esta apretada síntesis.

Su aplicación más conocida es la de justificar la realización de congresos destinados a definirlo.

Eduardo Gotthelf

Neuquén, 12 nov. 2008

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El Taller de Minicuento de Ficticia

Es un gusto participar en este blog. Estar cerca de tanta gente que nos ha apoyado en la vida del Taller de Minicuento de Ficticia.

Era un propósito, que no se hizo realidad, acudir al congreso internacional de Neuquen y agradecer en persona a todos los que han aceptado, desinteresadamente, participar en la vida de Ficticia y su taller.

Para mitigar la desesperenza de no haber acudido al congreso ¿alguien podría hacernos una pequeña reseña?

Por último, invitamos a toda la comunidad; a visitar, participar, apoyar al taller que tiene mas de siete años de actividades, que no recibe subsidio alguno, y todo bajo el cobijo de Marcial Fernández en su portal http://www.ficticia.com/.

Buenaventura a Ficción mínima.
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Letras de Chile

Equipo editorial:

Lilian Elphick
Diego Muñoz Valenzuela
José Osorio
Miguel de Loyola

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Blogs y páginas web sobre minificción

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Minificciones de Gabriel Jiménez Emán

Gabriel Jiménez Emán

 

El método deductivo

Al abrir el periódico, vio que el asesino le apuntaba desde la foto. Lo cerró rápido, antes de que la bala pudiera alcanzarle en la frente. Dejó el periódico a un lado, todavía humeante.

El hombre invisible
Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.

Homenaje a Monterroso
Cuando el tiranosaurio rex despertó, el dinosaurio ya no estaba allí.

 

La brevedad
Me convenzo ahora de que la brevedad es una entelequia cuando leo una línea y me parece más larga que mi propia vida, y cuando después leo una novela y me parece más breve que la muerte.

 

Los 1.001 cuentos de 1 línea
Quiso escribir los 1001 cuentos de 1 línea, pero sólo le salió uno.


Tomados de Gabriel Jiménez Emán, El hombre de los pies perdidos. Thule Ediciones, 2005 y de http://mquinadecoserpalabras.blogspot.com

 

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Ciclo de Conferencias en torno al Minicuento

La existencia, difusión y modelos de narrativa literaria o comunicación breve en la contemporaneidad.

Organizado por Asfáltica Revista y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Lunes, 24 de noviembre de 2008. Aula Magna "Fray Antonio de la Vera Cruz". Facultad de Filosofía y Letras. UNAM

Participan: Ambrosio Velasco. Tatiana Sule Fernández. Gómez. Susana Salim. Beatriz Espejo. Edmée Pardo. Lauro Zavala.  Norma Muñoz. Violeta Rojo. Francisco Garzón Cépedes. José Víctor Martínez Gil. María Amada Heras Herrera. Alejandra Guevara López. César Salazar. Enrique López Aguilar. Leticia Herrera Álvarez. Marcial Fernández. Manuel Lino. Miguel Cuellar. Frida Rodríguez Gándara. Javier Perucho. Ángel Acosta. Margarita Castillo. Armando Alanís. Alejandro Estivil.  Edgar Omar Avilés. Sergio Loo. Evelia Arteaga. Jezreal Salazar. Rodolfo Palma Rojo. Laurencio Martínez. Míriam Araceli Hernández. Alexander Beaudoin Duquette. Karina Falcón. Ángel Miguel Cruz. Othón Ramírez. Alejandra Guevara López, Angel Acosta.

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Más libros

Antonio Cruz: Escritos diminutos. Santiago del Estero, Viamonte Ediciones, 2008

Josep Torrent: Secrets, Mirrors, Stones... Short Short Stories. Cataluña, Mínima, 2008. Edición de 80 ejemplares para el Quinto Congreso Internacional de Minificción

Varios: Perraje en crisis. Talleres Literarios de Pía Barros, 2008

Varios: Créditos. Homenaje a Juan Armando Epple, 2008

Fabián Vique: La tierra de los desorientados. Buenos Aires, Macedonia Ediciones, 2008
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Excelente entrevista a Merino

Recomiendo la entrevista a José María Merino: FICCIÓN EN PEQUEÑAS DOSIS, "El microrrelato es la quintaesencia narrativa"
http://www.elpais.com/articulo/semana/microrrelato/quintaesencia/narrativa/elpepuculbab/20070901elpbabese_1/Tes
Noelia Soriano Burgués
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Tres minificciones de Juan Romagnoli

J
C
R
COMIENZO



Fue recién con la invención del reloj que comenzó a correr el Tiempo. Pero aquel era un Tiempo incipiente, de primeros pasos inseguros, y había que darles cuerda a los relojes diariamente, o el Tiempo se detenía. En la actualidad, ya más afianzado en sí mismo, el Tiempo transcurre solo, sin necesidad de ayuda, por lo cual a los relojes modernos no es necesario darles cuerda, aunque todos creen que es porque son digitales, o por alguna otra clase de designio tecnológico.



PELEAS


Cuando discutimos, mi esposa suele decirme:

-Con vos no se puede hablar en serio. Te comportás como un niño.

Yo trato de controlarme y explicarle que no es así, pero me termina de enojar cuando me tapa la boca con esa papilla, y entonces la escupo y hago un berrinche.



RASTRO



No es fácil perseguir centauros. Como ya nadie cree en ellos, se debe preguntar con sutileza, en forma indirecta:

-¿Ha visto usted pasar por aquí a una hermosa yegua negra con manchas blancas? –o bien:

-¿Ha visto usted pasar por aquí a una hermosa muchacha de cabellos dorados y rosados pechos al viento?

La respuesta nunca será un sí rotundo y, las más de las veces, será negativa.

Sin embargo, muy de tanto en tanto, cuando estábamos a punto de abandonar la búsqueda y, desilusionados, emprender el retorno, el interlocutor ocasional en algún pueblito poco frecuentado se quedará en silencio frente a nosotros, con la mirada iluminada y distante, definitivamente enamorado, con una gota de rocío a modo de beso en la mejilla e incapaz de pronunciar palabra alguna.

Entonces sabremos que vamos por el camino correcto.
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Un texto de Robert Shapard


Tomado de: http://www.smokelong.com/flash/4025.asp

Tamazunchale
by Robert Shapard


The highway had turned tropical and potholed, two narrow lanes and narrower bridges, with butterflies spattering the griliscreen we bought on good advice at the border.

My mother said, “We’re on the wrong road.” The map was flapping and her hair, still blonde then, was flaying, air thudding through the open windows of the Buick. “We’re lost.”

My father sang “On the Road to Mandalay.” Years later my mother said he was sometimes a stranger, after the war, although he never seemed strange to me. He had been in combat both in Europe and the Pacific, but he rarely spoke of it. He worked for an oil company, and we moved often. I was only ten at the time of our vacation, and he died when I was sixteen.

The small patch of tropics, which were not shown on my mother’s map but through which we had been traveling, soon thinned out as we climbed into the desert mountains. We followed a big, backfiring diesel, which we couldn’t pass, and drowsing in the back of the car, in the heat and swaying, I could tell from the backfires when the diesel was leaving us behind as it raced downhill, until it began to labor uphill, and we drew closer again. My father spoke enthusiastically about the great city we were going to, Mexico City, high above everything, ancient and beautiful. Nothing ever changed there. My mother, so practical, consulted guidebooks by the dozen and wrote itineraries. I remember mostly rain and traffic jams.

It was hot and growing dusky when a village appeared below us. Later we found it on the map: Tamazunchale, which my mother pronounced “Thomas and Charlie,” a few whitewashed houses in a dusty bend with treetops shimmering in the last of the sun. Ahead of us the diesel was plummeting toward a one-lane bridge, and around the curve on the other side of the village a small green pickup suddenly appeared, flashing its headlights. But the diesel barreled onto the bridge at top speed, not trying to slow at all, so that the pickup, in order to avoid disaster, was forced into a skid on the village side. It flipped and rolled, and as the diesel shot past, the pickup slammed finally onto its side in a wave of dust and gravel.

“God, oh God.” We followed slowly downhill in the Buick. When we crossed the bridge, the dust swallowed us, then as it cleared on the other side we saw the underside of the pickup. Some villagers had already reached it. Others were still running, village women with their skirts clutched up, crying out. There was a strong smell of Pemex gasoline and around one of the tires was a pale flame. One of the men, wearing white campesino pants but barechested, stretched down into the skyward window, while others held his ankles, and fetched up a howling infant.

“We’ve got to stop,” my mother said.

Probably there was a farm family in the pickup, which had pink and green tassles and curtains painted on the inside of the windshield, a decoration common to many Mexican trucks. We had slowed almost to a stop, but not entirely. We were going on.

“They need help,” my mother said.

“They’ve got help,” my father said.

“We could take them to a hospital,” my mother said.

“They’ll call for help,” my father said.

I watched through the rear window, the villagers crowding around. There were streaks of black in the dust cloud, but never an explosion—just the billowing, huge and serene.

“But what if there’s no telephone?” my mother said. “How will they call for help?”

The diesel must have continued up the mountain. It had not stopped to render aid. It was nowhere in sight.

“You don’t know what could happen,” my father said. “You don’t understand, do you?”

My mother was not a hysterical woman. If there were shouts and tears I don’t remember them. If she had doubts, as she always did, about everything in her life, she took refuge in my father’s direction.

“They’ll think it’s our fault,” she said reasonably. “They’ll come after us. They’ll throw us in jail.”

My father began to sing “On the Road to Mandalay.”

My mother’s map flapped furiously. Later she gave him some water from the cap of the big thermos she kept at her feet. When we traveled nights, there were always the embers of the cigarettes they passed between them.

I watched all the way to the top of the mountain. In the evening light, rising above the village, the dust was like a pink bomb blast: a great, unfolding flower. I understood only that my mother and father were lost.

This story was originally published as "Tamazanchale" in The Literary Review. It appears here by permission of Robert Shapard.

All content in SmokeLong Quarterly copyright 2003-2008 by its authors.
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En Facebook

No sé si servirá para algo, pero Ficción Mínima es también un grupo de FB
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Bienvenidas las colaboraciones

Como recordarán, Lauro Zavala propuso en Neuquén que tuviéramos un espacio virtual que nos permitiera intercambiar información sobre la literatura brevísima.  
La idea de Ficción Mínima es que todos podamos colaborar (el acceso es abierto) con minificciones propias y ajenas, reseñas, datos sobre libros recién aparecidos, artículos o noticias varias. 
Si bien el acceso es abierto,  sería preferible si las colaboraciones no fueran anónimas. 
Todas las colaboraciones sobre el tema de la brevedad son bienvenidas.
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Otras novedades bibliográficas

Estudios

Fernando Valls (coordinación de número monográfico): El microrrelato en España: Tradición y presente. Barcelona, Revista Ínsula núm. 741, septiembre de 2008, 36 p.

Giovanna Minardi: Augusto Monterroso e la minfinzione ispano-americana. Messina, Andrea Lippolis Editore, 2007, 111 p.

Guillermo Siles: El microrrelato hispanoamericano. La formación de un género en el siglo XX. Buenos Aires, Corregidor, 2007, 313 p.

Henry González: La didáctica del minicuento y su desarrollo en ambientes hipermediales. Una experiencia de aprendizaje en el aula para la construcción de discurso estético en niños de educación básica primaria. Bogotá, Universidad Pedagógica Nacional, 2006, 149 p.

Lauro Zavala: Manual de análisis narrativo: Cine. Novela. Cuento. Minificción. México, Trillas, 2007, 200 p.

Antologías

Javier Perucho (estudio, recopilación y bibliografía): Yo no canto, Ulises, cuento. La sirena en el microrrelato mexicano. Monterrey, Conarte, 2008, 76 p.

Ricardo Sumalavia (compilador): Colección minúscula. Cinco espacios de la ficción breve. Lima, Petróleos del Perú, 2007, 384 p.

Leidy Bernal (compiladora): Minificción quindiana. Antología. Calarcá, Cuadernos Negros, 2007, 52 p.

Genaro Huacal (editor): Ninfas en la niebla. Cuentos brevísimos de Alfonso Reyes. Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León, 2006, 126 p.

Guillermo Bustamanate Zamudio y Harold Kremer (compiladores): Segunda antología del cuento corto colombiano. Bogotá, Universidad Pedagógica Nacional, 2007, 188 p.

Fabián Vique (editor): Minificción hispanoamericana. Antología bilingüe serbio-español. Serbia, 2007, 263 p.

Javier Perucho (estudio preliminar, selección, epílogo y cuentalia): El cuento jíbaro. Antología del microrrelato mexicano. México, Ficticia, 2006, 164 p.
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Libros, revistas, discos

Libros:

Eduardo Gothleff. Cuentos pendientes. Neuquén: Ruedamares, 2007

Orlando Romano. Cápsulas mínimas. Relatos hiperbreves. Morón, Argentina: Macedonia, 2008.

Revistas:

Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana. Año I, N° 1, noviembre de 2008. Directores: Christian Elguera Olórtegui y Rony Vásquez Guevara.

Discos (dvd):

Mireya Keller y Zulma Fraga (comp) Cromofonías. Textos, animaciones, pinturas. Buenos Aires: Piso 12, 2008.
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Antologías de minificción

Estas son algunas de las antologías recientes:

Raúl Brasca y Luis Chitarroni. Comitivas Invisibles. Cuentos breves de fantasmas. Buenos Aires: Desde la gente, 2008.

Guillermo Bustamante Zamudio y Harold Kremer. Ekuóreo: un capítulo del minicuento en Colombia. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional.

Antonio Cruz. El microrelato en Santiago del Estero. Santiago del Estero: Inti, 2008.

Silvia Delucchi, Noemí Pendzik. En frasco chico. Antología de microrrelatos. Buenos Aires: Colihue, 2007

Rubén Darío Otálvaro Sepúlveda. Antología del cuento corto del caribe colombiano. Córdoba, Colombia: Fondo Editorial Universidad de Córdoba.

Laura Pollastri. El límite de la palabra. Antología del microrrelato argentino contemporáneo. Palencia: Menos cuarto, 2008.

María Cristina Ramos. Cielo de relámpagos. antología de microficciones y otras instancias literarias de autores latinoamericanos. Neuquén: Ruedamares, 2007.
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Sobre minificción

Estos son algunos de los estudios más recientes:

Luisa Valenzuela, Raúl Brasca, Sandra Bianchi (ed). La pluma y el bisturí. Actas del 1° Congreso Nacional de Minificción. Buenos Aires: Catálogos, 2008.

Irene Andrés-Suarez, Antonio Rivas (ed). La era de la brevedad. Palencia: Menos cuarto, 2008.

Lauro Zavala. El boom de la minificción y otros materiales didácticos. Calarcá, Colombia: Cuadernos negros, 2008.
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V Congreso de Minificción

Estamos regresando del V Congreso de Minificción, que tuvo lugar en la Universidad del Comahue, Neuquén, Argentina.
Este V Congreso fue de los mejores, con magníficos participantes, excelentes ponencias y muchos libros de ficción breve y de estudios sobre la minificción para compartir.
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