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Abstinencia. Leonardo Alberto Espinoza



En un capítulo de Seinfield, George el mejor amigo del protagonista decide un día, más por incapacidad que por voluntad, dejar de tener sexo. Abstinencia que lo lleva a convertirse en una especie de sabio. Ya sin la preocupación constante de tener encuentros sexuales con sus fracasadas conquistas, su cerebro despierta y se entrega de lleno al saber, a la cultura y a la ciencia. En los pocos días que dura la sequía voluntaria reprimiendo su naturaleza conquistadora, George logra resolver problemas que ni los más importantes sabios del mundo han resuelto. Lo curioso del asunto es que esto que parece sólo una parodia, es cierto, yo lo viví en carne propia. Apenas ella me dejó, comenzó en mí un renacer intelectual que tuvo consecuencias memorables. En semanas ya sabía cuál fue primero entre la gallina y el huevo; había resuelto el problema del calentamiento global; tenía ya hecho un acuerdo de paz entre israelitas y palestinos  y, estaba a punto de descubrir el gen causante del cáncer, cuando de pronto sin avisar ella me envió aquel mensaje por wassp y aquella foto adjunta, y volví a ser el bruto de siempre. Así que, por ahora, el saber deberá esperar.

FOTOGRAFÍA: Alexis Pérez-Luna 
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El más grande. Leonardo Alberto Espinoza.

Me despiertas cuando comience, dijo la mayor de mis hermanas. No se te vaya a olvidar, repitió. No había ningún problema pues yo no pensaba dormir esa noche. Pasaría la noche despierto, esperando. Fue como a las tres o a las cuatro de la madrugada, no lo recuerdo bien. Lo que sí recuerdo con precisión fue la expectativa que generó. Todo el mundo estaba pendiente como si tratara del paso de algún cometa milenario o la llegada del hombre a la Luna. Lentas pasaron las horas en la fría noche merideña. Cuando por fin comenzó, todos en nuestra casa estábamos en silencio frente al televisor. Por alguna extraña razón el evento no importaba, era más bien el resultado. Comprobar que los milagros eran posibles y que aquellos seres que no limitaban en el territorio de lo humano, probablemente existieran. Allí estábamos todos observando aquella batalla desigual, pues desde el comienzo, el campeón fue mucho más. Nuestro héroe y su hermoso rostro era atacado sin piedad por aquella mole humana, y sólo sus brazos infinitos impidieron que lo trituraran. La segunda de mis hermanas, la más fanática al ídolo, me miró, y no sin lágrimas en sus ojos dijo, mejor sigo durmiendo, queriendo quizás borrar de la memoria aquel desmerito. Pero algo sucedió unos rounds después. El triturador comenzó a cansarse bajo el agobiante calor africano. De tanto lanzar golpes ya no tenía fuerzas. Como si nada hubiera pasado; como si no hubiera recibido ni un solo golpe en la pelea, aquel ser maravilloso que había librado grandes batallas, incluso sin ir a la guerra, “volando como una mariposa y picando como una abeja”, logró derrumbar y fulminar a la mole. En nuestra casa, en toda la cuadra y en la ciudad, en el país y en el mundo, se oyeron gritos y celebraciones. Sí, el milagro había sucedido y el “Más Grande” continuó construyendo su mito. Mi hermana volvió y al ver los abrazos entre nosotros rompió a llorar sin decir ni una sola palabra.
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El no lector. Leonardo Espinoza


A veces la ficción se nos adelanta.  Madruga a nuestras historias. A todos nos ha pasado en algún momento. Cosas que vivimos, las vemos luego con otros protagonistas, inventadas por otra gente, en escritos, en películas, en canciones. Un  dejà vu constante; un robo a nuestra memoria. Y es que es increíble pero cuando vi la película El lector me di cuenta que me habían plagiado la historia. Sí no fuera por pequeñas diferencias, sería lo  mismo. Primero, yo no soy ni fui ni judío, ni alemán, solo un gochito que se dedica a escribir tonterías. No le leía; ni ella me leía a mí: sabía leer perfectamente. Nunca me bañó. Tampoco  la vi en un juicio, ni tuvo ningún problema legal, no soy abogado. Sin embargo la historia es la misma. No la he buscado de vieja; no la adopté en su senectud. No se suicidó, ni mató a nadie. Nada de eso. Todo lo demás fue increíblemente idéntico. Así que ya saben mi historia.
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