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Un día de junio. Saturnino Rodríguez Riverón

Menos de 24 horas era el plazo para levantarme a Molly en este Dublín de los mil demonios. El barco zarparía sin apelación al amanecer. El Capitán, un mallorquín herrumbroso y cascarrabias, lo gritó: si se van de correrías, recojo cabos y me largo. Sólo ahora, pasada la medianoche, topaba con ella. Según dijo, Leopold, su marido, estuvo todo el día deambulando y llegó a casa a las dos de la madrugada junto a un tal Stephen. Sé que al final Molly va a decir sí yo quiero Sí, como aquella vez en Gibraltar con la rosa colorada en los cabellos al modo de las muchachas andaluzas, donde después me pidió con los ojos que se lo preguntara de nuevo y mi corazón golpeaba arrebatado. Trato de abrazarla, de besarla y sentir otra vez sus senos todo perfume. La llamo Flor de la Montaña, mi Flor de la Montaña. Ella me rechaza, lanzándose a una perorata interminable. Sin hacer pausa en su pensamiento sin poner un punto ni una coma me sugiere que tenga calma que le permita desahogarse nunca ha contado con cincuenta páginas para ella sola y no quiere quedar mal cuando termine con el monólogo interior entonces

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La buena salud de Saturnino Rodríguez Riverón

-¿ Microrrelato? En la cama 12
- ¿ Y minicuento?
- Muy cerca. También trajeron de urgencia a liliputo, hiperbreve, nanocuento, ficción rápida, y otros por el estilo.
- No puede ser. Hasta ayer gozaban de buena salud.
- Tópicos. Eso suelen decir los autores y algunos críticos para congraciarse. Ahora están en terapia intensiva. Si no aparecen los medicamentos efectivos los perdemos.
- Increíble. ¿ Y cómo sucedió todo?
- Lo de siempre. Sobrepoblación. Hacinamiento. Falta el espacio; se alimentan mal; por economizar se les va la mano, y sobrevienen los padecimientos. Que si la columna, anemia, angiopatías, cuadros respiratorios agudos, artritis, el corazón; en fin...
- ¡ Entonces el problema es serio!
- ¡Muy! La problemática tomó un cariz pandémico. Se derrumban en masa.
- Alarmante. ¿ Algún otro problema?
- Estamos trasladando los pacientes hacia hospitales pediátricos.
- ¡Cómo! Eso es sacrilegio. Un crimen de lesa literatura. ¡ Ahora sí se mueren de verdad!
- Calma. No los mezclaremos con literatura infantil. Pero la estatura...Este hospital cuenta con camas para enfermos narrativos corporalmente desarrollados: cuentos, relatos, novelas... Por eso pensamos trasladarlos. Allí las camas se ajustan a sus dimensiones reales.
- Sería un golpe mortal para su autoestima.
- Tendrán que pasar sin ella. Por el bien de su salud.. Las cama es fundamental en los pacientes. Los médicos hacemos el juramento de Hipócrates, no de Procusto.
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Cien años de Virgilio sin Eneida en el insomnio de Saturnino Rodríguez Riverón


Fotografía: Alexis Pérez-Luna
La montaña insomne
(dos virgilios en uno)
La montaña tiene mil metros de altura y el hombre se acuesta temprano. Ha decidido comérsela poco a poco, por eso no puede conciliar el sueño. Es una montaña como todas. Da vueltas en la cama. Se enreda en la vegetación, en las piedras, la tierra, los animales y hasta en los seres humanos que suben y bajan por sus laderas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se echa boca abajo sobre ella y empieza  a masticar lo primero que le sale al paso. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. El amigo le aconseja que vuelva a la casa con el cuerpo molido y las mandíbulas deshechas. Hace todo esto pero no puede dormir. Después de un breve descanso se sienta a mirar la montaña en azulada lejanía. Esta vez acude al médico. Si le dijera estas cosas, se reiría a carcajadas o le tomaría por loco. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. Sabe lo que se trae entre manos. A las seis de la mañana ve muy bien que pierde redondez y altura. Carga el revólver y se levanta la tapa de los sesos. Entonces hablarán de trastornos geológicos. He ahí su tragedia: nadie querrá admitir que no se ha podido quedar dormido a causa de una montaña devoradora. Un insomnio de mil metros de altura es una cosa muy persistente.
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Homenaje a Lezama Lima: Un altar para José de Trocadero. Saturnino Rodríguez Riverón

Entrevista
                             (¿Lezama?)
¿ Que cuál es la diferencia entre las mujeres y los libros? Buena pregunta. Aunque existen mujeres que poseen el sabor de la buena literatura, y en muchas oportunidades lo superan. Lamentablemente, nuestra civilización occidental, demasiado católica, demasiado cristianizada, nos obliga a casarnos con una sola mujer so pena de excomulgación  o de condena por bigamia o más. Sin embargo, no pone restricciones ni límites a nuestro matrimonio con los libros. Hay quienes se casan con un solo libro y son felices. Están los eunucos detentadores, que cuidan o mercan libros, pero no los disfrutan. Otros, a pesar de su virilidad latente, prefieren permanecer célibes y no complicarse demasiado. Pero están los otros, aquellos que quieren gozar de la libertad a sus anchas y se convierten en musulmanes de por vida, beneficiarios de una boda múltiple, acumulando su biblioteca para sentirse a gusto en el harén. El serrallo y sus preferidas. Ellos son los que saben apreciar con sutilidad las diferencias.

Pez en el agua
Yo, que estudié leyes y ejerzo el delito de la literatura, por el azar concurrente y mi tozudez de mulo en el abismo, he venido a parar en esto: un sinsonte barroco que fuma su tabaco en la espesura de La Habana de extramuros. Un hipopótamo lírico. En fin: un peje gordo de la cultura cubana.
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Guerrero de la paz. Saturnino Rodríguez Riverón


De nada valieron sus esfuerzos por apaciguar a los contendientes.
Infructuosa la campaña repartiendo volantes, enarbolando enormes telas
donde llamaba a la concordia entre las partes. Abogando contra la
violencia. Instando a la cordura. Lograr la paz era su objetivo.
En vano: una vez que sonó el silbato, los combatientes se lanzaron
unos sobre otros , irrefrenables, y comenzó la guerra. Pasó a la
historia como aquel que, la noche anterior al gran combate, sembró un
olivo en medio del campo de fútbol.
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Crecimiento personal y otros no crecimientos. Saturnino Rodríguez Riverón


INSURGENCIA DEL MINICUENTO
Este cuento terminó ayer. Si lo estás leyendo ahora, será que se rebeló y quiere perdurar en el tiempo. De pequeño se le notaba lo levantisco. Sin duda le dará por crecer. Quizá a la vuelta de unos años se haga un hombrecito.

EPISODIO 1
¿ Y cómo llamar a capítulo a un minicuento de apenas cinco líneas?

DOS EN UNO
Cuando Chuang Tzu despertó, la mariposa seguía allí.

FÁBULA ANÓNIMA
Hubo una vez un minicuento donde llovió tan intensa y prolongadamente, que se salió de cauce y se transformó en una novela caudalosa. El atribulado escritor, impotente de controlar el fenómeno atmosférico mediante las convenciones propias de la ficción narrativa, no halló más salida que lanzarse a las aguas turbulentas, en un arranque de vergüenza profesional. Como no sabía nadar en aguas tan profundas y extensas, tragó tanta agua que las aguas volvieron a su nivel, y la narración otra vez se convirtió en un minicuento. Los estudiosos todavía indagan acerca del autor.

ATLETA
Saltó del cuento a la minificción. Se fracturó algunas cuartillas y varios párrafos.
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