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Ganadores del mes de marzo de Minificciones.com.ar

A lo largo del mes de marzo los visitantes de Minificciones.com.ar pudimos disfrutar de un excelente nivel de los más de 100 textos que nuestros lectores crearon en función de la imagen propuesta. La selección fue harto difícil y para nuestra jurado de este mes, la escritora argentina Ana María Shua, la tarea no fue nada sencilla.


GANADORA

EL SANTO GRIAL, de Javier Puche

El héroe atravesó desiertos, laberintos, junglas. Decapitó minotauros y cíclopes. Cayó en telarañas gigantes. Trepó árboles infinitos. Hasta que finalmente, ya anciano, encontró el Santo Grial. Lo custodiaban un monje y un dragón. “Si bebes de esta copa”, dijo con gravedad el monje, “vivirás eternamente”. En el rostro decrépito del héroe se dibujó una sonrisa. Al parecer, no había sacrificado en vano su existencia, donde nunca hubo amor ni alegría, tan sólo búsqueda tenaz. “Ahora bien”, prosiguió el monje elevando la voz, “vivirás eternamente, en círculo, la misma vida que tuviste. Y no otra”. Consternado, el héroe reflexionó unos instantes. Luego se desplomó en el suelo como un títere, vencido por la tristeza, mientras las fauces del dragón exhalaban una carcajada de fuego.

PRIMERA MENCIÓN

APOCALIPSIS, de Esteban Dublin

Los santos caían como mártires, las sillas se hacían cenizas, los fieles corrían despavoridos. La espada del Arcángel Gabriel rodaba por el piso y la empuñé. Me fui en ristre contra el responsable del caos, un dragón que incineraba todo cuanto se abría a su paso. Me acerqué furiosamente contra él y le corté la cabeza con un certero golpe. La sangre manaba sin cesar mientras un quejido lastimero retumbaba por el templo. Al principio me sentí aliviado, pero luego escuché la voz de Dios. “Idiota”, dijo, “Ahora no vayas a matar a los siete caballos”.

SEGUNDA MENCIÓN

LA ETERNA BROMA DE SAN AUGUSTO, por Luís Gonzalí

El golpe con la espada fue certero. Del cuello de la bestia salían borbotones de sangre mientras ésta se desplomaba inhalando su último aliento. Complacido por el favor de Dios, él sonrió, se hincó cerrando los ojos y elevó unas plegarias.
A la mitad del décimo padrenuestro, sintió un hálito de fuego en su oreja izquierda. En ese momento San Jorge despertó, y el dragón seguía ahí.


Para aquellos interesados, ya está subida la imagen correspondiente al mes de abril en nuestra sección habitual para concursar.


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Cuatro Ganadoras de minificciones.com.ar


A VERNOS, por Laura Alanís


Le habían anticipado que el infierno que le tocaría era personal y sencillo.A un legítimo vanidoso como él, sólo tuvieron que confinarlo a la eternidad en un reino de ciegos.

CAPITALISMO, por Luís Gonzalí

Empezó con diez ovejas. Las cuidaba, las contaba, y cuando no las ocupaba las guardaba en su establo. Después de un tiempo necesitó más, y para poder comprarlas empezó a vender la lana de las que ya tenía. Después de varios meses de mucho trabajo llegó a tener cincuenta. Por supuesto, tuvo que construir un establo más grande, invertir en infraestructura para trasquilarlas y en un par de pastores para cuidarlas.

Sus vecinos empezaron a verlo con celo y envidia y él empezó a dudar de ellos. Es por eso que también invirtió en vigilancia: rejas electrificadas, cámaras de circuito cerrado, guardias de seguridad.Cuando llegó a tener doscientas, desconfiaba incluso de sus empleados. Es por eso que empezó a hacer guardias nocturnas.

Escopeta en mano y con la convicción de que nunca perdería a ninguna, vigilaba escondido entre los arbustos: nunca nadie le iba a robar a las ovejas que contaba para dormir, aunque las tuviese que vigilar personalmente, aunque le costara el sueño de todas las noches.

OTRO FINAL, por Gabriel Bevilaqua

Primero fue una golondrina la que se arrojó a picotear una de aquellas piedritas blancas; luego, se animó otra, y enseguida otra y otra… Al final todas habían dado cuenta de las píldoras desperdigadas sobre la floreada hierba de la campiña. Unos metros más allá, con la mitad del cuerpo bajo el carruaje volcado, el Doctor Jekyll volvía en sí, sólo para observar como una miríada de buitres iban cerrando su círculo en torno a él…

EL HALLAZGO, por Mario Alejandro Pinto


El caballero perfecto se preparó toda su vida para ese momento. Su cuerpo había sido moldeado a fuerza de privaciones: la suya era una figura sarmientosa, como construido de tendones. En sus ojos brillaba el fuego de la convicción en una misión legendaria. La fe, o la locura, habían guiado sus pasos hasta esa cueva.
Finalmente el Grial estaba frente a él. Había atravesado siete desiertos hasta llegar a la cadena de montañas donde terminaba el mundo. La máxima reliquia era una copa de metal tosco bañada en una luminiscencia suave. Estaba vacía. El caballero la adoró de rodillas por tres días. Luego murió de sed.


*Ilustraciones de Alejandro Gelaz.
* www.minificciones.com.ar
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Pesadillas de Luis Gonzali


Quince minutos
El teléfono sonaba, el café hervía en la estufa, la plancha quemaba la camisa, el agua se escurría por el lavabo, el auto encendido gastaba gasolina y el vapor producido por la regadera hinchaba la puerta del baño, atascándola. Él sólo quería dormir quince minutos más, pero hoy la casa había decidido levantarse un poco más temprano.

Jueves por la noche
Él llega a la misma hora de siempre. Se sienta en una orilla de la barra del bar y pide, como cada jueves de los últimos cinco años, un whiskey. Ella siempre llega un poco más tarde y se sienta en el otro extremo de la barra. El cantinero ya sabe que ella tomará gin and tonic, así que se apresura a servirlo.
Durante la primera copa, se voltean a ver furtivamente, como si sólo se quisieran acariciar con la mirada. En la segunda, empiezan a mirarse fijamente, y sonríen. En la tercera, ella se lame los labios mientras él empieza a sudar.
Para la sexta copa, él manda recados lascivos escritos en servilletas que ella contesta con provocaciones e invitaciones sin mucho pudor. Y en la séptima copa el ritual termina.
Él se levanta, va a donde está ella y, poniendo la mano sobre su espalda le dice al oído: «me encantó pasar la noche contigo; no puedo esperar al próximo encuentro». Él se da la vuelta y sale del bar con el saco al hombro, mientras ella sonríe y añora la llegada del siguiente jueves.

Pesadilla antes de un examen de Cálculo
Ayer soñé que me derivaba. Soñé que era tangente al círculo de la vida y perpendicular al radio que le daba amplitud. Soñé después que me volvía a derivar, pero ahora siendo la vida una esfera y yo un plano infinito perpendicular al plano-radio que le daba volumen.
Después soñé otros espacios, con otras hiperfiguras y otros hiperplanos. Y en cada espacio me derivaba y me volvía perpendicular a él. Cuando mi mente se saturó de tantas dimensiones, desperté de golpe.
El mundo había cambiado. Yo era perpendicular a él y a todo lo que había en él. Era perpendicular a la perpendicularidad misma. Era un ser meta-perpendicular.

La mujer que amé me ha convertido en un fantasma
Cansado de ser yo el que siempre se tenía que aparecer a mitad de la noche, la desperté: «¿Por qué no te apareces tu también?», le dije. Ella, todavía recostada en la cama, pálida como un reflejo distante, me veía como quien ve a un niño que no comprende nada. Se levantó y acercándose a mi oído, murmuró: «Despiértate mi amor, los fantasmas no sueñan», y fue entonces que desperté de golpe.
Ella, recostada a mi lado, todavía dormía en la cama, y yo... yo empezaba a desvanecerme.

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