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TRES MINIFICCIONES. Juan Carlos Méndez Guédez


LA HORMIGA LAICA
Fue la más extraña de las hormigas. Conocía su destino, su oficio, su misterio entregado a la belleza.
Pero se negó a cumplir su tarea y decidió quedarse para siempre en lo más profundo del hormiguero.
Las otras, la de allí, la de allá, la de más lejos y la de más cerca, fueron ascendiendo en fila hacia la carretera para buscar la euforia de un terrón de azúcar, un codo de pan, un insecto moribundo, carnoso.
Cada tanto, cuando un jeep, una moto, un autobús pasaba a toda prisa por la carretera, las hormigas quedaban aplastadas contra el asfalto como un oscuro ideograma, como un denso signo que sólo podía leerse desde el cielo.
“Nadie vive allá arriba”, susurró la hormiga en lo más profundo de su cueva pensando en nubes, en cielos azules, temblorosos, llenos de viento.
“Somos la muerte que escribe un signo que nadie puede leer”.

LOS OLVIDOS DEL GORILA

Cuando despertó, el gorila del cuatro supo que sería complicado explicarle a la policía por qué había despertado en el salón con un cuchillo de mantequilla en la mano y con los cadáveres de toda su familia rodeándole en una inmovilidad febril, rojiza.
Luego pensó que sería difícil explicar por qué precisamente había utilizado ese cuchillo y cómo había podido causar una escabechina tan grande con una punta tan roma.
Prefirió dormir otro rato; le dolía la cabeza; tenía una punzante acidez de ron y cerveza; estaba harto de tener tan mala memoria.
Cuando volvió a despertar, el gorila del cuatro se encontró solitario en su apartamento. Supo que sería complicado explicarle a la policía que probablemente había asesinado la noche anterior a siete gorilas pero que ahora ninguno de los cadáveres permanecía a su lado.
Prefirió dormir una vez más. Le gustó cerrar los ojos; imaginó que untaba galletas con el sabor irrepetible de su familia.

SOMBRASDEORO Y EL ÁRBOL DE LA LLUVIA
Hubo un tiempo cuando en Bararida no había agua. La isla seca como una piedra se elevaba sobre el mar y los pájaros seguían de largo sin detenerse en sus costas.
Entonces Amaliwaka, el que todo lo construye, tomó la tierra seca de Bararida y escupió sobre ella y moldeó un árbol gigante al que llamó Garoé. Y Garoé elevó y elevó sus ramas hacia el cielo hasta que pudo apresar las nubes que pasaban de largo y las fue exprimiendo poco a poco, las fue ordeñando igual que ahora las personas ordeñan a las vacas.
Y el agua de la lluvia fue llenando las hojas del Garoé, y las fue llenando hasta que rebosaban y entonces siete pájaros que volaban por allí, se acercaron a beber de las hojas, y bebieron tanto y tanto que al final elevaron el vuelo llevando el pico lleno con la sabrosa agua del Garoé.
Entonces cada una de esas aves, a las que en su lejana tierra llaman Sombradeoro tomó una ruta distinta dentro de la isla y volaron y volaron felices, como si el agua del árbol los hubiese emborrachado, y cada uno de ellos se acercó a la tierra y abrió su pico dejando caer la gota de agua.
Así, en cada lugar donde cayó la gota, nació un arroyo, y esos son los siete arroyos que ahora existen en Bararida y que llamamos: Media Legua, Fontarrón, Vinateros, Morat Alfaz, Bobadilla, Marroquina y Vari quicimeto.
Y cuando los arroyos brillaron como siete espejos, cada Sombradeoro bajó a beber de esas aguas en cuyo fondo se distinguía la silueta de un árbol que siempre era imposible tocar, y en ese momento los pájaros se transformaron en personas: cuatro mujeres y tres hombres, y se fueron a recorrer la isla, a encontrarse, a desencontrarse, y por ser número impar, desde ese día ya sabemos que en el mundo siempre sobra, que en el mundo siempre falta alguien.

Juan Carlos Méndez Guédez: Barquisimeto, 1967. Autor de novelas como: Tal vez la lluvia (DVD, Barcelona, 2009), con la que obtuvo el premio Internacional Ciudad de Barbastro; en ese género también ha publicado: Una tarde con campanas, Árbol de Luna, o El libro de Esther. Como cuentista es autor de La Bicicleta de Bruno y otros relatos y Hasta Luego, Míster Salinger. Reside en España.
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ABC DE LAS MICROFÁBULAS


PRESENTACIÓN DEL LIBRO
a cargo de Luisa Valenzuela, autora; Rufino de Mingo, ilustrador
y Claudio F. Pérez Míguez, editor.

Viernes 22 de enero, 20 h.
Galileo, 52
28015 Madrid



Textos de Luisa Valenzuela e ilustraciones de Rufino de Mingo.
Del Centro Editores. Madrid. 2009. Primera edición. Edición de 100 ejemplares numerados y firmados por sus autores. 124 p. Ejemplar en rama. Edición artesanal impresa en papel Canson Montval de 185 g. en carpeta cubierta con papel hecho a mano y lomo entelado en un estuche especialmente diseñado cubierto con el mismo papel.


Gorilas y gusanos gustan de la globalización. La gente gime, golpeada por garrotes de generales gorilas, guapos guarangos que galopan al grito de “¡Genial!” Grandes gimnastas, los generales gorilas y gusanos se gratifican en grado gozoso con el gaznate gárrulo. ¡Güai del gurí gay que los gaste! Son guapos, gelatinosos, gigantescos. Grandiosos gritones como guacamayas, glorifican la guerra, los gladiadores, los gendarmes glaucos, los guardacárceles, y gozan del graznido de los gansos. En grupo, los muy gandules le granizan las guindas a la gente. Gobiernan con guardias y guaruras. Los gerentes les garpan grandes guarismos, pero golosos no gastan en guisos gremiales, no son gregarios, son grasientos granujas guardianes de la guillotina.

Moraleja: Un pasito a la izquierda suele mejorar la vida propia y ajena.





Más info en http://www.luisavalenzuela.com/
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Dos artículos de María Isabel Larrea

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Nuevo año. Diego Muñoz Valenzuela


La abraza. Lo abraza. Se desean felicidad. No hay razones que lo justifiquen. Las cosas están de lo peor. Pero se abrazan radiantes, esperanzados. Sólo tienen ese cariño, ingenuidad, o pureza, como quieras llamarla. Tal vez son ricos. Tal vez tengan razón. Abracémonos.
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4 textos de 2 venezolanos


MIGUEL GOMES

Urbana
Urbana es el nombre de la mujer indefinida que buscaba. Pregunté por ella en una esquina y me señalaron cierto callejón a oscuras.
Ni siquiera había presentido quien podía estar allí.
Me detuve antes de entrar.
Miré a un lado y a otro; no vi a nadie.
Era el momento indicado, pensé. Pero si en toda mi vida jamás había aprovechado una buena oportunidad ¿por qué habría de aprovechar ésta?
Sin mirar atrás, regresé por donde había venido.

Cotidiana

Tras una discusión, coloqué a mi mujer sobre la mesa, la planché y me la vestí. No me sorprendió que resultara muy parecida a un hábito.

Visión memorable. Caracas: Fundarte, 1987.

ANTONIO LÓPEZ ORTEGA


La otra orilla

Como el río voraz que recoge su caudal en la vertiginosa corriente, la imagen vuelve a latir en mi recuerdo. Mi padre ha extraviado el rumbo en alguna carretera de mi infancia y quiere acortar camino atravesando el puente que ya roza peligrosamente la crecida. Mi madre se asusta y dice « no amor, por aquí no». Pero mi padre ensordece ante la súplica y aventura el Plymouth azul sobre los gruesos maderos de la base. Yo me asomo por la ventanilla, yo me asomo para ver los cauchos sumergidos en el agua marrón, yo me asomo para sentir el temblor del corazón en mi garganta. Una sacudida nos suspende en el aire como si el vehículo respondiera al timón alocado de la balsa que ya casi somos.
Ganada finalmente la otra orilla, apagado el lloriqueo de mi hermana y vueltos a su órbita los ojos de mi madre, alcancé a ver el rostro sudoroso de mi padre: una tibia sonrisa, sí, una apuesta que el azar le consentía en las manos temblorosas, una secuencia vuelta pedazos que aún reconstruyo bajo el hierro al rojo vivo de los días.

Naturalezas menores. Caracas: Alfadil, 1991


Madamas
Fuimos a El Callao y no vimos nada. Sólo gente agitada, borracha, semidesnuda, celebrando el Carnaval.
Nos habían hablado de un fulgor que ya no existe, de un colorido, de una tradición enterrada de la que ni el aire preserva una huella.
En las arterias centrales, las tiendas de oro estaban cerradas con barrotes.
La gente se concentraba toda en largas y sudorosas comparsas que avanzaban por algunas calles presididas por un dispositivo de altavoces rodante. Eran serpientes humanas que evolucionaban ciegas bajo una música sórdida, altisonante, repetitiva.
Nos refugiamos en la Plaza Bolívar: una explanada de concreto, un ensayo cívico, polvoriento y embasurado, por donde habían pasado las hordas minutos antes.
De golpe, un destello de sol nos las mostraba sentadas en un banco de plaza: aisladas, meticulosas, ya mayores, tres elegantes madamas se entendía en patois bajo el tinte negro y sonriente de sus rostros

Lunar. Caracas: Fundarte, 1997
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Luisa Valenzuela en Seúl




El misterio de los microrrelatos

Invitada por el Prof. Woo, Suk Kyun Luisa Valenzuela dio una conferencia sobre

microrrelato y creación

en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Seúl,
en noviembre de 2009.

http://snuilas.snu.ac.kr/

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Macrofiesta navideña del micro

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El taller de un maestro


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Número de la revista Nexo dedicado a las "Dinámicas de lo mínimo"

Acaba de salir el número 6, correspondiente a 2009, de la revista Nexo, publicación de la sección de estudiantes del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC). Este sexto número de esta publicación española está dedicado a las "Dinámicas de lo mínimo" en varias disciplinas artísticas y científicas. En la revista, que se puede descargar gratuitamente en esta página, encontramos dos artículos y una entrevista dedicados a la minificción.


El primer artículo corre a cargo de Darío Hernández, se titula "Juan Ramón Jiménez, teoría y práctica de la micronarrativa" y se ocupa de los microrrelatos del autor onubense. El siguiente artículo está escrito por Basilio Pujante Cascales, que hace un repaso a las últimas generaciones de autores de minificción en Argentina en "Los novísimos del microrrelato argentino". El número se cierra con una entrevista al especialista y autor de minificciones barcelonés David Roas, que viene acompañada por varios microrrelatos, algunos inéditos, de este escritor.
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Ficción Mínima en Twitter



@ficcionminima

http://twitter.com/ficcionminima
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5to Concurso de Microrrelatos Paréntesis



http://www.tallerparentesis.com/concursos.htm
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Once consejos para autores de cuentos brevísimos. Ana María Shua


1. Tomar una o varias porciones de caos (muy pequeñas) y transformarlas en un mínimo universo.
2. Como en las artes marciales en las que se aprovecha la fuerza del adversario, utilizar los conocimientos del lector, que sabe más de lo que cree.
3. Trabajar con la materialidad del texto. Por ejemplo, en el brevísimo¨Huyamos, las cazadores de letras est-n aq--¨
4. Azotar las palabras hasta conseguir que se agrupen en un rebaño ordenado. Tener el corral preparado de antemano.
5. Tejer lo fantástico y lo cotidiano en una sola trama. O no. Cortar lo que sobra.
6. Tallar la primera versión como una piedra en bruto, hasta obtener un diamante facetado. Si no es posible librarse incluso de la más mínima imperfección, tirar la piedra a la basura, sin piedad.
7. Si se ha conseguido atraparlo, es que está mal. Un buen cuento brevísimo resulta tan inasible y resbaladizo como cualquier pez o cualquier buen texto literario.
8. A veces no hace falta inventarlos, basta con descubrirlos, incrustados en otros textos, brillando.
9. Prueba de calidad: cuando es realmente bueno, muerde.
10. Ser breve. Y, preferiblemente, también genial.
11. Si se trata de proponer consejos, instrucciones o reflexiones sobre el oficio, que nunca sean diez.
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Abierto el plazo para colaborar en Manifiesto Azul 9

La asociación literaria Colectivo Iletrados, de Murcia (España), acaba de abrir el plazo para la presentación de colaboraciones para el nuevo número (el 9) del fanzine Manifiesto Azul. El plazo para enviar microrrelatos (y también poemas, ilustraciones o reseñas de libros) se cerrará el próximo 15 de Febrero. Los autores pueden enviar sus textos a colectivoiletrados@hotmail.com

En las ocho ediciones anteriores el fanzine literario Manifiesto Azul ha prestado especial interés al género del microrrelato. En él han aparecido textos de autores de minificción como David Lagmanovich, David Roas, Alejandro Bentivoglio, Diego Kochmann o Leandro Hidalgo.

Más información en el blog de Colectivo Iletrados.
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Orden de la Brillante Brevedad

El Miércoles 18 de noviembre de 2009, en La Mansarda, Haedo, Buenos Aires, La "Orden de la Brillante Brevedad" inició su ciclo itinerante de prédica de la microficción, con lecturas en las voces de Raúl Brasca, Laura Nicastro, Eugenio Mandrini, Juan Romagnoli y Martín Sancia. Coordinaron el encuentro: Sandra Bianchi y Fabián Vique.

A continuación, los enlaces a los ocho segmentos en que se divide la filmación:

http://www.youtube.com/watch?v=LhEtU8WbqD4 (1- lectura de Martín Sancia)

http://www.youtube.com/watch?v=noKgr_ejEAE (2- lectura de Laura Nicastro)

http://www.youtube.com/watch?v=GEDi6I2_imk (3- lectura de Juan Romagnoli)

http://www.youtube.com/watch?v=FQMdxJPKDL4 (4- lectura de Eugenio Mandrini)

http://www.youtube.com/watch?v=uqLJmn3rvRo (5- lectura de Raúl Brasca)

http://www.youtube.com/watch?v=fn7ukSZb4QM (6- charla sobre microficción)

http://www.youtube.com/watch?v=ft48r0m1p4s (7- homenajes a la microficción)

http://www.youtube.com/watch?v=gAHB25rtK9o (8- carroussel de microficciones)
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Eduardo Gotthelf en la Cumbre de Copenhague




MAÑANA
Cuando la cucaracha despertó, la humanidad ya no estaba allí.

RUTINA
Volvió del trabajo solo, manejando una enorme 4x4. Su casa se distinguía desde lejos, siempre iluminada con lámparas incandescentes. Ni bien llegó, abrió las ventanas, encendió el televisor y puso al máximo el aire acondicionado. Luego se duchó cuarenta y cinco minutos con agua muy caliente. Se secó y tiró los toallones al canasto. Relajado, se ubicó en el sillón, control remoto en mano. La pantalla informaba acerca del aumento de la desertificación, los datos eran… Cambió de canal. En el de dibujos animados, un monito serruchaba la rama en la que estaba sentado. Era muy, pero muy divertido.
De “Cuentos Pendientes”.

VERDAD INCÓMODA
– Si seguimos así, –advirtió –el planeta se va al carajo.
Pero no le hicieron caso. Nadie es profeta en su Tierra.
De “Principio de Incertidumbres”.

FUTURO IMPERFECTO
La atmósfera contaminada ya no pudo detener los rayos nocivos. Protegidos por sus trajes de piel de oso, sólo los esquimales sobrevivieron.
Ahora son los únicos habitantes de la Tierra. Pero no son felices: de noche la temperatura mínima es de cuarenta y tres grados centígrados.
De día, en cambio, hace calor.

MEDIOS
Ayer supimos que la Humanidad va a desaparecer este fin de semana, a causa de la contaminación que generó.
La radio, la televisión y los diarios explican que es necesario restablecer el equilibrio ecológico, y que debemos aceptar este sacrificio para que las demás especies puedan sobrevivir.
En esta última instancia, los medios justifican el fin.

MÁXIMO GALARDON
Pocas especies sobreviven al cataclismo. Una de ellas evoluciona rápidamente, sus individuos aumentan de tamaño y se hacen inteligentes. Desarrollan la ciencia, dominan la tecnología, cultivan el arte.
Todos los años, quienes hayan realizado investigaciones sobresalientes, inventado técnicas revolucionarias o hecho contribuciones notables a la sociedad, reciben un “Gregor Samsa”, el premio más importante al que pueda aspirar un cucarachón.
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Ceremonias de Alexis Ravelo



Compañía
Él estaba solo. Ella también. Decidieron que la mutua compañía ahuyentaría sus soledades.
Ahora viven juntos. Pero no se hacen compañía. Continúan siendo un hombre y una mujer irremediablemente solitarios.
En ocasiones, no es fácil dejar de ser lo que se es.

Las lavanderas
Siempre me pareció poderosamente cautivadora la imagen de las lavanderas en el río, sus cuerpos arrodillados en la orilla remojando, restregando, retorciendo. Yo bajaba cada mañana a la ribera a observar sus evoluciones de ninfas rurales ignorantes de sí mismas, ajenas a la espectacular belleza que se extendía desde sus grupas a sus manos laboriosas, para subir luego a los escotes que alguna gota de agua tenía el privilegio de salpicar antes de descender por el valle existente entre sus pechos. Ese fue durante años mi pasatiempo favorito, hasta que un mal día la mayor de ellas se percató de mi presencia y me arrojó al rostro un frasco de lejía. No creo que esa fuera su intención, pero el líquido alcanzó mis cuencas, dañándome irreparablemente las pupilas. Desde entonces, mi pasión por las lavanderas no es la misma. No es que hayan dejado de parecerme una hermosa estampa, pero ya no paso las horas muertas espiando sus evoluciones. No sé. Quizá, sencillamente, lo que ocurre es que las miro con otros ojos.

A solas con Roco

De entre todas las costumbres de Roco, la que más le agradó siempre era aquella que tenía de dormir en la cama con él, a sus pies. Sólo interrumpida por sus idas a la cocina, para comer o beber agua, la presencia del animal allí, dándole calor en la oscuridad del dormitorio, en medio de aquella otra oscuridad, más angosta y gélida, de la casa, le reconfortaba del goteo incesante de la cisterna, le tranquilizaba tras el sobresalto de los crujidos de los muebles. Siempre le extrañó la casa. Le provocaba temores estúpidos, aprensiones absurdas, inmotivados escalofríos repentinos, la irracional sensación de estar siendo observado desde la penumbra del pasillo. Por eso, cada vez que afloraban sus miedos, llamaba al perro o, simplemente, lo buscaba con la mirada o con la mano.
Esa madrugada, al despertar de la pesadilla, asomó la cabeza sobre el embozo y observó en el edredón el bulto de Roco, como siempre, junto a sus pies. De pronto, notó el aliento de un hociquillo frío, una lengua haciéndole cosquillas en el empeine. Lejos de incomodarle, eso le sosegó aún más, mientras encendía la luz de la mesilla y volvía a abrir el libro para intentar dormirse. Comenzó a leer y, como si temiera constituir un motivo de distracción, el animal dejó de lamerle y se le arrimó algo más. Se sintió tremendamente tranquilo al notar el lomo contra los dedos de sus pies, la respiración constante, el pelaje suave y tibio. Notó cómo el sueño regresaba, cómo le pesaban nuevamente los párpados. Se volvió hacia la mesilla para dejar sobre ella el libro y volver a apagar la luz. Entonces, justo cuando pensaba en lo agradable que era el tacto del perro, vio asomar por la puerta del dormitorio la figura mansa de Roco, que regresaba de la cocina. Al verle se sobresaltó. Después, Roco, en lugar de subir a la cama, se le quedó mirando con una tristeza indecible, con algo parecido a la compasión.

Gone With The Rain
Era la mujer más dulce del mundo. Nunca imaginé que, precisamente por eso, nuestra relación no sobreviviría al otoño. Cuando comenzó a llover y le pedí que nos quedásemos en el parque, me miró completamente aterrorizada, intentando correr a guarecerse.
-Da igual que nos mojemos. No estamos hechos de azúcar –insistí, aferrando su mano.
-Tú no –acertó a decir antes de que el aguacero se la llevara de mi lado para siempre.
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Ganadores del Segundo Concurso de Minificciones de Asfáltica

Primer lugar: “Asustado” de Jesús Enrique Juárez Flores
Segundo lugar: “Ese sabor” de Daniel Avechuco Cabrera
Tercer lugar: “Aruspicina” de José Antonio Terán Somohano M
Mención honorífica:
Edgard Mauricio Peña Montalvo (“Incertidumbre mortal”)
Laura Elisa Vizcaíno Mosqueda (“Cobardía”)
Carlos Alvahuante Conteras (“Nomás tantito”)
Atzaed Giovanni Arreola Alcántara (“Antes del
flamenco”)
Diego Castillo Quintero (“Unidos/separados”)

Más información: http://www.filos.unam.mx/mis_archivos/pdfs/avisos/minicuento_09.pdf
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"Bellas de sangre contraria", microrrelatos de Lilian Elphick


Bellas de sangre contraria tiene como tema principal a la mujer en la historia mítica. Cada narración aborda intertextualmente personajes femeninos, en su mayoría, griegos. Se dan cita impuntual Penélope, Circe, Ariadna, Dánae, Medusa -tejedoras de la palabra en la periferia de sus pieles. Manejándose con un lenguaje conciso y cortante, esta relectura, devenida  aguda escritura, tiene un tono irónico y apunta a la subversión del estereotipo. También existen figuras trasvestidas, como Sísifa, Asteriona, y otras -siempre de contraria sangre- que indagan su esencia de cuestionamiento con el furor de sus miradas.

Siguiendo el trazo lorquiano, bajo la mano incisiva de Lilian Elphick, las bellas son mujeres-navajas, deseosas de tener un nuevo y mejor filo.

Damaris Calderón 

***

Bellas de sangre contraria, de Lilian Elphick.
Mosquito Comunicaciones, Santiago de Chile, 2009.

Dibujo de portada: Sergio Astorga
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Los mundos de la minificción. Oswaldo Rodríguez Pérez (ed)


http://www.publiberia.com/libros/ficheros/indices/indice_minificcion.pdf
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Rafael Hierro Rivero y El ojo narrativo. Ecos [2]

Anroart Ediciones presenta el próximo 15 de diciembre de 2009 (20,00 horas) en la sala
Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Las Palmas de Gran Canaria el libro
EL OJO NARRATIVO. ECOS [2]
con imágenes de Rafael Hierro y los textos de 26 escritores y escritoras.



La imagen como eje central de una historia; la fotografía de un instante como un relato lleno de infinitas posibilidades; la mirada de un artista y las palabras de los escritores.
En El ojo narrativo. Ecos [2], Rafael Hierro hace una apuesta interesante y arriesgada: dejar su alma al desnudo, ofrecer sus fotografías a la interpretación variada y subjetiva de otros artistas, en este caso de los artistas de la palabra. Rafael Hierro que, desde hace años, inunda su obra de palabras, tanto en sus títulos certeramente buscados como en líneas que acompañan y embellecen su obra, presta, en esta ocasión, sus imágenes a las palabras de otros.
Microrrelatos obedientes al concepto de lo mínimo, pero también relatos más amplios, apretados en una o dos páginas, casi cuentos cortos o micronovelas. Este libro muestra la mirada de la fotografía, pero también la capacidad de los escritores para inventar, narrar o atisbar un instante captado por la cámara.
Advertencia, de Noemí Padilla Santana; Innecesario, de Tina Suárez Rojas; Tres conjeturas sobre una loma, de Raúl Brasca; los textos sin título de Teresa Serván y de Alicia Llarena; Te vas Alfonsina de Cristina R. Court; Última mirada, de Alexis Ravelo; Frente a los barrotes y bajo la máscara, de Judith Bosch Molina; El viaje de cristal, de Julia Otxoa; Las pirámides, de Manuel Díaz Martínez; Estos pies, de María Jesús Alvarado; Le miran, de Roberto García de Mesa; Relevo, de José Callejas; Paisaje del otro lado del estrecho, de Fernando Aínsa; El tuerto es rey, de Rafael Courtoisie; Resistencia, de Pía Barros; Bécquer remixado, de Sandra Bianchi y Los homicidas, de Silvia García, conjuran sus palabras en la concreta austeridad del microrrelato. Otros autores, sin embargo, amplían el texto para contar las historias que imaginan desde la fotografía: H12A de Berbel; Chocolate, de Santiago Gil; El mandala de Malick, de Teresa Iturriaga Osa; Desde la madriguera, de Eduvigis Hernández Cabrera; Histerologisis, de José Lobillo; Dama come alfil, de Eduardo González Ascanio; Nouma y el mar, de Angeles Jurado y Don Limpio, de Dobrina Gospodinof recrean, desde las imágenes fotografiadas, historias más largas y complejas.
Mosaico de posibilidades infinitas, El ojo narrativo. Ecos [2] se convierte así en un juego de espejos, de imagen y de palabra, que conducen nuestra imaginación y nuestra sensibilidad hasta el infinito.

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