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El mundo de papel: Antología argentina de microrrelato infantil y relatos breves de Mónica Cazón



Ana María Shúa, Ana María Mopty,Bernardo 
Vides  A
lmonacid, Carolina Fernández, Cristina Pizarro, Darío Oliva, Fabián Vique, Baby Zelaya de Nader, Horacio García Solari, Ildiko Nassr, Jorge Accame, Juan Manuel Montes, Julio Estefan, Leo Mercado, Lía Comitini, Liliana Bliman, Luis Luján, Luisa Valenzuela,María Belén Aleman, Martín Gardella, Melina Moisé, Nanim Rekcaz, Norah Scarpa Filsinger,Rafael Urretabizcaya, Rogelio Ramos Signes, Sandro Centurión, Selva Cuenca, Sergio Gaut Vel Hartman, Orlando Van Bredam, Valeria Badano y la participación especial y querida de David Lagmanovich (siempre presente) !
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La música de las sirenas. Antología de Javier Perucho

La música de las sirenas es una antología de Javier Perucho.
Incluye textos de Rubén Darío, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez , José Antonio Ramos Sucre , Wilfredo Machado , Patricia Esteban Erlés, Abelardo Castillo, Umberto Senegal, Enrique Anderson Imbert, Susana Camps Perarnau, Diego Muñoz Valenzuela, Leo Mendoza, Juan Romagnoli, Antonio Serrano Cueto, Juan Armando Epple, Margarito Cuéllar, Martín Gardella, Ginés S. Cutillas, José Manuel Ortiz Soto, Fermín López Costero, David Lagmanovich, Gabriel Jiménez Emán, Adriana Azucena Rodríguez, Eduardo Galeano, Enrique Jaramillo Levi, Sandra Bianchi, Luis Pulido Ritter, Laura Elisa Vizcaíno, Alberto Benza González, Antón Rodríguez Castro, Ana María Shua, Isabel Mellado, Ricardo Cartas, Marco Denevi, Eduardo Gudiño Kieffer, René Leiva, Raúl Brasca, Rogelio Guedea, Esteban Dublín, Marco Aurelio Chavezmaya, Rony Vásquez Guevara, Gemma Pellicer, Luis Tovar, Lilian Elphick, Ramón Gómez de la Serna, José Antonio Lugo, Rafael García Z., María Obligado, David Baizabal, Nana Rodríguez, Mario Cruz, Andrés Elías Flórez Brum, Agustín Cadena, Rubén Tito Roque Aroni, Ea Pozoblockl, Pablo Brescia, Samia Badillo, Aldo Flores Escobar, Primitivo López y Ana Clavel.

Javier Perucho (prologuillo, espiga y documentación), La música de las sirenas, Toluca, Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal, 2013, 152 pp. (Narrativa)

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Brevísimos de Ricardo Ramírez Requena

Ricardo Ramírez Requena es un narrador, ensayista, poeta y profesor universitario venezolano. La editorial Equinoccio publicará este año su libro Insilios. Los textos de Ricardo Ramírez Requena se inscriben en la tradición intertextual de la narrativa mínima. Pero no utiliza la ironía o el humor usados habitualmente, sino que revisa los hechos desde ángulos nuevos, inusitados, que complementan y amplían el sentido del original. La prosa de Ramírez Requena es cuidada, precisa, depurada. Pueden leerse más textos de este autor en su blog http://www.rafagasegunda.blogspot.com.ar y en @Maqroll30 VR

MACBETH, ACTO V, ESCENA VIII Entra MacDuff: Él no tiene hijos. Ese me cansé de repetirle a Ross ante el anuncio de la muerte de los míos. Eso me cansé de repetirle a Malcolm, ante sus increpaciones de venganza. ¿De quién podré vengarme, si la desgracia de Escocia no tiene hijos?, ¿cómo podré, desde lo alto de un acantilado o torre despeñar a su primogénito piedras abajo? He llegado a casa, a mi viejo Castillo, luego de días de celebraciones en Inverness, por la coronación de Malcolm. 

Quién sabe si en verdad será un hombre lleno de lujuria y de las decenas de defectos que me recitó, según él, falsamente. ¿Y no anunciaban las lenguas hace dos noches que según dijeron las perversas hermanas, sería el hijo de Banquo Rey? Ah, las falsas ilusiones de los hombres. Hoy con corona, mañana sin cabezas sobre sus hombres.
Me traje unos cuantos cabellos de Macbeth, los arranqué de su cabeza minutos antes de cercenársela. Pienso sembrarlos en una maceta y esperar a que crezcan.
Quizás si los siembres en el campo me darán sus hijos, y entonces, ¡y entonces!, despedazaré sus pequeños cuerpos hasta ver este dolor aplacarse.
Porque no hay desgracia mayor que volver a casa y que no te reciban tus hijos.
Porque no hay mayor lamento que el silencio enorme dentro de esta casa, lleno de una ausencia que me señala y culpa, y que ni siquiera el suspirar del viento por sus ventanas logra hacerlo pasar.
Seca tus lágrimas MacDuff. Quedan largas lunas por ver en el cielo. Quizás te puedas vengar. Quizá hasta vuelva Donalbain con hijos desde Irlanda, herede el reino de Malcolm, y yo puedo mostrar en mis sonrisas todos los puñales de la venganza.
Quién sabe.

EL OTRO CERVANTES Mis padres pagaron el rescate de alguno de los dos. Se endeudaron hasta la médula y mi madre hasta se hizo pasar por viuda para conmover a los otros. No es sencillo conmoverlos a ellos. Al final, me dejaron ir a mí a cambio del monto acordado por ser el menor de los dos. Yo no quería. Sentía vergüenza de dejar a mi hermano en manos de los moros. Ya tenía un par de años o más, y le quedaban otros. Él no dejó nunca de intentar escaparse, pero era capturado siempre. Aun así, su suerte le pelaba los dientes, pues mientras otros sufrían el Empalado, el solo recibía una carga de cadenas.
Con el tiempo, Miguel regresó a casa. Yo no estuve para recibirlo, me encontraba en Portugal, en donde dormito estas palabras.
No sé que será ahora de Miguel, manco de una mano, sin dineros, con los padres nuestros tan viejos, mis hermanas realengas y yo sin poder ayudar. Son pocos sus talentos además de las armas y una imaginación que lo hacía concebir personajes extraños mientras estábamos entre los infieles y nos cautivaba.
¿Qué será de él, de mi hermano? Yo esta noche salgo a batalla, no a Lepanto en donde quizás debió mejor morir Miguel y sellar su inmortalidad, sino a cualquiera en mis faenas de soldado.
Ojalá puedas hacer algo con esos personajes en la cabeza, hermano, ojalá saques algún provecho en esta tierra ingrata que es el Reino de España.
Yo, del otro lado, tomo tu destino y recibo un arcabuzazo en tu nombre, ese que debía hacer hondura en ti en Lepanto y enterrarte en la tierra, en donde te espero ahora y hasta siempre.
Suerte hermano.

OCTAVIO PAZ Nunca entendí por qué los mexicanos prefirieron siempre a Jaime Sabines antes que a mí. No dejé nunca de preguntármelo. Yo he sido el intelectual de México. Tengo poemas amorosos también. Combatí a los fascistas, a los estalinistas y a la izquierda guerrillera en Latinoamérica.
Amé a Elena; amé mucho más a Marie José. Pero ahora, pensando todas estas cosas, sin orden, desordenadamente irónicas e incluso cínicas, veo a mis pies a toda mi biblioteca incendiada: siglos enteros hechos cenizas. Los libros firmados por Bretón; las fotos con Buñuel o Cernuda, las cartas enviadas a Lezama Lima. Tanto, enteramente quemado.
La poesía se hace también en la destrucción. Tomo los pocos libros que quedaron y los huelo. Nada será igual desde ahora. Tengo cenizas en las barbas, en los cabellos, como un antiguo azteca ante el incendio de Tenochtitlán, o como Juan Gris pintando alguna guitarra.
Lento, amargo animal, tengo a mis pies una biblioteca negra. Todos los libros de una vida, quemados. Tengo en mis manos los restos espantosos de la muerte. Son el espejo de un hombre desollado.

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Microrrelatos de José Emilio Pacheco (1939-2014)


PARQUE DE DIVERSIONES
A mí me encantan los domingos en el parque, puedo ver tantos animalitos que creo que estoy soñando o que voy a volverme loco de tanto gusto y de la alegría de ver siempre cosas tan distintas y fieras que juegan o se hacen el amor y cuidan a sus crías o están siempre a punto de hacerse daño y me divierte ver cómo comen lástima que todos huelan tan mal o mejor dicho hiedan, pues por más que hacen para tener el parque limpio, especialmente los domingos todos los animales apestan a diablos, sin embargo, creo que ellos al vernos se divierten tanto como nosotros por eso me da tanta lástima que estén allí siempre porque su vida debe ser muy tediosa haciendo siempre las mismas cosas para que los otros se rían o les haga daño y no sé cómo hay quienes llegan hasta mi jaula y dicen mira que tigre, no te da miedo, porque aunque no hubiese rejas yo no me movería de aquí ni les haría ningún daño. Pues todos saben que siempre me han dado mucha lástima.

(Tomado de http://minisdelcuento.wordpress.com/category/jose-emilio-pacheco/)

LOS CONSPIRADORES
No queremos dejarla en paz. Antes de suicidarse, B llamó a sus amigos. No dijo lo que intentaba ni alcanzamos a imaginarlo. B no había hecho simulacros ni ensayos generales. Nadie acudió al llamado. El abandono es injustificable. Pero, como es de suponerse, tenemos paliativos, coartadas. El teléfono suena a medianoche. Hay sobresaltos. No somos los que fuimos. Ahora cada uno tiene deberes y necesidad de levantarse temprano.
El suicidio es una crítica radical a nuestro modo de vida y, en primer término, un asesinato simbólico. Todos sentimos que matamos a B, y ella, en venganza, acabó con nosotros. Nos sobrevaloramos al pensar que una palabra nuestra, un gesto solidario, los consuelos de la filosofía cristiana o estoica, la esperanza de la revolución mundial, la memoria de los buenos momentos en compañía, el despliegue de nuestras propias humillaciones y fracasos, un sarcasmo oportuno y escarnecedor… algo hubiera bastado para conjurar el suicidio.
Más que en nuestro íntimo sufrimiento, en estas maniobras se revela el horror de estar vivo. Nos sentimos tan culpables que nadie quiere cargar al culpa.
Entre habladurías y reproches directos, sostenemos una campaña cerrada para que alguno de nosotros expíe el remordimiento colectivo –y le haga a B en la muerte la compañía que no supimos hacerle en vida.

CUENTO DE ESPANTO
Violó la cripta a medianoche. Halló su propio cadáver en el sarcófago.

LA LECHERA
La lechera hacía proyectos mientras caminaba por la ciudad. De pronto, ella, su jarra y sus ilusiones se volvieron añicos en la explosión nuclear.

PROBLEMAS EN EL INFIERNO
Una vez cada cien mil años los demonios autorizan ochenta suicidios en el infierno. Nadie sabe quiénes serán los elegidos, y todos los habitantes bullen en adulación para los torturadores, intrigas y mala fe entre los torturados. El sector radical de los ángeles ha hecho pública su protesta a fin de que Dios, en Su Infinita Bondad, presione a los demonios. Porque no está bien que a la tortura de la infinitud se añada el castigo mediante la esperanza.

RELATO DE EUSTOLIA
....
Me llamo Eustolia Valencia. Vine a Chicago cuando tenía dos años. Ahora acabo de cumplir diecisiete. Mi papá dejó a mi mamá. Luego ella murió y me adoptaron unos parientes suyos. Así que tuve una hermana, tres hermanos y otra mamá. Su esposo también la había abandondo. El hermano más grande me violó cuando yo tenía nueve años. Los otros también me usaron. Me daban dulces y centavitos y me decían que iban a matarme si lo contaba.
Entonces una prima que andaba por los doce años me dijo que me fuera con ella a trabajar de puta para que no me maltrataran (yo hacía todo el quehacer y nunca me mandaron a la escuela). Una noche me escapé. Mi prima Gloria me presentó a un señor llamado Mike: blanco él, pelirrojo, de unos cuarenta años. Mike me enseñó muchas cosas, comenzando por la droga. Me puso a trabajar en las calles. Aprendí a contar el dinero y un poquito de inglés. Yo hacía hasta cien dólares por semana porque entonces estaba muy bonita. Casi todo era para Mike. Si no juntaba esa cantidad me pegaba bien fuerte. Creo que se hizo rico pues tenía unas quince niñas trabajando. Las grandes no le interesaban. Se supone que estaba de acuerdo con la policía porque siempre que me agarraron luego me dejaron salir para ponerme bajo custodia de ¿quién cree?: del mismo Mike.
Pero él como se asustó y nos concentró en una casa cerca de Hyde Park. Mejoró la clientela y empezamos a cobrar más caro. Iban puros señores grandes, bien vestidos: doctores, abogados, comerciantes. A veces eran tantos en una sola noche que yo no quería seguir trabajando. Entonces Mike me pegaba con los puños y el cinturón. Una vez me dio coraje y me fugué. Ya andaba entonces por los catorce. Fui a mi casa y le dije a mi madrastra lo que era mi vida, por qué me escape y cómo mis dizque hermanos tenían la culpa de que yo fuera puta. Se enojó muchísimo. No me creyó una palabra y me sacó a empujones.
Junté dinero trabajando sola en los muelles. Estuve en un bar y hasta salí en algunas películas de ésas. De repente ya no hubo modo de ganarme la vida porque andaba con mi panzota de seis meses. Nadie me enseñó a tomar precauciones. Un señor me dio unos folletos pero no sé leer. Creo que fue la droga o la sífilis o el castigo de Dios por andar en esto. Pero mi niño nació malo. Pobrecito. No iba a dejarlo sufrir. Él que culpa tenía de todo. Era inocente. Por eso lo maté con la Gillete y luego me abrí las venas, aquí en los brazos y en el cuello: vea usted las cicatrices.
Nos encontraron los dos en un charco de sangre. Yo me salvé. Mi hijito no, por fortuna. Y ahora me sacan en los periódicos como ejemplo de lo que son los mexicanos y me tienen aquí en la cárcel, a lo mejor para toda la vida. Por lo pronto aún no me sentencian.

LA ZARPA
Padre, las cosas que habrá oído en el confesionario y aquí en la sacristía... Usted es joven, es hombre. Le será difícil entenderme. No sabe cuánto me apena quitarle tiempo con mis problemas, pero ¿a quién si no a usted puedo confiarme? De verdad no sé cómo empezar. Es pecado alegrarse del mal ajeno. Todos lo cometemos ¿no es cierto? Fíjese usted cuando hay un accidente, un crimen, un incendio. Qué alegría sienten los demás porque no fue para ellos al menos una entre tantas desgracias de este mundo.
Usted no es de aquí, padre, no conoció México cuando era una ciudad pequeña, preciosa, muy cómoda, no la monstruosidad que padecemos ahora en 1971. Entonces nacíamos y moríamos en el mismo sitio sin cambiarnos nunca de barrio. Éramos de San Rafael, de Santa María, de la colonia Roma. Nada volverá a ser igual... Perdone, estoy divagando. No tengo a nadie con quién hablar y cuando me suelto... Ay, padre, qué vergüenza, si supera, jamás me había atrevido a contarle esto a nadie, ni a usted. Pero ya estoy aquí. Después me sentiré más tranquila.
Mire, Rosalba y yo nacimos en edificios de la misma calle, con apenas tres meses de diferencia. Nuestras madres eran muy amigas. Nos llevaban juntas a la Alameda y a Chapultepec. Juntas nos enseñaron a hablar y a caminar. Desde que entramos en la escuela de párvulos Rosalba fue la más linda, la más graciosa, la más inteligente. Le caía bien a todos, era amable con todos. En primaria y secundaria lo mismo: la mejor alumna, la que portaba la bandera en las ceremonias, bailaba, actuaba o recitaba en los festivales. "No me cuesta trabajo estudiar", decía. "Me basta oír algo para aprendérmelo de memoria."
Ay, padre, ¿por qué las cosas están mal repartidas? ¿Por qué a Rosalba le tocó lo bueno y a mí lo malo? Fea, gorda, bruta, antipática, grosera, díscola, malgeniosa. En fin... Ya se imaginará lo que nos pasó al llegar a la preparatoria cuando pocas mujeres alcanzaban esos niveles. Todos querían ser novios de Rosalba. A mí que me comieran los perros: nadie se iba a fijar en la amiga fea de la muchacha guapa.
En un periodiquito estudiantil publicaron: "dicen las malas lenguas que Rosalba anda por todas partes con Zenobia para que el contraste haga resplandecer aún más su belleza única, extraordinaria, incomparable". Desde luego la nota no estaba firmada. Pero sé quién la escribió. No lo perdono aunque haya pasado más de medio siglo y hoy sea muy importante.
Qué injusticia ¿no cree? Nadie escoge su cara. Si alguien nace fea por fuera la gente se las arregla para que también se vaya haciendo horrible por dentro. A los quince años, padre, ya estaba amargada. Odiaba a mi mejor amiga y no podía demostrarlo porque ella era siempre buena, amable, cariñosa conmigo. Cuando me quejaba de mi aspecto me decía: "Qué tonta eres. Cómo puedes creerte fea con esos ojos y esa sonrisa tan bonita que tienes". Era sólo la juventud, sin duda. A esa edad no hay quien no tenga su gracia.

(Tomado de: http://1antologiademinificcion.blogspot.com/2011/03/jose-emilio-pacheco.html)


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La primera vez de Roberto Abad

LA VIDA FÁCIL
Se renta vieja musa, aliento fétido, piel arrugada, renca; sexo opaco. Ha pasado por innumerables autores que se dicen necesitados de creatividad, logrando en la mayoría de los casos un gran efecto. Hace sus visitas de noche. Sigilosa, entra en la cabeza como si procurara mantener el perfil bajo; algunos le piden que lo haga así. En el desorden de ideas que halla en cada cliente, existe en automático un avance sólo por su presencia. Aparece como un anónimo y hace lo suyo, y de qué manera. En la juventud acostumbraba ilusionarse con quienes la consideraban en los créditos, pero con el tiempo aprendió a separar el amor del oficio. La experiencia le ha enseñado dos cosas: el ego acaba con el arte, y jamás debe besar en la boca. Artistas, no teman, contraten sus servicios, trabaja sin mañas. No tiene otra ambición más que la de seguir viviendo. Aun así, garantiza la creación de una obra. Cobra poco porque sabe que su aspecto ya no es rentable. Y, sin embargo, inspira.

LA PRIMERA VEZ
Aquel precoz y virginal lector recordaría toda su vida la primera vez que se entregó a un libro por amor.

FUTURO SABIDO
Sus poderes clarividentes le mostraron que mataría, por eso huyó. También supo que irían a buscarlo, por eso cambió de domicilio. Cuando se enteró de que lo encontrarían, sustituyó su nombre. Al verse muerto, dejó de escapar. Consciente de su destino, optó por poner un puesto de periódicos. Y marchó bien, salvo que todas las noticias le resultaban antiguas.

ESTAS PALABRAS
Mi abuelo Alejandro era un gran músico. Tuvo once hijos de los cuales ninguno aprendió el oficio. Siempre sentí que le quedó un mal sabor de boca por no haber compartido sus conocimientos. Por eso, ahora que me visita por las noches, trato de no interrumpirlo cuando me enseña lo básico, a pesar de que ya lo sé. Y se esmera, realmente, en que sea mejor. Paso a paso, me da cátedra de las notas: “Éste es Sol Mayor, mira; éste es Re séptimo; si pones la mano así, es Fa menor”, explica con paciencia. Sonrío porque me da nostalgia. Como no tengo inconveniente en desvelarme, dejo que se explaye. Total, si va a gastar sus horas libres —ahora que tiene tantas— para venir conmigo y ser mi gran maestro, estoy ansioso de aprenderlo todo, otra vez, no importa que en cada lección repita lo mismo, y justo cuando intento abrazarlo se desvanezca como estas palabras, estas palabras, estas palabras, estas palabras, estas palabras. 

SOÑAR CON UN DALÍ
Un reloj sueña con un Dalí que se derrite. Un elefante sueña con un Dalí de piernas gigantes, alargadas hasta el cielo. Una granada sueña con un Dalí que vomita a un pez dorado que, al mismo tiempo, vomita a un tigre. En conjunto, cuando despiertan y las luces del museo se prenden, las pinturas descubren que la realidad es otra. No obstante, cuando termina el día y se quedan a oscuras nuevamente, sienten alivio porque al menos en sus horas de siesta pueden vengar las desfiguraciones —ideadas por un loco—, que los conocedores suelen llamar arte.

TALLEREÁNDOME
Un cuento está a punto de terminarme. Antes de mí, ha tirado varios intentos “fallidos”. Ha borrado gran parte de lo que en un inicio pude ser. Ha incluido piezas que van de lo experimental a lo clásico, y luego de vuelta, ubicándome en lo minimalista. En efecto, quiere crear algo innovador. Me corrige en todo momento, me analiza, me considera bueno. Finalmente, piensa que tal vez soy el definitivo, la versión más lograda, la última; pero aunque quiera aparentar otra cosa —lo sé muy bien—, en el fondo seguirá estando inconforme.

MAPAMUNDI
Al abrir los ojos sintió una patadita por Alaska; luego, un cosquilleo que le cimbró en la India, llegando hasta Europa Central. Pasaron unos minutos y una contracción le vino muy fuerte en México; enseguida, surgió un éter de humedad en Sudamérica, la fuente se había roto. Respiró hondo y se sobó el mundo. Lo que casi nunca, sucedía: estaba por dar a luz. Hizo un esfuerzo estridente y pujó hasta que un temblor en Francia, doloroso pero decisivo, le dio la fuerza para terminar de dar vida. Entonces sintió que los ríos y los mares, las montañas y los campos, las flores y los árboles, los hombres y los animales surgían con fuerza desde sus adentros, donde descansaba la matriz envuelta en magma resplandeciente. No hubo llanto del recién nacido, ni tampoco estimulación de algún tipo. Pero el rumor furioso de los mares dio a entender que el esfuerzo había valido la pena. El nuevo mundo, como si estuviera aprendiendo a caminar, comenzó a girar sobre su propio eje, preparando lo que podría ser el primero de sus amaneceres.
 
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Primera circular VIII Congreso Internacional de Minificción. Universidad de Kentucky, octubre 2014

El Departamento de Hispanic Studies y la Universidad de Kentucky les invitan a participar en el VIII Congreso Internacional de Minificcción, que se realizará en la Universidad de Kentucky, Lexington, Kentucky, Estados Unidos, del 15 al 18 de octubre de 2014.
Siguiendo con la tradición de los congresos anteriores, este encuentro académico está dedicado a reflexionar sobre las formas breves literarias y artísticas (microrrelato, filminuto, teatro breve, poesía mínima y microensayos) desde marcos teóricos de la minificción y de acercamientos interdisciplinarios y transgenéricos.

Para mayor infor
http://microfiction.uky.edu 


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Ficción Mínima en papel: Monstruos y bellezas de Diego Muñoz Valenzuela

EL ÁNGEL Un ángel que realiza prácticas de vuelo ilegales en plena urbe, es detenido y juzgado por infringir las leyes de los caminos aéreos, provocar desorden público y no señalizar debidamente.
Ante tamaña acusación el ángel no puede defenderse. En la cárcel medita sobre el significado de la libertad y decide buscar una ocupación menos riesgosa.

DRÁCULA El conde Drácula no soporta más el dolor de muelas y decide ir a tratarse con un especialista. Consulta la guía telefónica y disca un número tras otro, hasta ubicar un odontólogo noctámbulo. Establece una cita para la noche siguiente. Asiste.
Porta gafas oscuras para ocultar sus ojos hipnóticos, inyectados en sangre. El dentista también usa lentes oscuros. Lo examina, mueve la cabeza negativamente.
Anuncia que el tratamiento va a ser doloroso, que es conveniente emplear anestesia. El vampiro acepta, se deja inyectar, siente un sopor agradable, va hundiéndose en el sueño y escucha el lejano zumbido de un taladro.
Despierta. Ve su imagen en un espejo de agua, sonríe, pero su risa se transforma en una mueca grotesca, porque en el lugar donde debieran estar sus colmillos hay dos espacios sangrientos. A su lado, el odontólogo -que es el doctor Van Helsing- lo observa divertido mientras juguetea con los larguísimos colmillos, arrojándolos una y otra vez al aire, como si fuese un malabarista.

DE MONSTRUOS Y BELLEZAS El monstruo llora frente al espejo de la feria de diversiones porque su imagen se deforma y adquiere una apariencia grotesca. La hermosa muchacha con ojos de océano mira divertida su figura horripilante en el mismo espejo. Ella descubre a su príncipe azul en el espejo.
Él cruza una mirada de amor con la maravillosa monstrua. Se enamoran perdidamente, y desde ese instante viven felices, juntos: la bella, el monstruo y el espejo.

EL GIGANTE EGOÍSTA El gigante sonrió con auténtica felicidad al contemplar a los millares de niños que repletaban los entretenimientos de su patio. Apelotonados en filas interminables ante cada juego, exigían a sus padres que les comprasen toda clase de golosinas. El gigante calculó el exorbitante monto de la taquilla: su salud y comodidad estaban aseguradas. Había desterrado definitivamente aquellas terribles pesadillas donde moría de frío, sumido en la soledad y la miseria.

DESOCUPADO Está zarrapastroso: el traje sucio y lleno de remiendos. Por los bototos abiertos en las puntas asoman unos calcetines mugrientos, plagados de agujeros. Hace meses que busca trabajo, pero nadie requiere sus servicios. Su largo cabello, otrora rubio y dócil, ya no cae ordenadamente sobre sus hombros; se ha convertido en una masa enredada, piojosa, fétida, de un color indefinible. El ángel mira su reflejo en la vitrina de un comercio y se acongoja. Un guardia lo expulsa mediante insultos y bastonazos.
Se aleja, humillado, extenuado, olvidado de sus poderes, incapaz del milagro que puede salvarlo.

AMORES PERFECTOS -Yo creo que lo nuestro no puede continuar ­asevera con tristeza la mujer lobo.
-¿Por qué? ­pregunta angustiado el vampiro, rodeando su peluda cintura para sujetarla.
-Porque es necrofilia ­repone ella mientras lame su rostro pálido con devoción.
-Eso depende del punto de vista ­argumenta el no muerto, estrechándola con vigor-. Creo que lo nuestro es más bien zoofilia.
Se dieron un largo beso de amantes, resignados ante el destino inevitable.

CONTRACUENTO DE HADAS 1 Con el tiempo el príncipe ha engordado debido a la gula, el alcoholismo y la fiesta permanente. Ahora tiene una barriga gigantesca y una papada descomunal. Las piernas raquíticas apenas son capaces de sostenerlo. Hipa constantemente producto de una borrachera consuetudinaria.
"Dios mío", se dice con amargura la infanta, "ha terminado por convertirse en un sapo, igual que al inicio". Y concluye que la historia es circular.

Diego Muñoz Valenzuela (Constitución, Chile, 1956). Narrador chileno. Es también ingeniero. Ha publicado: Nada ha terminado (1984) Todo el amor en sus ojos (1990), Lugares secretos (1993), Flores para un cyborg (1997) Ángeles y verdugos, microcuentos (2002), Déjalo ser (2003), De monstruos y bellezas (2007), Las criaturas del cyborg (2010) Las nuevas hadas, microrrelatos fantásticos (2011).
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Ceremonias de Ednodio Quintero

VOLVERÉ CON MIS PERROS (...) Soy --¿debería decir era?-- por naturaleza un ser tranquilo. Prefiero el sosiego a la agitación. Me complazco en el devenir previsible de los días. Abomino de los cambios compulsivos y de los relojes de arena. Me siento a gusto en una habitación con ventanas, tanto mejor si éstas se abren a un paisaje arbolado o a un jardín.
Mi única ambición era la de permanecer vivo hasta la hora de mi muerte. Respirar sin temor a envenenarme, regar mis plantas en la terraza del apartamento, tejer para ti un suéter o una bufanda. Contemplar durante un tiempo sin medida los movimientos caprichosos de mis peces de colores, adormecerme en un sillón, aguardar tu llegada. Bienvenido, príncipe, mi Alcibíades. Juntos tomamos té, masticamos galletas y jugamos a las cartas, hasta que la noche bate sus alas oscuras frente a la ventana. Hace frío allá afuera, querido. Yo estoy ardiendo. Pero un día aciago, como mensajeros de la peste surgieron de alguna pesadilla los tres dogos, tus guardianes, e intuí de golpe que el orden de mi mundo se derrumbaba (...) (Volveré con mis perros).

PARQUE A.M. Quizá, desde un tiempo anterior a mi nacimiento, el árbol permanecía ahí. Me abracé a su corteza rugosa y trepé con la habilidad de un mono joven. Encaramado en las ramas más altas disfruto de una vista placentera. Sin mucho esfuerzo domino un amplio sector del parque. Incluso puedo ver los techos verde moho de las casitas del Barrio Obrero y, más lejos, desfigurada por la luz y la distancia, la silueta del Jinete Triste.
He sido siempre un pésimo observador.
Cuando joven quise ser pintor y me inscribí en una Escuela. Decidí largarme el día que dibujé una lagartija asoleándose sobre una roca, había olvidado por completo a la gorda desnuda que nos servía de modelo.
Sin embargo, parece que hoy los objetos me reclaman. Una delgada capa de luz cubre las piedras, baña los árboles y como polvo de huesos se derrama en el viento. Mi mirada se detiene en la superficie lustrosa de una hoja, se abre camino entre el follaje y descubre un nido de azulejos en la confluencia de dos ramas, sigue la dirección inversa de la savia y penetra en la oscuridad de las raíces (...) (El agresor cotidiano).

MUÑECAS Cuando murió mi hermanita la enterramos junto con sus muñecas para que le hicieran compañía. Transcurridos noventa años de aquel triste suceso, he llegado a convencerme que las muertas fueron las muñecas, y enterramos también a mi hermanita para que les hiciera compañía.

VOLVERÉ CON MIS PERROS (...) "El aliento de ballena enloquece". Se trata sólo de una frase que, a decir verdad, no me pertenece. Recuerdo el temblor de tus labios y un cierto resplandor que brotaba de tus dientes cuando la pronunciaste. Y aquella tarde la repetiste, con una insistencia que se me antojó insidiosa, mientras dejabas que la brisa refrescara tu hermoso cuerpo de muchacho. Habías batallado en silencio sobre las erosionadas colinas de mi cuerpo hasta que el aliento de la ballena se te hizo insoportable y decidiste escapar. Sudoroso y fatigado te refugiaste en el extremo sur del balcón, allí donde el viento cargado de presagios mitigara los ardores de tu piel. Yo, desde mi lecho revuelto, entre cojines y almohadones de plumas, fumando te observaba. Y tu imagen crecía dentro de mí, alta y vigorosa, como una palmera.
Dicen que a los moribundos, en la hora postrera, se le representan escenas enteras de su vida, que desfilan delante de sus ojos al igual que una película acelerada.
Yo, que yazgo a la intemperie y que no alcanzaré a ver el lento fundido de las colinas y del cielo ­desde el verde tornadizo y el azul esmaltado hasta el negro carbón, pasando por las múltiples tonalidades del sepia y el gris­, intento llenar este espacio breve con figuras falsas, espectrales, que mezclo y entrevero a sucesos de los llamados, a falta de una terminología más precisa, reales. Me pregunto qué importancia puede tener ahora saber si te conocí ayer ­como cualquier aprendiz de detective lo  
podría determinar­ o hace algunos meses ­como lo quiere mi imaginación­. ¡Qué importa! Si cuando el sol se apague ya nada habré de recordar. Ni el color de tus ojos ni las formas amenazantes de tus perros de presa, ni siquiera el contorno enrarecido de las montañas al atardecer.
Vuelto hacia el cielo. Azul. De un azul malva, amoratado. Mi rostro macerado cubierto por un manto de cenizas. Veo torbellinos de luz, sombras danzantes, claridades como de acuario. E intento rescatar del fondo de mi cerebro, recalentado como un motor al rojo vivo, alguna imagen borrosa de mi infancia, un aroma persistente, la vibración de un sonido, la textura de un objeto familiar. El perfume letal de mi madre.
La sonrisa sesgada de mi padre. Mi largo vestido azul celeste. Sentado en el poyo de la ventana contemplo los gruesos goterones que se desgranan allá afuera levantando nubecitas de polvo sobre las baldosas del patio: lluvias caprichosas en mitad del verano. Un rumor de voces y de risas llama mi atención, me volteo y veo a mi madre en compañía de sus amigas, que se agrupan alrededor de una mesita. Toman café y saborean pastas de arroz espolvoreadas con canela, buñuelos rellenos de miel, galletas untadas con crema de leche. Se acomodan en feos sillones, comentan la visita del señor obispo o el matrimonio vergonzoso de una sobrina, charlan como pajarracos. Detesto a esas intrusas que se interponen entre mi madre y yo, que me roban su cariño a esta hora cuando el sueño me hace cabecear. Si estuviera solo con ella, me acunaría en su regazo y me dormiría escuchando frases lisonjeras: «mi amor, mi corazón, mi rey». Algunas veces, creyendo que duermo, acerca sus labios a mi oído y con voz dulce repite: «mi niña, mi niña».

Ednodio Quintero nació en 1947 en Las Mesitas (Trujillo), en los Andes venezolanos. Desde 1965 reside en Mérida (Venezuela), ciudad a la que llegó para estudiar Ingeniería Forestal y en cuya universidad ha sido, durante muchos años, profesor de Letras y Medios Audiovisuales.
Su obra narrativa ha sido reconocida con los más importantes premios literarios que se conceden en su país.
Es autor de los volúmenes de cuentos: La muerte viaje a caballo (1974), Volveré con mis perros (1975), El agresor cotidiano (1978), La línea de la vida (1988), Cabeza de cabra y otros relatos (1993), El combate (1995) y El corazón ajeno (2000). Ha publicado las novelas: La danza del jaguar (1991), La bailarina de Kachgar (1991), El rey de las ratas (1994), El cielo de Ixtab (1995), Lección de física (2000), Mariana y los comanches (Candaya, 2004), Confesiones de un perro muerto (2006), El arquero dormido (2010) y El hijo de Gengis Khan (2013).
También ha escrito dos libros de ensayo: De narrativa y narradores (1996) y Visiones de un narrador (1997); y dos guiones cinematográficos: Rosa de los vientos (1975) y Cubagua (1987). 
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Minificciones de Federico Patán

FEDERICO PATÁN. Nacido en Asturias (España) en 1937, desde 1939 vive en México. Desde 1967 es profesor en la Facultad de Filosofía y Letras, de la UNAM. Con frecuencia ha dado clases en el extranjero y por veinte años  reseñó libros para el suplemento Sábado. En 1986 ganó el Premio Villaurrutia con su primera novela: Último exilio, en 1994 El premio Universidad por su trayectoria como escritor, el premio Fuentes Mares en 2006 con su libro de cuentos Encuentros  y en 2012 se le nombró Profesor Emérito de la UNAM. En tanto que escritor ha publicado cuarenta libros, los más recientes Casi desnudo (novela, 2008), Una infancia llamada Exilio (memorias, 2011) , ¿Y el paraíso? (novela, 2013).

INTERTEXTUALIDAD
Huyó de If. Se hizo del tesoro. Lo invirtió en distintos negocios. Las ganancias le quitaron toda  preocupación por el futuro. Se daba todos los caprichos. Se aburría. Viaja o lee, fue el consejo de un amigo prudente. Visitó La Mancha, estuvo con los del Liguria, acompañó a Nemo, habló con los cuatro hijos de Fiodor, té con Virginia en su habitación, una pinta de cerveza en un pub dublinés. Sin prisas fue llegando a viejo, ayudado por otras aventuras. Poco a poco se llenó de nostalgia. Supo entonces, por boca de un príncipe, de un país del cual jamás había regresado viajero ninguno. Sonriendo para sí, decidió visitarlo.

ATRACTIVO
Lo he afirmado siempre: la belleza real es compleja, hecha como está de lo interno y de lo externo. Pero voy más allá: el cuerpo siempre cede ante lo espiritual. Cuando éste domina, lo meramente físico queda en puro sostén, gancho donde colgar lo que sinceramente importa. En consecuencia, guiado por mi creencia, espero. Así, me adentro en la plática de una chica para decirme enseguida: aún no. Sigo esperando ideas que me deslumbren en lo que expresan y en su modo de expresarse. A veces, tanta vigilia es un agobio. ¿No existirá la belleza real? Y de pronto un día cualquiera, quién sabe de dónde, aparece esta muchacha cuyo modo de andar…

EL  POETA SE LEVANTA
El poeta se levanta del lecho:
-¿Cómo dijiste que te llamabas?
-Beatriz.
-Ah sí, claro.

MUJER A LA VENTANA
La suave luz del atardecer se encamina, muy lenta, hacia la noche. La ventana (cortinas de brocado color vino) permite seguir el tránsito desde lo gris hacia lo negro. En la habitación un silencio de casa solitaria, acaso situada en medio de un campo verde. La habitación, en una penumbra cada vez mayor, de manera que los retratos al óleo van quedando en manchas rectangulares, sin contenido. Está la sala, asimismo de brocado, y una alfombra muelle, que silencia aún más el silencio. A la ventana, una mujer. Mira hacia el exterior, ensimismada. Es alta, de pelo castaño claro, de piel suave, de cuerpo esbelto. Mira hacia el exterior, desentendida de lo que tiene a sus espaldas. El rostro, impasible. Si acaso, un asomo de temblor en los labios. Se escucha el motor de un auto. El rostro palidece. El motor calla. La mujer ase la cortina con la mano izquierda. La puerta de la habitación se abre y un hombre entra. Queda inmóvil cercano a la puerta. La mujer sigue en su actitud por una breve pausa. Luego, se vuelve hacia el recién llegado. “Hablemos pues” le dice.

ROSA
 El río, no muy ancho, entre orillas de un verdor absoluto. El cielo de una claridad que incluso lastima los ojos. Árboles que  alguna sombra dan. Bajo uno de éstos, muy próxima al agua casi transparente, la pareja. Él de traje y ella con un vestido propio de otros ámbitos. Están sentados sobre una manta, uno al lado del otro, sin tocarse. En medio de ellos, un parasol de seda y el sombrero de paja. La muchacha reacomoda su posición y cuida de no descuidar la posición del vestido. Él levanta la vista del libro y sonríe, tal vez con arrobo, a su compañera. Ella responde en especie, con un asomo de timidez. Hay un instante de brisa, que la muchacha agradece. Él regresa a las páginas. Lee en voz alta, subrayando mediante cambios de tono el dramatismo de los textos. Lee poesía. La lee de una compilación de poemas sumamente amorosos. En ocasiones, cuando alguna estrofa le parece en especial meritoria, pide anuencia para repetir la lectura. Se la conceden con leve gentileza. Con leve gentileza aceptan la bondad de esta o aquella imagen cuando él pregunta si coincidió con los gustos de la oyente. La muchacha pone la vista en el río, de aguas mansas; luego la sitúa en dos árboles que se han entrelazado de tan juntos que viven; luego la lleva al cielo y se dice: “Éste jamás me acariciará los pechos.”


TEORÍA LITERARIA
El bidiscurso otrodiegético misaficado de sermonemas rezotipifica la hipocritificación de la textura metavaticana, amenizando el punto enofílico donde el emisario circunscribe la parodiástole, carcaficcionándola mediante la hostiaporosis del implícitus. La isosalivación autopercepciona desde el nonpensatorio desmembrizando lo ya desmembrizado, hasta un huecolizar más absoluto que certidumbriza lo imperceptibilizado. La simonía concluyente desacerdotiza la páramotriz del excomulgatorio, de modo que la pecadanosis involuciona hasta la nueva edenización del manchatorio original.


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"Brevedades: Antología argentina de cuentos re-breves" de Martín Gardella

Treinta autores integran la antología "Brevedades: Antología argentina de cuentos re-breves" de Martín Gardella:  Eduardo Berti, Gabriel Bevilaqua, Raúl Brasca, Mónica Cazón, Sandro Centurión, Antonio Cruz, Julio Estefan, Carolina Fernández, Martín Gardella, Sergio Gaut vel Hartman, Eduardo Gotthelf, Leandro Hidalgo, Diego Kochmann, David Lagmanovich, Rocco Laguzzi, Mario Lillo, María Rosa Lojo, Eugenio Mandrini, Juan Manuel Montes, Ana María Mopty, Ildiko Nassr, Laura Nicastro, Juan José Panno, Roberto Perinelli, Juan Romagnoli, Ana María Shua, Franco Vaccarini, Luisa Valenzuela, Orlando Van Bredam y Fabian Vique. 

Editorial Mano Escrita, 2013
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Ficción Mínima en papel: Justo arbitrio de Henry Ficher

Fin de semana

Sábado 26 de Octubre de 2013
 |  15
TalCual


Fin de semana

LITERALES



HENRY FICHER


     
JUSTO ARBITRIO Llegan a la final del campeonato los dos equipos locales. El estadio está lleno a reventar.

En un partido muy disputado, con varias opciones de gol, pasan los noventa minutos reglamentarios sin que ningún equipo logre abrir el marcador. Pero en el primer minuto del descuento el árbitro sanciona un penal.

Los seguidores de ambos equipos elevan sus plegarias al cielo para pedir un milagro, pero quiere el azar que el número de piadosos entre el público a favor de cada equipo sea exactamente igual. Dios, que a todos escucha, debe decidir si el delantero que cobra el penal acierta o falla.

--Que sea lo que Yo quiera--, se dice, antes de lanzar la moneda.

EL SUEÑO DEL CABALISTA Toda la tarde, y hasta altas horas de la noche, estuvo el exégeta escrutando las sagradas escrituras en busca de un Sod, de un misterio oculto entre las letras, un secreto capaz de otorgarle infinita sabiduría.

Bajo la escasa luz de la vela leía pasajes particularmente oscuros, saltándose las letras: siete hacia la derecha, doce hacia arriba, cinco hacia atrás, cambiando la dirección de la lectura según pautas prefijadas. Después anotaba las letras resultantes y buscaba en la frase un mensaje. El laborioso proceso, sin embargo, aún no le había dado resultado.

Se acostó muy cansado. Las letras daban vueltas en su cabeza. Palabras sin sentido se formaban en su mente y al instante se esfumaban, para dar lugar a otras. Así se durmió, y el sueño fue una continuación de la vigilia. Nuevamente se vio contando y permutando, sólo que en el sueño alguien lo guiaba: "doce hacia abajo, tres a la derecha..." Se despertó de un salto y buscó papel, pluma y tinta. Una a una fue anotando las letras que producían el esquema que recibió en el sueño. Al amanecer ya había descifrado el mensaje: "D-e-s-i-s-t-e".

LA PRUEBA Hace un tiempo conocí a una mujer llamada Priscila, en una discoteca frente al mar.

Un hombre la estaba acosando y yo defendí su honor.

Bailamos merengue y bailamos son.

Sentí su cuerpo ceñido al mío, sus senos rozando mi pecho, su pubis pegado a mi pierna.

La besé contra un muro, en una calle sin farol. Frente a su puerta me dio las llaves y pidió que abriera. Pero yo, torpe de mí, no logré abrir el candado de su reja.

Me despidió con un beso en la mejilla y nunca más la volví a ver.

BREVE HISTORIA DEL FUEGO El primer fuego hecho por el hombre llevó el elemento del mundo del portento a la vida cotidiana. Antes había sido mágico, divino, fenómeno natural. En manos del hombre fue el germen de la tecnología.

Tan laboriosa fue su primera ignición, que no se dejó extinguir: pasó de hojas secas a leña, de leña a hoguera, de hoguera a pabilo, de pabilo a horno, de horno a hoguera, de hoguera a leña, de leña a hojas secas. Ese fue el ciclo corto del fuego. El ciclo largo se inició en la misma hoguera, luego pasó a la lámpara de aceite, a la antorcha, a la lámpara de gas. Fue así que el mismo fuego que consumió Roma eventualmente redujo a cenizas Chicago.

CINCO POR DOS, UNO Comenzaron a jugar cartas y cosas de esas, no todos los días pero sí de vez en cuando, hasta que se cansaron de los juegos tradicionales y decidieron imitarse, duplicarse mutuamente de tal manera que al final resultaron todos morenos con bigotitos y de ojos verdes y ellas rubias, delgadas y lánguidas, cada uno el reflejo exacto del otro, y como eran cinco matrimonios, y, además, por haber llegado a extremos peligrosos como intercambiar casas, mujeres, documentos y todo lo que podría identificarlos, pronto nadie supo quién era quién ni quién se acostaba con quién, así que ahora mantienen siempre juntos, jugando constantemente por si algún día vuelven a ser lo que eran, cinco matrimonios y no uno.

EL ENVÉS DEL ESPEJO La mujer se detuvo un instante ante el espejo para acomodarse el sombrero. Luego giró en dirección a la puerta, pero al dar el primer paso se detuvo, aterrorizada: su pié se había deshecho en el aire. Con cautela extendió la mano fuera del marco, sólo para constatar que ésta también desaparecía, desde la muñeca hasta las uñas nacaradas. De un salto pretendió escapar, pero al verse sin cuerpo perdió la orientación y se desmoronó en el piso. Sólo entonces comprendió que se encontraba al otro lado del espejo.

Henry Ficher. Junto a Guillermo Bustamante Zamudio y Harold Kremer, fue miembro del Consejo Editorial de la revista Ekuóreo, que ahora también tiene edición digital: http://ekuoreo.blogspot.com/.
Nació en EEUU, se crió en Colombia y vive en Israel. http://historiasplausibles.blogspot.com/

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Traduciendo a Lydia Davis por Adriana Valdés

Lydia Davis le da una vuelta insólita al término “kafkiano”.  Lo inquietante y lo ajeno, en sus breves textos,  están donde más duele:  en las relaciones básicas, íntimas, con la madre, con el hijo, con el marido.  Como Kafka, logra transformar la cuestión íntima (y su conjunto de leyes ausentes, tácitas o locas) en un asunto político de los más turbios.  Horror y humor se dan a la vez; ninguno cede el paso definitivamente al otro.
Lydia Davis, una maldita, escribe textos  cuidadosos,  de un minimalismo casi manierista. Algunos podrían ser poemas en prosa; otros narraciones atípicas, siempre de lo cercano, hasta de lo doméstico.  Allí, su lenguaje va generando la aparición  gradual y aterradora de cuanto lo excede: la naturaleza corporal, lo diabólico, la culpa, el vacío, la pulsión de muerte. Ante la desdicha implícita en la ciega transmisión de la vida, su escritura hace el gesto de organizarla,  esa desdicha, de manera a la vez demente y cautelosa.
Lydia Davis es autora de una novela y de siete libros de cuentos.  El último fue finalista del National Book Award de los Estados Unidos en 2007. Ha traducido al inglés a Maurice Blanchot, Michel Leiris y Marcel Proust, entre otros autores. Estuvo casada con el escritor Paul Auster, con quien tiene un hijo. Los textos traducidos provienen del libro The Collected Stories of Lydia Davis, publicado por Farrar, Strauss & Giroux en Nueva York, el año 2009. Quizás por qué cicatriz de la traductora, son en su mayoría variaciones sobre el tema de la madre.

DESDE ABAJO, COMO VECINA

Si yo no fuera yo, y, como vecina, me oyera desde abajo, hablando con él, me diría qué contenta estoy de no ser ella, de no sonar como suena ella, ni tener la voz que tiene, ni expresar esa opinión.  Pero no puedo oírme desde abajo, como vecina, no puedo oír cómo no debo sonar, no puedo alegrarme de no ser ella, como haría si la oyera.  Entonces, como sí soy ella, no me pesa estar aquí arriba, donde no puedo escucharla como si fuera una vecina, donde no puedo decirme, como tendría que hacerlo desde abajo, qué contenta estoy de no ser ella.

FROM BELOW, AS A NEIGHBOR

If I were not me and overheard me from below, as a neighbor, talking to him, I would say to myself how glad I was not to be her, not to be sounding the way she is sounding, with a voice like her voice and an opinion like her opinion. But I cannot hear myself from below, as a neighbor, I cannot hear how I ought not to sound, I cannot be glad I am not her, as I would be if I could hear her. Then again, since I am her, I am not sorry to be here, up above, where I cannot hear her as a neighbor, where I cannot say to myself, as I would have to from below, how glad I am not to be her.

LAS BISABUELAS
En la reunión familiar, pusieron a las bisabuelas al solcito.  Pero a causa de un problema con los niños mientras el cuñado caía en inconsciencia etílica, se olvidaron de ellas por largo rato.  Cuando abrimos la puerta vidriada, atravesamos los gomeros, y nos acercamos a las viejas que estaban al sol, era demasiado tarde:  sus manos rugosas se habían confundido con los mangos de los bastones, los labios se habían juntado en una sola membrana, los ojos se habían endurecido e, inmóviles, se dirigían al bosque de castaños donde entraban y salían los niños.  Sólo la vieja Agnes tenía algo de vida, pudimos oír el aliento entrarle en la boca, y ver el corazón pulsando bajo su traje de seda, pero al acercarnos se estremeció y luego quedó inmóvil.

THE GREAT-GRANDMOTHERS

At the family gathering, the great-grandmothers were put out on the sun porch. But because of some problem with the children, at the same time as the brother-in-law had fallen into a drunken stupor, the great-grandmothers were forgotten by everyone for a very long time. When we opened the glass door, made our way through the rubber trees, and approached the sunlit old women, it was too late: their gnarled hands had grown into the wood of their cane handles, their lips had cleaved together into one membrane, their eyeballs had hardened and were immovably focused out on the chestnut grove where the children were flashing to and fro. Only old Agnes had a little left in her, we could hear her breath sucking through her mouth, we could see her heart laboring beneath her silk dress, but even as we went to her she shuddered and was still.


EL PASEO

Una explosión de ira cerca del camino, negarse a hablar en el sendero, silencio en los pinares, silencio al atravesar el puente del viejo ferrocarril, un intento de ser amable en el agua, negarse a terminar la discusión sobre las piedras, un grito de ira en la escarpada ribera de tierra, llanto entre los arbustos.

THE OUTING
An outburst of anger near the road, a refusal to speak on the path, a silence across the old railroad bridge, an attempt to be friendly in the water, a refusal to end the argument on the flat stones, a cry of anger on the steep bank of dirt, a weeping among the bushes.

LA MADRE
La niña escribió un cuento.  “Hubiera sido mejor una novela”, dijo su madre.  La niña construyó una casa de muñecas.  “Hubiera sido mejor una de verdad”, dijo su madre.  La niña hizo una almohadilla para su padre.  “Hubiera sido más práctica una colcha”, dijo su madre.  La niña hizo un pequeño hoyo en el jardín.  “Mejor uno más grande”, dijo su madre.  La niña hizo un hoyo grande y se durmió en él.  “Mejor dormirte para siempre”, dijo su madre.


THE MOTHER

The girl wrote a story. “But how much better it would be if you wrote a novel,” said her mother. The girl built a doll-house. “But how much better if it were a real house,” her mother said. The girl made a small pillow for her father. “But wouldn’t a quilt be more practical,” said her mother. The girl dug a small hole in the garden. “But how much better if you dug a large hole,” said her mother. The girl dug a large hole and went to sleep in it. “But how much better if you slept forever,” said her mother.


MADRES

Todo el mundo tiene una madre en alguna parte.  Una madre esté cenando con nosotros.  Es una mujer pequeña, con anteojos tan gruesos que parecen negros cuando da vuelta la cabeza.  Luego llama por teléfono la madre de la dueña de casa, durante la comida.  La dueña de casa se ausenta de la mesa más tiempo del previsible.  La madre puede estar en Nueva York.  En la conversación se menciona la madre de un invitado; está en Oregon, un estado del que pocos sabemos algo, aunque ha sucedido que alguien tenga parientes allá.  Más tarde, en el auto, se hace referencia a un coreógrafo.  Se quedará en la ciudad esa noche,  de hecho porque va en camino a ver a su madre, en otro estado también.
Las madres, cuando son invitadas a comer, comen bien, como los niños, pero parecen ausentes.  Suele suceder que no se enteren de lo que hacemos o decimos.  Suele suceder, también, que participen en la conversación sólo cuando se trata de nuestra juventud; o que sean conciliadoras cuando no viene al caso; o que sonrían, y se las malentienda.  Y sin embargo siempre se las ve, siempre se habla con ellas, aunque sólo sea para las fiestas.  Han sufrido por nosotros, y muchas veces sin que nos hayamos percatado.


MOTHERS

Everyone has a mother somewhere. There is a mother at dinner with us. She is a small woman with eyeglass lenses so thick they seem black when she turns her head away. Then, the mother of the hostess telephones as we are eating. This causes the hostess to be away from the table longer than one would expect. This mother may possibly be in New York. The mother of a guest is mentioned in conversation: this mother is in Oregon, a state few of us know anything about, though it has happened before that a relative lived there. A choreographer is referred to afterwards, in the car. He is spending the night in town, on his way, in fact, to see his mother, again in another state.

Mothers, when they are guests at dinner, eat well, like children, but seem absent. It is often the case that they cannot follow what we are doing or saying. It is often the case, also, that they enter the conversation only when it turns on our youth; or they accommodate where accommodation is not wanted; smile and are misunderstood. And yet mothers are always seen, always talked to, even if only on holidays. They have suffered for our sakes, and most often in a place where we could not see them.

VIAJAR CON MI MADRE
1

El bus decía “Buffalo” en el frente, después de todo, no “Cleveland”.  La mochila era del Sierra Club, no de la Audubon Society.
Habían dicho que el bus con “Cleveland” en el frente era el correcto, aunque yo no iba a Cleveland.
2
La mochila que yo llevaba era muy resistente.  Incluso más de lo necesario.
Ensayé muchas respuestas a su posible pregunta sobre lo que llevaba en la mochila.  Diría “arena para plantas de interior”, o “es para un cojín de aromaterapia”.  También habría podido decir la verdad.  Pero esta vez no registraron el equipaje.
3
En mi maleta con ruedas tenía la vasija de metal, bien envuelta en ropa.  Ahora esa era su casa, o su cama.
No quise ponerla a ella en mi maleta con ruedas.  Pensé que si la llevaba a la espalda por lo menos estaría cerca de mi cabeza.
4
Esperamos el bus.  Me comí una manzana tan vieja que casi estaba asada, como la de un kuchen.
No sé si ella escuchó o se molestó por el anuncio grabado.  Lo pasaban por micrófono cada pocos minutos.  La falta de gramática le habría molestado.  ” Razones de seguridad…”
5
Dejar la ciudad se sentía como algo tan definitivo que por un momento pensé que mi dinero no serviría en el lugar de destino.
Antes  ella no podía salir de su casa.  Ahora se está trasladando.
6
Hace tanto tiempo que no viajábamos juntas.
Hay tantos lugares donde podríamos ir.

TRAVELING WITH MOTHER
1
The bus said “Buffalo” on the front, after all, not “Cleveland.” The backpack was from the Sierra Club, not the Audubon Society.
They had said that the bus with “Cleveland” on the front would be the right bus, even though I wasn’t going to Cleveland.
2
The backpack I had brought with me for this was a very sturdy one. It was even stronger than it needed to be.
I practiced many answers to their possible question about what I was carrying in my backpack. I was going to say, “It is sand for potting plants” or “It is for an aromatherapy cushion.” I would also have told the truth. But they did not search the luggage this time.
3
In my rolling suitcase I had the metal container, well wrapped in clothes. That was now her home, or her bed.
I had not wanted to put her in the rolling suitcase. I thought that riding on my back she would at least be near my head.
4
We waited for the bus. I ate an apple so old it was nearly baked like a pie apple.
I don’t know if she, too, heard and was bothered by the recorded announcement. It came over the loudspeaker every few minutes. The bad grammar in the beginning is what would have bothered her “Due to security reasons…”
5
Leaving the city felt so final that I thought for a moment my money wouldn’t be good where we were going.
Before, she could not leave her house. Now she is moving.
6
It has been so long since she and I traveled together.
There are so many places we could go.

CABEZA, CORAZÓN
El corazón llora.
La cabeza trata de ayudar al corazón.
La cabeza le dice al corazón, una vez más, cómo es la cosa:
Perderás a los que amas.  Todos se irán.  Pero hasta la tierra se irá, algún día.
El corazón entonces se siente mejor.
Pero las palabras de la cabeza no permanecen mucho  en los oídos del corazón.
El corazón tiene tan poca experiencia en esto.
Los quiero de vuelta, dice el corazón.
La cabeza es todo lo que tiene el corazón.
Ayuda, cabeza.  Ayuda al corazón.


HEAD, HEART

Heart weeps.
Head tries to help heart.
Head tells heart how it is, again:
You will lose the ones you love. They will all go. But even the earth will go, someday.
Heart feels better, then.
But the words of head do not remain long in the ears of heart.
Heart is so new to this.
I want them back, says heart.
Head is all heart has.
Help, head. Help heart.

EGOÍSTA
Ser una persona egoísta tiene algo de útil:  cuando tus hijos sufren no te importa tanto, porque tú misma estás bien.  Pero no funciona si sólo eres un poquito egoísta.  Tienes que ser muy egoísta.  Sucede así:  si sólo eres un poquito egoísta, te preocupas un poco de ellos, les prestas cierta atención, tienen ropa limpia casi siempre, un corte de  pelo de vez en cuando,  aunque no todos los útiles que necesitan para el colegio,  o no precisamente cuando los necesitan;  lo pasas bien con ellos, te ríes de sus chistes, aunque tienes poca paciencia cuando se portan mal, te molestan cuando tienes que trabajar, y cuando se portan muy mal te enojas muchísimo;  algo entiendes de lo que deberían tener en sus vidas, algo sabes de lo que están haciendo, con sus amigos, les haces preguntas, no muchas, y no vas más allá de cierto punto, porque hay poco tiempo; entonces comienzan los problemas y no te das cuenta porque estás tan ocupada;  roban, y te preguntas cómo llegó ese objeto a la  casa;  te muestran lo que han robado, y cuando haces preguntas, mienten;  cuando mienten, siempre les crees, porque parecen tan sinceros y sería muy largo averiguar la verdad.  Bueno, si has sido egoísta, esto es lo que a veces sucede, y si no has sido suficientemente egoísta,  más tarde, cuando los problemas sean graves, vas a sufrir, aunque incluso mientras sufras seguirás, por costumbre, siendo egoísta, diciendo, estoy tan aturdida, mi vida se acabó, ¿cómo seguir adelante?  Entonces, si vas a ser egoísta, tienes que ser más egoísta todavía, tan egoísta que aunque te dé pena que estén mal, sincera y profunda pena, como dirás a tus amigos, conocidos y al resto de la familia,  en privado te sentirás aliviada, contenta, incluso feliz de que eso no te esté sucediendo a ti.

SELFISH

The useful thing about being a selfish person is that when your children get hurt you don’t mind so much because you yourself are all right. But it won’t work if you are just a little selfish. You must be very selfish. This is the way it happens. If you are just a little selfish, you take some trouble over them, you pay some attention to them, they have clean clothes most of the time, a fresh haircut fairly often, though not all the supplies they need for school, or not when they need them; you enjoy them, you laugh at their jokes, though you have little patience when they are naughty, they annoy you when you have work to do, and when they are very naughty you become very angry; you understand some of what they should have, in their lives, you know some of what they are doing, with their friends, you ask questions, though not very many, and not beyond a certain point, because there is so little time; then the trouble begins and you don’t notice signs of it because you are so busy: they steal, and you wonder how that thing came into the house; they show you what they have stolen, and when you ask questions, they lie; when they lie, you believe them, every time, because they seem so candid and it would take so long to find out the truth. Well, if you have been selfish, this is what sometimes happens, and if you have not been selfish enough, then later, when they are in serious trouble, you will suffer, though even as you suffer you will continue, from long habit, to be selfish, saying, I am so distraught, My life has ended, How can I go on? So if you are going to be selfish at all, you must be more selfish than that, so selfish that although you are sorry they’re in trouble, sincerely and deeply sorry, as you will tell your friends and acquaintances and the rest of the family, you will be privately relieved, glad, even delighted that it isn’t happening to you.

LA MADRE DE SU MADRE
1
Hay veces en que es suave, pero hay otras veces en que no es suave, cuando es feroz e implacable  con él o con todos, y sabe que entonces se trata del extraño espíritu de su madre en ella.  Porque había veces en que su madre era suave, pero también había veces en que era feroz e implacable con él o con todos, y sabe que se trataba entonces del espíritu de la madre de su madre en ella.  Pues la madre de su madre había sido suave a veces, decía su madre, y había bromeado con ella o con todos, pero también había sido feroz e implacable, y la había acusado de mentir a ella, y tal vez a todos.
2
En la noche, tarde en la noche, la madre de su madre solía llorar e implorarle a su marido, mientras su madre, niña todavía, la oía desde su cama.  Su madre, ya crecida, no lloraba ni imploraba a su marido de noche, o no mientras su hija estaba en cama escuchando.  Su madre luego no podía saber, porque no lo habría oído, si su hija, ya crecida, lloraba e imploraba de noche a su marido, como la madre de su madre.

HER MOTHER´S MOTHER
1

There are times when she is gentle, but there are also times when she is not gentle, when she is fierce and unrelenting toward him or them all, and she knows it is the strange spirit of her mother in her then. For there were times when her mother was gentle, but there were also times when she was fierce and unrelenting toward her or them all, and she knows it was the spirit of her mother’s mother in her mother then. For her mother’s mother had been gentle sometimes, her mother said, and teased her or them all, but she had also been fierce and unrelenting, and accused her of lying, and perhaps them all.

2

In the night, late at night, her mother’s mother used to weep and implore her husband, as a mother, still a girl, lay in bed listening. Her mother, when she was grown, did not weep and implore her husband in the night, or not where her daughter could hear her, as she lay in bed listening. Her mother later could not know, since she could not hear, whether her daughter, when she was grown, wept and implored her husband in the night, late at night, like her mother’s mother.

Tomado de: http://www.letrasenlinea.cl/?p=578
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#ElSueñodelaMariposa, de Juan Romagnoli

"Los trinos son efímeros, como lo escrito en la arena de la playa. Los de Juan Romagnoli -uno de mis narradores preferidos dentro y fuera de twitter por su elegante y aguda prosa- están aquí, reunidos en un libro que los rescata de la fugacidad de la tuiteratura."


Violeta Rojo
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Antología de Microrrelatos de Futbol Soccer

Invitación a participar en Antología de microrrelatos.


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José Luis Zárate en Ficción Mínima en Papel.

NIEBLA MIEDO EN GOTHAM
Jim Gordon toma su café (amargo) y espera a Batman. Tiene miedo. Es tan común que es como el frio, o la lluvia. Algo de lo que te proteges pero que es, simplemente, más grande que uno mismo. Niebla miedo en Gotham, se dice. Entre sus dedos un frasco. Una antitoxina contra los químicos del Joker. Extrañamente no viene de industrias Wayne, no se lo ha dado la sombra oscura que protege la ciudad. Un médico. Las pastillas son amargas. No más juegos del psicópata.

Está a salvo. Limpio. Desintoxicado. Por ello el miedo. ¿Sabe la cantidad de alucinógenos que nos daba el maldito payaso? No sólo risas forzadas sino el aire negro de la ciudad, los edificios desmesurados, la lluvia permanente que no cesa. Jim Gordon toca el metal, mira la luz que proyecta al cielo, tiembla. A salvo. No más sueños. Espera, en vano espera y lo sabe. Batman ¿Sabes con qué nos enveneno el Joker? ¿Sabes qué sombra nos convenció que era real? Batman ¿sabes que nunca responderás ya a la señal?

B/N
Los televisores de bulbos no desaparecieron. Los arrumbaron por estorbosos, pesados, con sus enormes cinescopio y nada que pareciera un control remoto. Los he ido rastreando, uno a uno. Pocos saben que funcionan aún.

Que basta con encenderlos para ver noticias de un presente que no es. Uno en blanco y negro, en donde hay robots de aluminio, naves espaciales con remaches de metal, palancas y gruesos botones que parpadean. Las computadoras ocupan una habitación entera y se comunican con largas tiras de papel perforado. La sintonía se pierde, una imagen es seguida por mil horas de estática, pero una imagen es suficiente. Tarde días, semanas, años buscándolas.

Hasta ayer cuando me vi, pantalla adentro, asomándome a este mundo.

Qué soledad, tristeza, qué vacío,qué estática, que silencio, qué necesidad vi en ese hombre.

COCINA RÁPIDA
Prisas. Prisas. 12 Invitados. Miró su reloj. Se había hartado de comer sola, por ello esta cena. Pero el tiempo, el maldito tiempo. Leyó las instrucciones. Sopa.

Tres cubitos. Añadir agua. Menos mal que se auto calentaba. Pollo. Sacó el paquete. Marcó en el formateador: Pierna y Muslo. En cocción frito. ¿Qué más? Frutas. No debía olvidar las frutas. Sacó los tubos de 100% natural y los exprimió en el plato. Sonrió. Todo iba a salir bien.

Faltaba algo... ¿qué? Estuvo a punto de abandonar la cocina cuando se acordó.

Que tonta. Añadió los invitados en polvo al hidratador, marcó 12 y mientras estaban listos se fue a vestir...

José Luis Zárate (Puebla, México, 1966). Poeta, ensayista, narrador. Ha publicado una larga obra, entre la que destacan: El fin del mundo. Manuel de uso (2012), La máscara del héroe (2009), En el
principio fue la sangre (2004), La ruta de hielo y sal (1998), entre otras.
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