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Minificción de los jueves: Rogelio Guedea

http://www.el-nacional.com/papel_literario/Minificcion-jueves-Rogelio-Guedea_0_446955433.html
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El canto de la salamandra: antología de la literatura brevísima mexicana de Rogelio Guedea

La literatura brevísima es un animal elástico y anfibio que cambia de hábitat a la menor provocación: de ahí su capacidad de rozar otros géneros (cuento, poesía, ensayo, aforismo) de manera inverosímil (como la salamandra y sus metamorfosis) y construir una sinfonía en corto que no deja de sonar y asombrar a cada lectura.
Siguiendo esta descripción, y bajo la premisa de Baltasar Gracián, «lo bueno, si breve…», Rogelio Guedea antologa a escritores mexicanos de comienzos del siglo xx hasta las voces actuales que ejercitan el género con plena conciencia. El censo de autores abarca desde los canónicos nombres de Dufoo, Reyes, Arreola, Tario, Monterroso, o contemporáneos como Alberto Chimal, Cecilia Eudave, Édgar Omar Avilés, entre otros. Su método para decantar esa enorme producción de brevedades es la selección minuciosa de una decena de textos por autor.
Autores seleccionados: Genaro Estrada, Mariano Silva y Aceves, Carlos Díaz Dufoo, Alfonso Reyes, Julio Torri, Max Aub, Nelly Campobello, Francisco Tario, Juan José Arreola, Augusto Monterroso, Otto-Raúl González, Salvador Elizondo, René Avilés Fabila, Felipe Garrido, Guillermo Samperio, Óscar de la Borbolla, Mónica Lavín, Marcial Fernández, Jaime Muñoz Vargas, Cecilia Eudave, Alberto Chimal, Rogelio Guedea, Édgar Omar Avilés y Hugo López Araiza Bravo.

http://www.arlequin.mx/web/catalogo/microrrelato/el-canto-de-la-salamandra
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La vida en el espejo retrovisor y otros cuentos portátiles de Rogelio Guedea

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Cruce de vías. Nuevas minificciones de Rogelio Guedea

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La vida sobre ruedas. Rogelio Guedea


Bajando la colina de Brockville hay un camino de terracería que desemboca en un río. A veces, cuando hay sol y no se arremolinan los vientos antárticos, mi hijo y yo hacemos el trayecto en bicicleta. Me gustan los paseos en bicicleta porque nunca será lo mismo ver el mundo sobre cuatro ruedas que sobre dos. Yo mismo llego a diferentes conclusiones cuando voy en autobús que cuando lo hago en motocicleta. La vida, en bicicleta, me parece más suave y menos contrariada, es más fácil vivirla sintiendo el aire fresco de la mañana o escuchando los pajarillos que cantan en la rama de los árboles. Además, en bicicleta uno necesita siempre conservar el equilibrio, para no caer. Uno no puede distraerse en cualquier cosa o descuidar un instante el rumbo porque corre el riesgo de quedar varado a la orilla del camino, tal como cuando somos injustos, corruptos o represores. Pies, manos y cabeza tienen que salvar sus diferencias si no quieren irse de bruces en la primera piedra o bache. Por eso los paseos en bicicleta se parecen mucho a la vida y a vivir, porque si bien un día padecemos una cuesta insufrible, otro –como éste- bajamos con los brazos abiertos y los ojos cerrados una empinada que, en cada nueva avanzada, se vuelve a renovar.
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Los otros somos nosotros. Rogelio Guedea


Fui a comer a las fondas del mercado de abajo. Pedí una pepena en salsa verde y un agua de arroz. Mientras me daban un vaso con hielo, se sentó al lado mío un hombre acompañado de su mujer y su pequeño hijo. El hombre pidió un guisado de puerco y la mujer una carne con papas. Para el niño, que estaba en medio de ambos mirando el mundo con ojos impávidos, ordenaron un plato vacío. Cuando trajeron su orden, la mujer, presta, puso en el plato del niño un trozo de carne y un pedazo de papa, y el hombre haría con las costillas de puerco lo mismo. La figura de la pequeña familia me empezó a entristecer irremediablemente. Al terminar, cuando el hombre pidió la cuenta y le dijeron que eran sesenta pesos, el hombre no supo qué hacer con su solo billete de cincuenta. Entonces hice un guiño imperceptible a la despachante, que supo entenderlo muy bien. La mujer cogió el billete del hombre diciendo “así está bien, no se preocupe” mientras el hombre limpiaba con una servilleta la boquita del niño que, lo delataban sus ojos, se había quedado con hambre. Luego, antes de encaminarse con su mujer y su hijo, el hombre se acercó a mi oído y murmuró: “que Dios se lo pague, amigo”. Obviamente, yo no supe qué decirle ni ahora ni nunca, ni tampoco supe qué hacer con esa mano suya que, al despedirse, tantas cosas sabias a la mía le dijo.
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Rogelio Guedea premiado

Rogelio Guedea obtiene el 62º Premio Adonáis

El poeta mexicano, afincado en Nueva Zelanda, recibe el galardón por la obra 'Kora'

EFE - Madrid - 15/12/2008

El mexicano Rogelio Guedea, afincado en Nueva Zelanda, ha ganado hoy la 62 edición del Premio Adonáis de Poesía por su obra Kora. La sevillana María Eugenia Reyes Lindo ha sido accésit del Premio Adonáis 2008 por El fabricante de ruinas, mientras el mexicano Alfredo Juan Félix-Díaz González ha obtenido el segundo accésit por Si resistimos.

El jurado del premio ha estado formado por Joaquín Benito de Lucas, Antonio Colinas, Julio Martínez Mesanza y Carlos Villa. El premio, que no tiene dotación económica, establece la publicación de la obra ganadora por ediciones Rialp.

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