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Tres libros digitales de Julio Estefan

Tres libros digitales de Julio Estefan de regalo para nuestros lectores:
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De Este a Oeste se mueve el sol de Virginia Vidal

Fotografía de la serie "Asia" de Alexis Pérez-Luna

CONSPIRACIÓN DE LA MUJER DE PEKÍN
Hace quinientos millones de años, en la Cueva de Chukutien, una vez más las familias todas se cobijaban aterrorizadas. Afuera ardía el ginkgo asaltado por el rayo. Una mujer se decidió a salir y cogió tizones encendidos.
—Ya, los niños a coger ramas. ¡Armemos una pila en el centro de la cueva!
Esta vez, ahí mismo asaron los pinchos con  trozos de carne y se dieron el gran banquete. Afuera llovía a cántaros.
Cuando el temporal hubo amainado, la mujer les mandó a traer más ramas y troncos, en medio de las protestas de los hombres:
—Mujer, estás loca. Sólo a ti se ocurre semejante sandez.
—¡Nos vamos a quemar todos!
—¡Quieres acabar con nosotros!
—En vez de quejarse, encuclíllense alrededor del montón. ¡Si lo queremos conservar, soplemos todos a una!
Formaron una ronda de cabezas y todos conspiraron, decididos a mantener y retener el fuego.

DIENTE DE ORO, EL CUENTERO DEL PUENTE DEL CIELO
Pasado el Canal del Dragón, cerca del Puente del Cielo, mirábamos por los agujeros de un biombo y nos enniñecíamos mientras los niños se adultaban, todos invisibles para Diente de Oro. Él, sólo ante un telón pintado, cautivaba con sus artes de cuentero a esos ojos aseteantes de su aura. Matizaba los tonos del lenguaje mandarín y demostraba que la voz humana puede saltar todas las fronteras idiomáticas. Comparable al grillo en un estante de libros, Diente de Oro pudo evocar todas las formas del amor, la lucha y la muerte. Sus finas manos eran avaras para poner énfasis con gesto preciso a su relato. Su cabeza rapada daba realce a los ojos intensos y de la boca sonreída surgía el rayo luminoso de su diente. Diente de Oro es inmortal. Él hizo de nuestras almas pantallas tensas para proyectar las películas de pura fantasía.

LA MURALLA CHINA
La única construcción humana que se ve desde la Luna es casi tan larga como el más largo país del mundo (mi arteria de la vergüenza y el dolor). Mientras la caminaba sumida en confusión de tiempo y distancia, mis hijos se asomaban por las almenas e imaginaban batallas que jamás ocurrieron. Fue levantada por millares de mujeres y hombres esclavos. Iban muriendo medida del hambre, la extenuación y los castigos brutales. Entonces sus cuerpos eran descuartizados y mezclados con la argamasa para unir las piedras.

NU-SHU *
Nací con el siglo pasado, como otras mujeres de mi aldea.
Cuando constatamos que en una mujer todos los caminos se queman, fundamos una hermandad. Nos escondíamos en el ático para practicar la escritura secreta llamada Nu-Shu. En abanicos y pañuelos, en cuadernos cuidadosamente plegados estampamos textos de nuestro sistema de escritura y también lo ocultamos en muestras de bordados. Pincel en mano, aguja en mano, evocábamos el cielo de la niñez anterior a la miserable vida matrimonial. Para cada una, de nosotras, todo empezó cuando nuestros padres dieron a un desconocido un papel rojo con la fecha de nacimiento escrita, como prueba del compromiso. A mí me cambiaron por una vaca...

Transcurrió la historia, los ejércitos pasaron y cambiaron uniformes, mas todos buscaron nuestra escritura Nu-Shu decididos a destruirla...

* Homenaje a  Yang Huanyi (la última mujer china que dominaba la escritura nushu), escrito antes de su muerte, ocurrida el 20 de septiembre de 2004. Este sistema de escritura se creó hace cuatrocientos años y fue utilizado por las mujeres de la minoría étnica Yao en la provincia de Hunan. Con la desaparición de Yang Huanyi, esta escritura compuesta por setecientos ideogramas perece con ella.


LA CONCUBINA DEL EMPERADOR

A Poli Délano

Pasarán mil años antes de que suba a un escenario otro Mein Lan-fang. ¿Quién diría que un alto y macizo adulto mayor, nacido con el siglo, pudiera jugar en los sesenta a la concubina quinceañera? No sus pasos recios ni su imponente apostura prevalecen en la memoria: de modo definitivo se nos grabó la niña sufriente. Incapaz de vivir sin su amado, se desliza con aleteo de mariposa como si sus pies no rozaran el suelo. La máscara pintada en el rostro puede expresar más pasión y emoción que todas las caras lavadas y trasparentes.
Travestido de muchachita nacida en remota dinastía, Mein Lan-fang fue el actor supremo de la Ópera China en los tiempos del Presidente Mao.
Pudo demostrar que también se muere de amor.

 




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Colaboraciones para el fanzine Manifiesto Azul

El fanzine literario Manifiesto Azul acepta microrrelatos para su nuevo número, el 13º, hasta el próximo Sábado 15 de Diciembre. Las colaboraciones se pueden enviar a colectivoiletrados@hotmail.com 

Esta fanzine está editado por la asociación literaria Colectivo Iletrados y se publica en versión electrónica y en papel (en la ciudad de Murcia, España). En números anteriores han colaborado narradores como David Lagmanovich, Alejandro Bentivoglio, David Roas, Leandro Hidalgo o Santiago Eximeno. 


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Regalos navideños de Martín Gardella

EL ADELANTADO

Antes eran cuatro reyes magos. Pero un día, uno de ellos se cansó de que el camello se quejara todo el tiempo por su sobrepeso, y decidió comprar un vehículo más fuerte y veloz. Desde entonces, cumple con su trabajo en solitario, y concluye sus servicios once días antes que los demás.   

TUNING
Con cuatro horas diarias de gimnasio, una dieta estricta y largas sesiones de bronceado, el anciano logró cambiar su aspecto en pocos meses. Afeitó barba y se mudó al Hemisferio Sur, donde cambió la calurosa chaqueta roja por una guayabera multicolor. Luego, vendió el viejo trineo para comprar un descapotable último modelo, y contrató a un fotógrafo prestigioso para que lo retratara en una playa, exhibiendo sus brazos recién tatuados.

Esa Navidad, repartió juguetes en tiempo récord, con la vitalidad de un hombre nuevo. Eso sí, con su imagen diferente impresa en las tarjetas, aquel año Unicef no vendió ni una postal.

UN REGALO PERSONAL
Llegó a la casona solitaria tras una agotadora recorrida nocturna a la intemperie.

Dejó el raído sacón sobre el sofá, se quitó el gorro invernal y se aflojó las botas pesadas hasta descalzarse. Arrastró sus pies cansados hasta el espejo fastuoso de la sala principal, donde se detuvo para acomodar su enorme barriga sobre el pantalón rojizo. Pudo observar la imagen cansina de su cuerpo anciano, pero con el mismo espíritu de esos niños alegres, que esperan su visita ansiosamente, todos los diciembres.

Fue entonces que, viendo consumado una vez más el milagro, sin necesidad de bolsas mágicas, se regaló una sonrisa.

EL NUEVO MESÍAS ­
Hombres de poca fe, ¿por qué me sueltan? Les dije que soy el Mesías, el hijo de Dios y debo morir para salvar a la humanidad ­gritaba el hombre en paños menores.

­Yo creo en ti, pero debo cumplir con las órdenes del director ­respondió el enfermero, mientras descolgaba al hombre barbudo del árbol al que se había atado, en el patio central del neuropsiquiátrico.

EL SECRETO SOBRE SUS OJOS
Un loco tiene una mancha violácea marcada en la frente desde el nacimiento. Él no lo sabe, pero allí lleva inscripta, en una lengua olvidada, la fórmula de la felicidad.

Como le disgusta ese tatuaje in¬voluntario, lo cubre con una vincha de tenis blanca que no se quita nunca, ni siquiera en absoluta soledad.

Los vecinos, sin conocer el secreto, se burlan a sus espaldas cada vez que sale a caminar con el atuendo en la cabeza. Por suerte, su demencia le permite mantenerse alejado de las críticas y seguir vi¬viendo en su universo perfecto. Allí, la fórmula surte efecto: el loco sonríe con entusiasmo y plena felicidad.

EL GARABATO
 ­Mira que lindo que te dibujé ­decía mi hija pequeña, mientras me daba orgullosa una hoja llena de trazos multicolores.

Fue tan emocionante su regalo, que tomé el dibujo entre mis manos redondas y verdes, y la envolví con mis brazos de palotes de color azul.

TAL PARA CUAL
Aquel monstruo era un tipo romántico.

No le gustaba asustar a las mujeres, pero tampoco podía evitarlo. Era tan feo que no lograba acercarse a una dama, sin que ella huyera por el espanto. Pero encontró el amor en una mujer ciega. Ella no sabe de su fealdad porque jamás lo ha visto. Pasa las noches besando sus dos bocas, mientras lo estruja contra su redonda anatomía, con la fuerza insoportable de sus seis bracitos.

EL SHOW DEBE CONTINUAR
Lo crucificaron diez veces. Y él resucitó otras tantas. Pero un día el gobierno decidió suspender esas ejecuciones inútiles, alegando problemas de presupuesto.

Ante semejante decepción, el resucitado debió buscar nuevos métodos que extendieran su calvario. Desde hace años, solicita que lo claven en la cruz hasta morir, para volver a la vida algunos días después.

Sus seguidores todavía se sorprenden con el milagro. Es la atracción más aplaudida en el circo itinerante.

CADENA GOURMET
Con la boca llena de plumas, el gato observa, desde el estómago, los dientes afilados del bulldog, batiéndose en duelo mortal, con las garras poderosas de un cocinero chino.



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La buena salud de Saturnino Rodríguez Riverón

-¿ Microrrelato? En la cama 12
- ¿ Y minicuento?
- Muy cerca. También trajeron de urgencia a liliputo, hiperbreve, nanocuento, ficción rápida, y otros por el estilo.
- No puede ser. Hasta ayer gozaban de buena salud.
- Tópicos. Eso suelen decir los autores y algunos críticos para congraciarse. Ahora están en terapia intensiva. Si no aparecen los medicamentos efectivos los perdemos.
- Increíble. ¿ Y cómo sucedió todo?
- Lo de siempre. Sobrepoblación. Hacinamiento. Falta el espacio; se alimentan mal; por economizar se les va la mano, y sobrevienen los padecimientos. Que si la columna, anemia, angiopatías, cuadros respiratorios agudos, artritis, el corazón; en fin...
- ¡ Entonces el problema es serio!
- ¡Muy! La problemática tomó un cariz pandémico. Se derrumban en masa.
- Alarmante. ¿ Algún otro problema?
- Estamos trasladando los pacientes hacia hospitales pediátricos.
- ¡Cómo! Eso es sacrilegio. Un crimen de lesa literatura. ¡ Ahora sí se mueren de verdad!
- Calma. No los mezclaremos con literatura infantil. Pero la estatura...Este hospital cuenta con camas para enfermos narrativos corporalmente desarrollados: cuentos, relatos, novelas... Por eso pensamos trasladarlos. Allí las camas se ajustan a sus dimensiones reales.
- Sería un golpe mortal para su autoestima.
- Tendrán que pasar sin ella. Por el bien de su salud.. Las cama es fundamental en los pacientes. Los médicos hacemos el juramento de Hipócrates, no de Procusto.
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Las vueltas de la vida de José Tomás Angola

GOTT IST TOT 
Ayer sacaron a Dios del mar. Era un cadáver de rostro hinchado. Quién sabe cómo llegó a ser catafalco esta alfombra salada, pero la verdad es que era Dios. Un movimiento no calculado, la torpeza de trastabillar y Dios cae como un fardo en las aguas intrigantes del mar. Nadie explica si murió en la caída o se ahogó entre los peces idiotas. La muerte le sobrevino serena dado que aún sus labios, los labios de Dios, sonreían. Nos queda la pregunta del empleo vacante; del oficio de gobernar el universo; de quién se hará cargo de la gerencia de las almas; del asunto de la justicia eterna; sobre la pena que el mar recibirá por asesinar; si fue premeditación o acaso alevosía. El cadáver mientras tanto yace con barba y calva en la orilla de una playa pegajosa y un oficial de la ley, vencido por la burocracia, escribe su informe... crimen pasional.

LAS VUELTAS DE LA VIDA 

 María Antonieta no vio nada. La tela negra envolvía su cabeza. Lo que podía era escuchar los insultos y los gritos. Muchos alaridos que crecían o disminuían como si a su alrededor pasaran cosas, cosas que ella no veía y que llevaban al populacho a gritar o a callar. La posición la incomodaba, de rodillas, inclinada, como cuando la recibía el rey en audiencia o se le entregaba al conde sueco que tanto placer le regaló en palacio. El zumbido chirriante le llamó la atención por sobre los aullidos y aunque estos se hicieron frenéticos, siguió concentrada en el ruido. Quiso tragar saliva y entonces no pudo. Comenzó a girar.

Todo le dio vuelta y aunque no pudo ver nada, sintió que rodaba por una escalera.

Cuando trató de detener los trompos, comprendió que ya no tenía cuerpo.

NEA THEA 

 La cesta rebosaba de granadas. Sus olores festivos, de cítrico punzante, desafiaban el aire asado del desierto. Pero dentro del canasto algo se movía. Un largo y brilloso ser se retorcía en sí mismo como si se masturbara. La piel escamosa hacía corvetas entre las frutas. Cada recorrido causaba un sonido de instrumento musical.

Como si diera un concierto microscópico, de oído diminuto, de nota enana. La cabeza, estirada como dedo acusador, se abría paso y en cada mirar sostenido la lengua vibraba palpando la temperatura. El áspid reinaba como diosa hermosa del imperio de la cestilla. Plena de alimentos podía estirarse y comprimirse a voluntad como mujer de faraón. Lenta, paciente, su reptar atrapaba a cualquiera que osara observarla. ¿Acaso no era ella la indiscutible reina del colmillo y el veneno? A quien deseara seducir con su danzar sibilino, a ése podría morder y hacerlo morir en el retorcimiento de la ponzoña. Si acaso hubiesen sido dos las viperas aspis en aquel universo, una siempre habría ganado: La fémina. La hembra se habría encargado de doblegar al macho, engulléndolo, o quizá el macho habría huido desesperado dejando a una sola víbora como ama del lar. Pero no hay reinado que dure para siempre. Ni siquiera en la limitada comarca de la canasta. El áspid no lo sabía. Se sentía imperecedera. Hija de Isis, en la ptolomeica promesa de la inmortalidad.

Todo acabó cuando la mano temblorosa de Cleopatra Filopator entró en la cesta.

INRI 

Después del fuerte grito se quedó allí, dormido por una eternidad, con los brazos abiertos en cruz. Sólo el lanzazo del centurión logró despertarlo.

DUX INVERSUS 

Yo, yo, yo, yo los conozco, no importa que luzcan al revés. Aunque sus pies estén en el lugar de sus cabezas, les reconozco. Borregos o pestilentes ovejas que no tienen dónde ir sin un pastor. Yo, yo, yo, yo, la encarnación de Júpiter, de Julio César, Yo, yo, yo, yo, el nuevo Escipión. Por mí cruzaron pastizales amarillentos en Eritrea, por mí lucharon con todo el poder de sus puños contra bandoleros anarquistas y reyezuelos, por mí desafiaron caminos que no hablaban italiano. Aún recuerdo sus cantos cara al Sol, las camisas negras que vestían con tanto orgullo. ¡Bestias...

mulas sin voluntad! Mírense ahora, berrean buscando quién los guíe. La masa sin alma que sólo un ser superior, yo, yo, yo, yo, puede dominar. Ahora apenas aúllan y lanzan esos pedruscos con los que quieren golpearnos... ¿no te das cuenta, Clara? Son menos que niños, son como perros, ruidosos y sin cerebro. Fueron por mí. ¡Ya verán en lo que me baje! Los quebraré con mi quijada, con mis brazos en jarra los incendiaré de pasión y volveremos a arrasar los campos y a cantar de cara al Sol con nuestras camisas negras.

Pero ni Benito ni Clara se bajaron, apenas continuaron meciéndose, colgados por los pies, en aquel columpio grotesco.

José Tomás Angola. Caracas, 1967. Narrador, poeta, dramaturgo. Ha publicado los libros: Una vaca en Nueva York (1997); De teatro y héroes (1999), Bombarderos sobre Londres (2005), Cuarenta años haciendo daño (2005), Sin freno concebido (2006) y Todas las ciudades son Isabel (2011).
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Otros Quarks de Jorge Ariel Madrazo

NEGOCIANTE
Bien que aprovechó ese tipejo, Ulises, su relación (léase: “dudosa relación”) con la maga Circe. Archivos del Partenon hoy decodificados arrojaron nueva luz en el asunto: el rey de Itaca se arregló con la Circe, para repartirse los salarios, horas extras y premios adeudados por él a sus hombres, a quienes la hechicera convertiría debidamente en cerdos. Miente el Homero al aseverar que el falso héroe les devolvió la forma humana. Al contrario, los vendió como jamón italiano, primera calidad.

GOLPETEOS
Esos ruidos, justo arriba de su cabeza. Ya no se pueden soportar. Se dice: calma, no debo ponerme violento, ya bastante he tenido estos días. De modo que bufa, patalea, grita alguna palabrota pero al fin se resigna: y bueno, claven, nomás, el ataud.

AQUILES
De pie, quiso girar sobre su eje.  Trescientos sesenta grados. No parecía difícil: debía rotar, deslizándolo con suavidad y con un leve movimiento giratorio, el talón del pie correspondiente al flanco hacia el cual quería voltearse. En forma simultánea, el otro pie acompañaría el proyecto, quizás apoyando sobre todo la punta (quizás no). Lo hizo, con cautela. Un movimiento, dos, tres… Al centésimo comprobó que jamás lograría su propósito: como cada segmento es divisible por nano-medidas inconcebiblemente ínfimas, lo más que conseguía cubrir, una vez y otra, era una infinitésima porción del trayecto total a recorrer. Hoy sigue parado en el mismo punto. La nariz mirando a la pared
  
TIRO DE GRACIA
Hundido en mi silla de ruedas −que impulsaba mi amigo Héctor−, la ví venir, ella y él aún sin vernos, ausentes del mundo, justo hacia nosotros. Aquél tipo le ceñía la cintura. En un esfuerzo supremo rogué a Héctor levantarme de la silla, fingir una postura erecta. Así, logré recibír casi de pie, como un soldado, el tiro de gracia.

ELUARD
Casi me sentía más indignado que él por aquella traición de su amada. “Debo cerrar la herida”, le oí susurrar. La cosa estalló cuando cometí el desliz de nombrarle ese nombre maldito: Cadaques. “Ahí, ahí me la robó”, dijo en un grito. Y se echó al garguero un trago de vino: “Muy buenos los tintillos argentinos”, fue el susurro. Pero se veía que volaba lejos. “Está de pie sobre mis párpados”, creí oir. “Ella ama, ella ama para olvidarse”, añadiría enseguida, con un sollozo. “Todo mi ser es la capital del dolor”, exclamó al fin en pleno arrebato. De pronto sonrió feliz: había hallado, como una gema resplandeciente, el título de su próximo libro. Sí, ríanse. Pero vayan sabiendo que ese diálogo mío con el francesito que fungía de poeta, el recuerdo lacerante de Gala, su traición con el flaco Salvador, lograron que La capitale de la douleur naciera de pronto, aquí mismo en esta pieza, en la alta noche porteña y de copas con Paul Eluard.

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El otro de Chevige Guayke


I
Reconozco que soy distinto a mí: el único parecido entre nosotros es que somos la misma persona
y eso, lector, carece de importancia.

II
Juro que nunca haré nada a espaldas mías
que no habrá secreto mío que yo ignore
que cuando decida tomar un rumbo distinto al mío
yo seré el primero en saberlo
que por más desprecios que yo me haga
siempre me trataré con el mismo afecto
y que cuando me toque morirme
solidariamente yo haré lo mismo.

III
He cometido múltiples delitos en mi contra. Sólo me falta asesinarme. Por eso me la paso huyéndome y aparentando como que yo no tengo nada que ver conmigo. pero es obvio es evidente que soy mi propio sicario y que el día menos pensado seré mi lógico mi único homicida.
Fotografía: Alexis Pérez-Luna

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Las leyes del sueño de Héctor Torres

Fotografía: Alexis Pérez-Luna

Cuando vimos la figura caer desde la platabanda, corrimos con la intención de comprobar nuestras sospechas. Al llegar junto al cuerpo supimos, en efecto, que se trataba de ella.
Recobró parcialmente su forma original para decirnos unas palabras extrañas y maravillosas, mientras nos advertía que se trataba de un sueño. Aunque lo más sensato hubiese sido socorrerla, comencé a escribir en una pared cercana lo que ella decía, porque la experiencia siempre me ha indicado que suelo olvidar los sueños y las cosas que en ellos se dicen.
Al día siguiente traté de recordar lo que dijo, pero resultó inútil. Fui entonces al edificio desde donde se había lanzado (en mi sueño, claro) y, en efecto, leí los garabatos escritos con prisa en la pared, sólo que no pude repetirlos hasta esa noche que me soñé en la misma escena.
Cuando desperté, nuevamente los había olvidado.

Tomado de: El amor en tres platos. Caracas: Equinoccio, 2007
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Final tácito de Laura Nicastro

Foto de Alexis Pérez-Luna
 
FINAL TÁCITO
Cuando la fiesta de bodas terminó, los consortes tomaron sendas cabalgaduras, guantes de halconería y algunos lebreles. Al tiempo regresaron a palacio con sus morrales repletos de piezas cazadas. Entrambos degollaron las presas, las hundieron en agua hirviendo para desplumarlas o pelarlas, las abrieron al medio y las despojaron de sus vísceras. Las dejaron reposar durante unas cuantas horas en un aderezo de laurel, pimienta de Indias, eneldo, enebro, vino espeso, abundante sal. Después las asaron sobre un fuego de leña.
Cuando los recién casados, exhaustos y famélicos, se sentaron a comer, recordaron la sentencia “y fueron felices para siempre y comieron perdices”. Nunca hubieran imaginado que ser felices implicaría tanto trabajo ... por toda la eternidad.
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Antología cartonera argentina



La antología

Cartón lleno
Breve muestra de la microficción en la Argentina

con selección de Esther Andradi y Sandra Bianchi
  y editada por Eloísa Cartonera


se presenta con lecturas y arte de tapa:
Ø      carrusel de microficciones
Ø      los escritores y lectores presentes pintarán sus propias tapas.



Sábado 10 de noviembre a las 18 hs.
en la Cartonería, Aristótulo del Valle 666- La Boca.




Tomo 1: Susana Aguad, Esther Andradi, Eduardo Berti, Sandra Bianchi, Patricia Calvelo, Sergio Francisci, Mario Golobof, David Lagmanovich, Andrés Neuman, Laura Nicastro, Roberto Perinelli, Orlando Romano, Luisa Valenzuela, Orlando Van Bredam.

Tomo 2: Alejandro Bentivoglio,  Raúl Brasca, Rosalba Campra, Diego Golombek, Leandro Hidalgo, María Rosa Lojo, Eugenio Mandrini, Ana María Mopty, Ildiko Nassr, Alba Omil, Rogelio Ramos Signes, Juan Romagnoli, Ana María Shua, Fabián Vique.


¡Los esperamos, vale la pena conocer la Cartonería
y participar del trabajo que allí se realiza!


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Bagliori estremi. Microfinzioni argentine contemporanee. Selección: Anna Boccuti

Una antología de minificción argentina en italiano. Incluye a: Eduardo Berti, Raul Brasca, Patricia Calvelo, Rosalba Campra, Carlos Culleré, Martín Gardella, Mario Goloboff, Diego Golombek, David Lagmanovich, María Rosa Lojo, Eugenio Mandrini, Ana María Mopty, Ildiko Nass, Juan Romagnoli, Orlando Romano, Norberto Luis Romero, Norah Scarpa Filsinger, Ana María Shua, Luisa Valenzuela y Fabián Vique.

Más información en: http://www.glieccentrici.com/bagliori-estremi-microfinzioni-argentine.html
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Dos de Alfonso Solano


Foto: Alexis Pérez Luna

LA NOCHE VOLTEADA
Un día en que sentía una necesidad desconocida de saltar al vacío, subí al piso de arriba en donde vivía, por unas largas escaleras, escabrosas, oscuras. Al llegar a la puerta de la única habitación que había en ese piso, extendí mi codo, empuñe mi mano y, finalmente, toqué fuerte con los ojos cerrados la madera dura de la puerta con mis nudillos. Ante mi asombro, apareció un ser indescriptible que no había nacido para abrir puertas. Solo pronunció una palabra: “Pase”. Y, como en un sueño borgiano, la noche se volteó. Ahora no sé en donde estoy.

SARTRIANA
Andrés se quedó mirando su reloj y exclamó en silencio: -es la una y media- luego pensó cavilante: “siempre se hace tarde”. De pronto, apareció ante él, la imagen de un hombre con tono y cadencia afrancesada que acercándose y mirándolo directo a sus ojos le pronunció con un sigiloso y elegante gesto: “el hombre es la suma de sus actos”. Pero, para Andrés, era la suma de su desatino, pues iba a verse con su novia esa tarde y el ómnibus pasó de largo y lo dejó varado en la parada. Si, Jean Paul tenía razón.
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Textos pequeños sobre egos grandes. Luis Barrera Linares

Literales de Tal Cual
TEXTOS PEQUEÑOS SOBRE EGOS GRANDES Luis Barrera Linares

ORADORA La señora pasaba las noches releyendo sus libritos mediocres y soñando con entrar a la Academia de la Lengua. Rezaba y rezaba y rezaba con insistencia para que falleciera alguno de los numerarios y la incorporaran a ella en su lugar. Y en efecto, al mes siguiente murió un académico. "Es mi turno", pensó la señora. El día que ingresó y oralizaba su discurso, pomposa, sonriente, no se imaginó que acababa de incorporarse a la fila de los que andan en las oraciones de mucha gente. Varios de los que estaban en el público, escuchando su escritura destemplada, ya comenzaban a orar por su futura alma en pena.

ÁGRAFO Su nombre es una leyenda en el mundillo literario. Habla, opina, expone, dice, acepta, rechaza, aprueba, duda y murmura recurrentemente sobre el estado de la literatura local y sus escritores. Funge de jurado severo y dicta sus veredictos inapelables. Hace de crítico pertinaz y perdonavidas en cuanta charla participa. Se le conoce como reseñador parlante infalible. Habla y parlamenta luengos discursos sobre la escritura de los otros. No queda escritor títere con cabeza en su verborrea incontenible. Le dicen poeta en las historias de la literatura. Se le cataloga de ensayista en los recuentos anuales. Nadie duda de su condición de narrador. Lo repiten los críticos, lo confirman los manuales. Mas suele argumentar que todas sus páginas escritas se las ha llevado un huracán, cuando no las ha sometido al yugo de la papelera o al desgarre. Nada se conoce de sus célebres cartapacios. Es maestro de la oralidad. Le dicen el escritor ágrafo.

ORTOTIPOGRÁFICO Se considera a sí mismo la tapa del frasco. No hay quien lo supere en su banal vanidad de considerarse la última gota de agua en el desierto. Imprescindible le gusta que le digan. "Perfecto en mi estilo" se vanagloria ante el espejo. Los críticos que lo adulan certifican que cada escritura suya publicada es una puñalada contra sus contemporáneos. De asesino de la modernidad lo califican. Sin él no habría literatura posmo, según ellos. Pero una cosa piensa el asno que lee un diccionario y otra el que lo monta sobre la ortografía. Moraleja: Si se publicara lo que nuestro ortotipógrafo entrega como originales a la editorial, la vergüenza sería gigantesca. Tras bastidores los correctores lo apodan el asesino del idioma.

POLÍGRAFO Era apenas un feto en formación cuando su madre le descubrió la vocación de cefalópodo. Rasguñaba el vientre de ella por todas partes. Siendo un bebé logró mostrar a papá sus ambiciones multiplicadas. Tomaba cada objeto como si tuviera cien dedos. Su primera maestra le detectó la condición de hombre araña. No le bastaban dos brazos para escribir. Lo hacía hasta con los labios y los pies. De adolescente se aficionó definitivamente a redactar como si tuviera cientos de manos. Es decir, en abundancia. De todo. Para todos. Multigenérico, polígrafo incuestionable, lo aclamaba la crítica. Llegó a la adultez con una pericia de escribiente que aspira a estar en todas partes. Se hizo militante de la tercera edad ya teniendo una franquicia de adulantes en cada lugar. Su ancianidad ha sido de fama y mucho regocijo. Cada émulo suyo pregona la genialidad abundosa que lo caracteriza. Lo han bautizado el nutriente de la humana humanidad. Porque a todos busca alimentar con su palabra diversa. Un ataúd convencional no ha sido suficiente para sepultarlo. Sus tentáculos salen por todas las rendijas de la urna. Habrán de enterrarlo en un colador. Será la única manera de multiplicar su cadáver para repartirlo.

 Luis Barrera Linares. Maracaibo, Zulia, 1951. Narrador, ensayista. Obras principales: En el bar la vida es más sabrosa (1980); Beberes de un ciudadano (1985); Para escribir desde Alicia (1990); Parto de caballeros (1991); Cuentos de humor; de locura y de suerte (1992); El traje narrativo de Trejo (1994); Desacralización y parodia (1996); Sobre héroes y tombos (1999); Discurso y literatura (2000); Análisis crítico del Discurso (2000); La lengua y la literatura en-red-@-das: nuevos temores hacia antiguas estrategias comunicativas (2005); La negación del rostro. Apuntes para una egoteca de la narrativa masculina venezolana (2005); Sin partida de yacimiento. Crónicas de la memoria (2009).
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Tres de Víctor Carreño

Fotografía de Alexis Pérez-Luna

EL HOMBRE INTELIGENTE Cuando murieron sus padres, sus hermanos mayores se dispersaron y le dejaron a él la casa de la costa en donde ya no vivía nadie. Por aquel tiempo el puerto tenía ya una larga historia de ataques ocasionales de piratas e insurgentes, de tormentas y arquitectos que modificaban de cuando en cuando la geografía a su mal gusto. No tenía otro lugar donde vivir, y se consolaba yendo los fines de semana a las playas contaminadas a coger un poco de sol mientras leía sus libros. De lunes a viernes se paraba temprano para ir en bus a la capital, porque tenía que trabajar en una biblioteca pública. Regresaba en la noche muerto de cansancio a su casa, y a continuar su vida inteligente, haciéndose preguntas sin respuestas o escribiendo anotaciones indescifrables. Así de divertida era su vida, hasta que un día regresó al atardecer a su pueblo, y le dio por hurgar en los altos anaqueles de su biblioteca un libro que le obsesionaba. Estaba tan alto, que tuvo que subir como por una trepadora, cuando la biblioteca se tambaleó y se vino al suelo, y él quedó boca abajo con la biblioteca sobre la espalda, y seguramente con un fuerte dolor o fractura. No se sabe cuánto tiempo estuvo así, tal vez inconsciente. Recordó después que alguien lo había llevado a la cama, pero no tenía conciencia de lo que había pasado, aunque el dolor le sugería algo. Vio el rostro de una mujer cuya identidad desconocemos. Ella le mostraba la biblioteca, los libros por el suelo, pero él no entendía nada. Para él eran sólo objetos bonitos para jugar, como la pelota o los muñecos. La mujer insistía en un lenguaje que ya no entendía, pero que le hacía reír. Pasaron un rato en este plan hasta que se fastidiaron los dos y él sólo acertó a decir: “mamá”, “papá”, “hambre”. Ella cocinó una sopa y ambos almorzaron contentos. Ya no podía trabajar ni salir de la casa, porque los doctores no lo recomendaban a su alma de vidrio. Y así se pasó la vida riendo con los juguetes que tenía en sus anaqueles, y él y ella fueron muy felices hasta el fin de sus días. LA SONRISA DE SARA De tantos años errantes, amamos el desierto, es nuestra patria. Los días son duros, y no hay lugar fijo en él para nosotros. La existencia se limita a pastorear el ganado, recoger agua, hacer cerámica con arcilla, cuidar que nada falte a la tribu. Sabemos que las generaciones venideras no vivirán en nuestras mismas condiciones, serán más dichosos. Pero nosotros no los envidiamos. Nosotros acatamos la ley del desierto y el llamado de los dioses antiguos que exigen plegarias y sacrificios. A este acatamiento respondió Abraham, pastor de pueblos. Era un hombre de mucha fe, pasó los años en espera de un llamado que parecía desvanecerse en medio de los días iguales. Un día recibió la sorpresa de Sara, su compañera envejecida, que estaba embarazada. Abraham aceptó el hecho, y también las risas de la tribu. Sintió pena por su esposa, pero se alegró al saber que ella también sonrió. Tenía un alma muy sencilla, y era incapaz de penetrar en las intrigas humanas. Alumbró un hijo, a quien quisieron como una ofrenda casi imposible. Creció y Abraham recibió el llamado. Se despidió de su esposa diciendo que iban a caminar por el desierto, para instruirlo en los deberes de un hombre. Al llegar a un monte, Abraham recibió el mandato más terrible de su vida. Aquí lo que sabemos no es muy claro. El niño se salvó en un último momento, dicen algunos, pero otros cuentan un final diferente. Para Abraham no había llegado el momento más dramático hasta que pensó en la sonrisa de Sara al volver a casa, la eterna sonrisa que por primera vez se convertiría en dolor y en ira. El cielo de Abraham se nubló cuando dio a Sara la noticia. El grito de Sara fue tan desgarrador, que en el desierto todos guardaron silencio. Desmayada por el dolor, sólo a los días despertó, pero recordaba ya pocas cosas y apenas podía moverse por entre la árida costumbre de sus tareas. Su mirada se perdía en el desierto, pero a nadie reconocía. Una tarde creyó escuchar la voz de Isaac a lo lejos, que decía: “Mamá, venimos de sacrificar un cordero”. Y Sara se sintió feliz, pensando en el hijo que había concebido junto al hombre que amaba, una de esas largas noches de amor que no se olvidan. Y casi ya sin memoria ni sentido, Sara sonrió. Hay quienes lloraron al verla sonreír en su sufrimiento. Dicen de la dicha, sin embargo, que es una locura. Sara conoció la dicha y murió. EL DESEADO Había pensado hace muchos años en meterse a sacerdote. Sirvió como monaguillo en la iglesia de su pueblo, y fue su costumbre ver mujeres vírgenes rezando o colgando de la pared, sin contar las pecadoras que solían venir a confesarse y le dirigían miradas inadvertidas. Ellas, cuando salía de la iglesia, buscaban conversación con él, y él le daba sus consejos. Eran puras palabras religiosas, pues no había tenido contacto carnal ni vislumbraba nada de ello. Lo cierto es que se fue acostumbrando a sus paseos con las doncellas. Pero no sabía por qué, después de un tiempo, las mujeres lo abandonaban. Fue por esta época cuando el incienso, la misa y la hostia dejaron de formar parte de su vocación. No es que hubiera dejado de ser religioso, sino que había optado por un misticismo casero. Acostumbrado a soñar con tantas vírgenes suspirantes, se dedicó a comprar regalos para mujeres que aún no conocía y a escribir versos sentimentales que no figuraron ni en las antologías más pobres. Siguió siendo puro, casi concebido sin pecado, aunque la leyenda especuló sobre un trauma sexual o impotencia, porque aparentaba ser muy frágil y nervioso. Estas conjeturas, sin embargo, nunca pudieron comprobarse, porque era hombre de pocas palabras y de su boca nunca salió una queja. Pasaron muchos años, y el hombre continuaba en su paseo con las doncellas, ignorante de todo, protegido por su ignorancia. Nada supo de los comentarios violentos que de él hacían las mujeres y el vecindario. Las canas y las arrugas fueron consumiendo su cuerpo, pero el tiempo no pudo borrar su sonrisa que prodigaba a las dulces viejas que volvían a suspirar al verlo. No había hipocresía en él, pero sin duda faltaba algo. La sonrisa continuaba, aunque cada vez se iba quedando más solo, y no se sabe a quien sonreía o si había enloquecido. Tal vez hasta muera sin saber que es el deseado.

Tomado de: http://www.zonamoebius.com


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