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Minificciones de Aldo Flores

Aldo Flores Escobar (México, DF, 1984). 

Recién titulado por la UACM. Estudió la licenciatura en Creación Literaria y como trabajo recepcional presentó una novela escrita a partir de minificciones titulada “El coleccionista de epitafios (Las cien y una minificciones de una novela)”. Tiene interés por la teoría de la minificción y actualmente se encuentra escribiendo una nueva novela que lleva por nombre “Orgía con las sirenas” que de igual forma se cimenta con ficciones súbitas.
Les deja una prueba de “El coleccionista de epitafios”.

PLACERES

Observen a M recostado sobre una tumba mientras la lluvia lo golpea, o le acaricia la cara, como se quiera interpretar, parece una figura íngrima ante los ojos de cualquiera; en cambio, él experimenta el suave beso, ¡oh deleite!, de una musa.


EPITAFIO (II)

No me llamen grosero si no los invito a entrar.


EL NÚMERO TELEFÓNICO

Una musa terrenal me dio un número falso. Le marqué en los pezones, me colgó de inmediato; sugerí entre sus piernas y me cortó la línea.

AFRENTA

¡He faltado a las palabras de una musa! Ella, que voraz me acecha en la intimidad de mis placeres, quiere reñir conmigo.


DECRETO ANTIMUSA

Las musas zumban palabras groseras, son un enjambre de moscas que alborotan la mente del escritor, cagan su esfuerzo, ensucian su trabajo y lo desvían de sus proyectos. ¡Alejen a las musas! ¡Que mueran con un soplo en el culo!





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Quarks de Jorge Ariel Madrazo

EL LEÓN
Plegó las patas, al acecho. Alzando la cabeza oteó el aire, husmeó el viento: olía a presa segura. Ah, sí, allí, perfilado en el horizonte, tembloroso por la intuición del peligro, se erguía el cervatillo. Al verlo se encogió y reptó con la seguridad del depredador. Mientras saltaba intentó un rugido victorioso. Le salió un chirrido que no asustaría ni a una anciana. El salto fue de cinco centímetros. Su compañera lo miró con lástima. No había caso: aquel grillo, más loco que una cabra, se empeñaba en creerse león.

ESTÁS IGUALITO
Lo encontré por la calle. Al Andrés. Siglos que no lo veía. Fuimos a tomar un café.
Sendos cafés, bah. Esos días yo había pensado en él, el Andrés adolescente que repartía dulce de leche. Me contó: tenía una fraccionadora de lácteos. ¿Casado? Sí, con Inés, la compañerita de la Escuela 14 Consejo Escolar 20. Pucha, qué linda charla.
Me dio su tarjeta. Hoy, pasada una semana, recordé que Andrés fue chupado por los milicos en el 76. Corrí a buscar la tarjeta. Sólo dos palabras: "estás igualito". Se borraron mientras las leía.

AZUCENA DEJÓ EL PIE
El señor Litis decidió no dejarse carcomer, ya más, por su amor obsesivo a la señorita Azucena. De modo que cuando oyó el pregón del vendedor del elixir del olvido, corrió a comprarle un frasco, el último disponible. Una cucharada y la cabeza de Azucena se borró de su mente febril; otra, y se disiparon los senos deliciosos. Y así, en su alma atormentada fueron extinguiéndose los brazos de seda, la cadera pletórica, los muslos resbaladizos, una de las piernas de gacela, enseguida la otra. Y un piececito y... advirtió, con angustia, que no le quedaba más elixir. El señor Litis tuvo que cargar en su corazón, hasta el fin de sus días, el pie derecho de Azucena, el más adorable y afelpado.

NIÑOS
Algarabía en el patio escolar tras el muro que lo separa de la vereda, por donde camino atento al barullo. Todos los niños ­la muralla no me permite verlos­ gritan al unísono pasalapelota aycorré daleluisita y chillidos de sorpresa, alegría de la ronda y esa estridencia y las carreras hasta una raya blanca pintada sobre los mosaicos  elúltimocoladeperro ganéyonovale ¿ysijugamosalasestatuas? Cortomano cortofierro, sosmalaeh? Atraído por el bochinche  infernal me empino y miro por encima del antipático muro divisorio. Veo un patio desolado, una escuela en ruinas.

VIVERE STANCA
Cesare Pavese estaba allí: no podías creerlo. Sentado ante la mesa de tus desayunos, los Diálogos con Leucó frente a él, la lapicera en una mano. Apenas si alzó la cabeza para dirigirte un saludo y escribir en la primera página del libro: "Perdono a todos y a todos pido perdón. No armen demasiados chismes..." Ajustó sus anteojos apretándolos contra el puente de la nariz. Afuera cantó un pájaro, se oyó a un pregonero que recorría las calles soleadas de Turín. ¿Turín? ¿No habías despertado de un sueño ligero en tu casa de Villa del Parque? Viste a Pavese hacer tres llamadas, a tres mujeres a las que sin éxito invitó a salir. Tuviste un sobresalto cuando extrajo un sobre, lo abrió y derramó las pastillas sobre la mesa. Supiste. Pero no lograbas dar un paso. Querías gritar: "No lo hagas". Luego que él terminó de ingerir los dieciséis comprimidos adivinaste, sin leerla, la última frase de su Diario: "Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más". El almanaque, que en la mañana proclamaba 27 de agosto de 2007, ahora gritaba ese mismo día, pero de 1950. Sólo al llegar la muerte pudiste abandonar, abrumado, aquel cuarto del turinés Hotel Roma. Estabas otra vez en tu casa. Un pájaro se desangró en el aire.

CHERCHEZ LA FEMME I
Labios gruesos, palpitantes; senos que desbordan la blusa y obligan a subir la mirada hasta sus ojos, o bajarla para que acaricie las manos perfectas: inventar a esa mujer exigió menos esfuerzo que el de ponerse a su altura.

NO APTO PARA MENORES
Ese hermafrodita se amaba apasionadamente.

DEJARLA IR...
Guardaste en gavetas y estantes los mínimos objetos de tu mujer, muerta. Cada tanto abrías aquellos compartimientos para estudiar, con desvelo, los muñequitos de metal y madera, el prendedor que remedaba un guerrero africano, el par de guantes de cabritilla hechos un guiñapo, hombreritas, monedas aptas para evocar el viaje a Europa, cuadernos y recetarios y partes médicos. Hasta que un día comprendiste: no se trataba de que no supieras qué hacer con aquellos bienes privados y atesorados por años como una culpa. Ocurría que ellos debían cumplir obligatoriamente su período en el limbo. Para aprender, también, a irse.

JORGE ARIEL MADRAZO (Buenos Aires, 1931). Poeta, narrador, periodista.
Vivió varios años en Caracas. Ha publicado, entre otros: Breve historia del bolero (ensayo, 1980), Espejos y destierros (poesía, 1982), Blues de muertevida (poesía, 1984), Ventana con Ornella (narrativa, 1992), Piedra de amolar (poesía, 1995),
Mientras él duerme (poesía, 1997), La mujer equivocada (narrativa, 2006), Quarks
(minificción, 2006), Gardel se fue a la gue
rra (novela, 2011).


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Abismos de la brevedad. Seis estudios sobre el microrrelato de David Lagmanovich

En el marco de la Feria Internacional del Libro Universitario de Xalapa (Veracruz, México), se presentará el libro póstumo de David Lagmanovich, Abismos de la brevedad. Seis estudios sobre el microrrelato, publicado por la Universidad Veracruzana en su colección Biblioteca.
El acto tendrá lugar el día 29 de abril en el recinto ferial, a las 14:00 hrs. 

David Lagmanovich, Abismos de la brevedad. Seis estudios sobre el microrrelato, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2013, 137 pp. 
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Minificciones de David Baizabal



David Baizabal (Puebla, México, 1989)

Es egresado de la Licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica de la BUAP. Ha publicado cuento y microrrelato en páginas web y revistas electrónicas e impresas como Crítica. Revista cultural de la Universidad Autónoma de Puebla, Punto en línea, Letras de Chile, Círculo de poesía. Revista electrónica de literatura, Internacional Microcuentista, Plesiosaurio y en la antología El libro de los seres no imaginarios (minibichario).
Aficionado a la fotografía y a la onironáutica, dice.


Libación
Este es el último tributo que te ofrendo. Libo para ti mis últimas palabras, mis más legítimas intenciones. No hay altar: el lugar donde te revelaste, ahora inaccesible, es el mausoleo de mis aflicciones y del falso pacto perenne.
Tomarás esta ofrenda en secreto y, por la naturaleza orgullosa de los dioses, clavarás tu silencio y tu ausencia en mi espalda.


Chamaeleonidae
Nunca he entendido la envidia de los habladores contumeliosos que vejan al camaleón adjudicándole el defecto de la hipocresía, propia de los primeros. El camaleón, coctel de cromatóforos, guanóforos y melanóforos prudentes y delicados, no cambia de color sino de sentimiento, sufre el amor y el miedo, la angustia de la soledad y la furia del celo; no se inmuta ante los ludibrios lúdicos de los tales hipócritas humanos. Es, en efecto, el animal que más cerca está de Dios[1], es por quien hay contacto entre el cielo y la tierra. Su lentitud no es letargo ni pereza, más bien reflexión de lo visto a diestra y siniestra, lo pretérito y lo porvenir. Cota de malla finísima, no busca problemas y las necesidades que se le presentan las resuelve con la lengua.
Virtud paradójica del camaleón la de ser sordo.


Tortugas*
Esa irrefrenable ondulación desarticula la mandíbula y empieza a tragar esas pequeñas, blancas, y por demás ovoidales esperanzas de perpetuación de la especie.





[1] A propósito de dioses míticos, convencionales o simplemente imaginados, algunas tradiciones dicen que el camaleón es el creador de los hombres y otra que es culpable de que seamos mortales. Lo cierto es que en alguna ocasión Unkulunkulu estaba molesto con el camaleón y éste, para congraciarse, dijo a los hombres que eran inmortales y los invitó a un banquete con aquél, así habría comida y bebida para todos y para siempre. Unkulunkulu no comprendió el afán del camaleón y reprochó un supuesto intento por destronarlo; lo condenó entonces a una lentitud esencial para que reflexionara antes de acto cualquiera.
A los humanos los despojó de la inmortalidad y los mandó directito a la chingada (de ahí tanta mitología, mística y filosofía).
* Microrrelato publicado en El libro de los seres no imaginarios (Minibichario) (2012) de José Manuel Ortiz Soto

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Seis textos de Marcelo Gill

LA DUEÑA
Le dijo que la amaba, que ella era la única dueña de su alma y de su corazón. Su amor fue correspondido. Se casaron y tuvieron una nena.
Pero luego de diez años se separaron por diferencias irreconciliables. Ella se fue de la casa y se llevó a la nena.
A los pocos días volvió, reclamando el alma y el corazón de su ex esposo. Se los tuvo que dar.
La falta de alma casi no se nota en el hombre, excepto quizá por su mirada perdida.
Sin embargo, el lugar donde estuvo el corazón nunca cicatriza del todo, y por más vendas que se ponga, la sangre siempre mancha un poco sus camisas.

UN MAGO
A este mago, en cambio, todo le salía mal.                   
Cuando quería sacar una paloma de su sombrero, salía un cuervo que intentaba picotearle los ojos. Una vez, sacó un tigre en lugar de un inocente conejo blanco. Afortunadamente, ni nuestro mago ni nadie del público salió herido.                
Su debilidad eran las camisas de fuerza de las que trataba en vano de liberarse.
Llegó a tener una asistente. Era hermosa. Yo iba (y supongo que la mayoría del público masculino también) más que nada para verla en su mínimo y ajustado atuendo.
Una noche, el mago desapareció a la chica con éxito. Sólo que no logró volverla a aparecer.
Unos días después las autoridades encontraron a la bella asistente perdida en las afueras de la ciudad. Pero ella tenía cariño al mago y volvió junto a él.                                                           
Dicen que el mago estaba enamorado en secreto de su asistente, pero su amor no era correspondido.
En su última función, metió a su asistente en una de esas cajas y la atravesó con espadas. (Yo no estuve presente, de lo contrario hubiera intentado detenerlo).                    
Por supuesto, cuando el mago abrió la caja, y como por arte de magia, apareció un cadáver ante el público aterrado.
Al mago lo encerraron en un manicomio y cuentan que sigue tratando de liberarse de la camisa de fuerza.

NUBES
Para Ana María Shua
Y pensar que esos seres fantásticos, (dragones, unicornios, leviatanes) tan inteligentes y temerosos de la extinción, se disfrazan de nubes para que no sospechemos nada, para que creamos que solo vemos nubes con formas de dragones, unicornios y leviatanes.


GALATEA
Yo ya estaba ahí. Existía antes, en el aire, en el vacío, en la roca, yo ya estaba ahí: en el interior de la roca.
Con el cincel fuiste acercándote a mi rostro, a mi cuerpo, mi forma se develaba poco a poco bajo la destreza de tus manos, y aunque imperfecta e imprecisa aún, yo ya estaba ahí.
Mi cuerpo se hizo cada más detallado: mis pechos, mi abdomen, mi cintura, mi espalda levemente arqueada, mi sexo pudoroso, mis muslos, mis pies delicados, cada uno de los dedos de mis pies pegados a la roca; iban apareciendo bajo tu cincel exacto que rozaba mi piel marmórea y casi viva.
Precisaste mis brazos, mis codos, mis manos con sus dedos y por último fue mi rostro: mi mirada cabizbaja, mis ojos sin párpados, mi pequeña nariz, mi sonrisa leve y este peinado que llevaría siempre.
Yo ya estaba ahí. Había nacido.
Entonces creíste enamorarte de mí, pero no fue así. Te enamoraste de ti mismo, Pigmalión; yo sólo era tu espejo de piedra en donde te reflejabas, hijo de Narciso.
Entonces rogaste a la Diosa que me diera vida, que me condenara al tiempo que también ahora es mi sustancia.
Y ahora estoy aquí; condenada a habitar cada segundo interminable, tratando de recuperar frente al espejo, aquel primer gesto que me robaste para siempre.

HIPOTÉSIS
No. No es por estética que se deja el bigote y la barba, ni es por problemas de la vista que lleva siempre esos anteojos. No. Es simplemente porque si se afeitara y se sacara esos lentes, todos se darían cuenta que bajo esa barba, ese bigote y esos anteojos, en realidad, no hay nadie.

GÉNEROS
Amor, lo nuestro empezó como una novela rosa. Todo era hermoso y cursi, solo existíamos nosotros dos, ¿Lo recuerdas?. Pero eso no habría de dudar mucho tiempo.
Pronto nuestra novela rosa se volvió oscura: una novela negra.  Los celos me torturaban, me mordía las uñas, te seguía en secreto a todas partes. Hasta que una noche te descubrí, perra.   Y nuestra novela policial terminó con dos cuerpos y un charco de sangre a mis pies.
Anoche, cuando tu fantasma empezó a rondar nuestra casa, comprendí que así terminaba lo nuestro: como un pésimo cuento de terror.

Fotografía: Alexis Pérez-Luna
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Fractálicos


JHOERSON YAGMOUR

Mientras los dos puntos luminosos se acercaban en la oscuridad, pensó que el asfalto nunca le habría parecido la más suave de las camas.

Todas las noches el doctor aplicaba sutura en su mujer para sentir al día siguiente, que la hacía suya por primera vez.

Antes de llorar una lluvia de clavos recordó que el paraíso perdido era sólo una idea de la nostalgia.

Sentía nostalgia del mundo post-apocalíptico en el que nació y creció. Ahora debe trabajar en una oficina.

En este mundo sólo era un demente que enviaba mensajes de radio al espacio. En el otro mundo era el Dios omnisapiente.

Jamás se le ocurrió la solución más lógica: volarse los sesos. Se dio cuenta de ello después de morir, teorizando sobre la muerte.

Invirtió años en crear un exclusivo grupo de amigos íntimos. Estudia sus fobias y costumbres planeando asesinatos perfectos.

Cuando logró tatuarse todo el cuerpo de ángeles, probó subir a la azotea buscando la elevación a otro mundo. Hasta ese día lo vimos.

Para sustentar el fundamento de sus ideas abrió su cráneo y puso un poco de su cerebro sobre la mesa del jurado académico.

Cuando conseguía un buen trabajo, un cómodo lugar para vivir y una bella mujer con quien casarse, huía de esa ciudad para no volver.


FRANCISCO FLORES

Su mundo onírico se volvió un problema extrínseco. La gente corría enloquecida, implorando ser despertados de pesadillas creadas por él.

Borracho y triste dio un salto hacia el vacío. Al día siguiente lo encontraron desmayado, con la cara estrellada en una gavera de cervezas.  
                        
Ebrio de soledad, bebía de los instantes más crudos de su existencia. Luego, vomitaba su ego en un desierto olvidado por los dioses.  
                            
En contra de las leyes de la física, logró volar. A favor de las leyes de la psicología, volaba a baja altura debido a su acrofobia.

Era un gran creyente bíblico. Pregonaba que el fin de los tiempos estaba cerca. Tenía razón. Fue asesinado poco después en un asalto.

Tal era su vanidad, que aprovechaba los momentos de soledad para sacarse sus sesos y besarlos.    
    
Todos huían ante la inminente explosión nuclear. Un niño esperaba el espectáculo. Era su única oportunidad de ver una supernova.                    

Aún viejo, practica su deporte preferido todos los domingos. Es su mejor momento de jugar heroicamente con el peso de la vida.     
                              
Creó su mejor poema en total estado de embriaguez. Tristemente no lo anotó. Despertó con el alma desfigurada por palabras inexplicables.                      

No le pidió al extraño asesino que perdonara su vida. Le rogó que lo ayudara a aceptar su muerte. 

CRISTÓBAL CAMEJO

Soy un insecto que soñó que era humano. Ahora el insecto despierta y sigue siendo humano.

Sus patas se posaron en mi pupila. Jamás parpadeé. La mosca concentrada en su placer y yo en el dominio de la mente sobre el cuerpo.

Al fin equilibró su divina esquizofrenia. Soñaba con demonios y despertaba rodeado de ángeles.

El hacha cercenó las miles de cabezas que había anoche en la marcha. Al día siguiente, me di cuenta que nadie me puso resistencia.

Bajar su cierre era abrir la puerta al infierno aunque ella insistía que era un ángel.

Era adicto a la manipulación del signo, todos le llamaban filósofo. Sin embargo, en su soledad, lloraba por semejante crimen.

Se desconocía en la fantasía frente al espejo. Desnuda era una anarquista de sí mismo.

Los vellos de la nariz se los arrancaba inconscientemente. Los más largos. Cuando se extasiaba en pleno desgarre comenzaban sus poemas.

Quería salvar al mundo de la destrucción pero fue alcanzado por la gran peste purulenta de la sapiencia humana.

Se ahorcaba hasta llegar a la presión sanguínea más fuerte de su rostro. Era su terapia diaria para convencerse de que estaba vivo aún.

Twitter: @Fractalicos


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Minificciones de Angélica Santa Olaya


Angélica Santa Olaya. México.

Nació en la ciudad de México en 1962. Es Licenciada en Periodismo y Comunicación Colectiva, Maestra en Historia y Etnohistoria becada por el CONACYT (2008-2010). Egresada de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM).  Primer lugar en dos concursos de cuento breve e infantil en México y Segundo Lugar en el V Certamen Internacional de Poesía "Victoria Siempre 2008", Entre Ríos, Argentina. Publicada en más de veinte antologías latino e iberoamericanas de cuento, poesía y teatro así como en diversos diarios y revistas nacionales e internacionales. Autora de Habitar el tiempo (México, 2005), Miro la tarde (Guanajuato, 2006), El Sollozo (México, 2006), Dedos de agua (México, 2006), El lado oscuro del espejo (Argentina, 2007),  Del aprendizaje del aire (Editorial Fivestar, Brasil, 2009) como traductora en coautoría con Tanussi Cardoso y Leo Lobos), Árbol de la Esperanza (miCielo Ediciones, México, 2011, 1ª. Edición / Catarsis Literaria El Drenaje, México, 2011, 2ª. Edición) y Sala de Esperas (Eterno Femenino Ediciones, México, 2012. Maestra de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Su obra ha sido traducida al rumano, portugués, italiano, catalán y, en preparación, la traducción al árabe.



DE PRINCIPIO A FIN
Y en el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. Y dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena: y separó Dios la luz de las tinieblas. Y un hombre, que todo lo vio, según dijo, se apresuró a contar la historia... y a cobrar un módico diezmo por contar la historia del Génesis por los siglos de los siglos...



EL QUE RÍE AL ÚLTIMO…

Todos querían su parcela en la luna. Brasileños, argentinos, chilenos... nadie podía quedarse atrás. Salvadoreños, venezolanos, cubanos, mexicanos y colombianos – queriendo salvar la vida- rompieron sus alcancías para pagar 51 dólares por un título de propiedad y un pasaporte a la luna. Cuando todos los compradores, centro y sudamericanos, estuvieron dentro de la nave que los llevaría al camino celeste para ocupar su propiedad, el american way of life extendió sus largos tentáculos y se dispuso a ocupar las tierras abandonadas en menos de lo que un tonto llegó a la luna, convirtiéndose, por fin, en el realizado sueño de todos.


EPIFANÍA

Era tan hermoso que decidió vigilarlo para que no se fuera. Se sentó en una piedra y no le quitó los ojos de encima ni un solo segundo.
Ese día no comió, ni bebió ni se preocupó de resguardarse para calmar el calor. De pronto, el sol, aburrido de sentirse observado, corrió a esconderse en el único lugar donde no podría ser visto por el hombre; dentro de él.  El hombre, inundado de luz, encegueció. Entonces vino la noche y ambos, hombre y sol, pudieron descansar. Al día siguiente el hombre sabía que, aún ciego, no estaba solo.


Angélica Santa Olaya D. R. ©





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Infierno de Laura Nicastro


INFIERNO  
En una mañana soleada sus multicolores alas de terciopelo se agitan, inquietas, dentro del frasco. Intenta volar hacia la luz, pero la pared transparente se lo impide. Una tapa le frena el ascenso. De pronto, por arriba, entra una ráfaga de aire y una gota enorme cae sobre su cabeza. En medio del insoportable ardor recuerda cómo, alguna vez, acercó un fósforo a la larga cabellera de la mujer.

Fotografía: Alexis Pérez-Luna
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Leve historia del mundo de Marcos Taracido

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Alteraciones de Ricardo Calderón Inca


DOBLAJE
Dos hombres se cruzan, se miran, se dan cuenta que son idénticos. Luego regresan y vuelven a observarse. Soy hermoso, se dice uno, el otro afirma con la cabeza.
Luego, ambos se abrazan dulcemente, hasta terminar por devorarse, el uno al otro.  

LA BANCA
Escuché decir a mi madre que volvería después de recibir la hostia. Pasaron minutos, varios minutos y mi madre jamás llegó. A veces pienso que sigue en la misa, formando cola, mientras yo la espero sentado con su imagen bajo la banca.

ENCUENTROS
Cogió la llave, el control de la habitación, subieron al tercer piso, llegaron a la puerta, entraron al cuarto, apagaron las luces, se desvistieron, pero dos parejas ya estaban en la cama.

TEORÍA Y PRÁCTICA
Había leído todos los libros del mundo. Se levantó de su sofá, sintió que nada podía detenerlo, tomó su cuerpo y se echó a la aventura más grande de su vida. Luego, una voz – ¿Ya cocinaste?
Regresó, cerró la puerta sin pausa. Comprendió, irremediablemente, que el hombre no solo vive de teorías.

DIOS
Mientras imaginaba la existencia de dios, Él figuraba mi existencia. Al fin y al cabo, ambos, éramos solo imaginación.

ANGUSTIA
Un susurro le dijo: Has escrito el microrrelato perfecto. Lloró toda la noche.

EPITAFIO AL EXTRANJERO
“Aquí yace Mersault, junto a su madre que aún lo desconoce”.

SUSPIRO
¿Y si nos desintegramos? Le pregunté. Y nos evaporamos juntos en un solo vuelo.

AMOR EN RED
Se conocieron por correo electrónico, luego vino Facebook y nada volvió a ser como antes.

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