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Minificción de los Jueves: Juan José Arreola

http://www.el-nacional.com/papel_literario/Minificcion-jueves-Juan-Jose-Arreola_0_560344056.html
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Minificción de los Jueves: David Roas

http://www.el-nacional.com/papel_literario/Minificcion-jueves-David-Roas_0_556744321.html
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Plesiosaurio nº7

Compartimos la última edición de la Revista Plesiosaurio "Primera revista de ficción breve peruana" Año VII, Nº 7, Vol. 1. Lima, diciembre de 2014.
http://www.mediafire.com/view/v6nqss2vq8adndw/Plesiosaurio_7_-_1.pdf
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Minificción de los jueves: Ildiko Nassr

http://www.el-nacional.com/papel_literario/Minificcion-jueves-Ildiko-Nassr_0_551944882.html
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Minificción de los Jueves: Gabriel Jiménez Emán

http://www.el-nacional.com/papel_literario/Minificcion-jueves-Gabriel-Jimenez-Eman_0_544745663.html
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Primer Concurso Nacional de Microficciones Teatrales Cipolletti 2015

La Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Cipolletti, Provincia de Río Negro, convoca a participar del:
“Primer Concurso Nacional de Microficciones Teatrales Cipolletti 2015”

Bases del Concurso

1.        Podrán participar todos los escritores que lo deseen, de cualquier nacionalidad, a partir de los 18 años de edad cumplidos, siempre que tengan residencia en la República Argentina.
2.        Las obras estarán escritas en español.
3.        Deberán ser obras de dramaturgia, en cualquiera de sus modalidades (diálogo, monólogo, soliloquio, etc.)
4.        La extensión de cada obra deberá ser de 350 palabras como máximo, incluyendo el título, las eventuales didascalias, notas, etc.
5.        La temática será libre.
6.        La participación será libre y gratuita.
7.        No se admitirán obras en co-autoría.
8.        Los trabajos serán originales e inéditos y no se hallarán concursando en ningún otro concurso, selección o certamen. No se admitirán textos que hayan sido publicados en papel o de forma electrónica en blogs, páginas web, redes sociales, etc.
9.        Cada autor podrá presentar hasta dos (2) obras. El autor que envíe más de dos obras será descalificado.
10.     Las obras se enviarán exclusivamente por correo electrónico, a la dirección concursocipolletti2015@gmail.com
10.1.     En el “Asunto” del correo figurará el Seudónimo del autor.
En el cuerpo del mensaje figurarán  exclusivamente el Título de la obra (o de las dos obras) y el Seudónimo del autor.
10.2.     Cada obra, con su título, texto y seudónimo del autor estarán en un archivo Word adjunto al correo, escrito en letra Arial tamaño 12, interlineado simple. El nombre de ese archivo Word será “nombre de la obra.doc”  (o bien nombre de la obra.docx). Si el autor presenta dos obras, se adjuntarán dos archivos. (Ejemplo: si una obra se llamase Luna Apurada, el archivo se llamará “LunaApurada.doc”)
10.3.     En otro archivo word figurarán  los datos de identificación del concursante: nombre, domicilio, DNI, teléfono de contacto, correo electrónico, una breve reseña biográfica (de no más de 5 renglones), y  la frase “Dejo constancia, a modo de declaración jurada, que la obra (nombre de la obra) es inédita y de mi exclusiva autoría”. Esta nota  estará firmada (con firma escaneada).
El nombre de ese archivo Word será “Datos-seudónimo.doc” o Datos-seudónimo.docx. (Ejemplo: si el seudónimo fuera Atila, ese archivo se llamará “Datos-Atila.doc”)
10.4.     Nota: Las obras de un mismo autor deberán estar firmadas con el mismo seudónimo.
11.     La recepción de las obras se hará desde el 01 de febrero de 2015 hasta el 31 de Marzo de 2015, O HASTA QUE SE COMPLETE EL CUPO definido como sigue: Se recibirán como máximo obras de 300 autores, quienes serán incorporados por su riguroso orden de envío. Las obras recibidas a partir del día siguiente a que se complete el cupo ya no serán tenidas en cuenta.
12.     El fallo del Jurado de Selección, que será inapelable, tendrá lugar en el transcurso del mes de mayo de 2015. Se hará público por medios de comunicación, Internet y por correo electrónico a la dirección proporcionada por cada uno de los participantes que hayan sido seleccionados.
13.     Los textos seleccionados serán publicados en una antología, que será presentada en la XII Feria del Libro de Cipolletti, durante el mes de Agosto de 2015.
14.     Cada participante seleccionado recibirá gratuitamente 4 (cuatro) ejemplares de dicha antología. La entrega será por autor/a, no por cantidad de obras seleccionadas.
15.     Una selección de los textos publicados (o todos si fuera posible) serán representados en oportunidad de la XII Feria del Libro de Cipolletti, durante el mes de Agosto de 2015 y eventualmente durante el X Festival de Teatro de Cipolletti, en el mes de Setiembre de 2015 o también otras oportunidades.
16.     Los autores/as mantendrán sus derechos de autoría sobre las obras, pero autorizan la publicación y las representaciones mencionadas en los puntos 13 y 15 de estas bases.
17.     Los participantes seleccionados serán contactados por la Coordinación del Proyecto con el fin de ajustar los detalles de Edición, pedido de documentación adicional, etc.
18.     Los textos recibidos y no seleccionados serán borrados del registro del Proyecto a los 30 días de hecho público el fallo del Jurado de Selección.
19.     La participación en el concurso indica la aceptación de las presentes bases en su totalidad. La interpretación de las mismas, o de cualquier aspecto no previsto en ellas, corresponderá exclusivamente al jurado.
20.     El Jurado estará integrado por los escritores: Luisa Valenzuela, Eduardo Rovner y Raúl Brasca; y la Coordinación del Concurso estará a cargo del escritor Eduardo Gotthelf.

21.     Para cualquier diferencia que tuviera que dirimirse por vía judicial las partes se someten a la jurisdicción ordinaria competente en razón de la materia, correspondiente a la Provincia de Río Negro, República Argentina, con renuncia expresa a cualquier otro fuero o jurisdicción que pudiera corresponderles. 
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Minificción de los Jueves: Navideños

http://www.el-nacional.com/papel_literario/Minificciones-Navidenas_0_544745631.html
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Regalitos navideños de José Manuel Ortiz Soto y Alberto Benza

Este año los escritores José Manuel Ortiz Soto y Alberto Benza nos hacen estos regalos navideños. Gracias a ellos, gracias a los lectores y feliz navidad

JOSÉ MANUEL ORTIZ SOTO

INTERROGANTE
Que el viejo Santa Claus apareciera muerto, no sorprendió a nadie: la lista de quejas en su contra era enorme. “Y eso sólo en este pueblo”, dijo el Jefe de Policía en declaración a la prensa. “La pregunta es ¿qué hacía en pleno verano un tipo como él, armado hasta los dientes y con un barco repleto de mercancía china?”.

AÑO BISIESTO
El hombre detuvo el trineo e hizo una seña a la mujer para que se acercara.
―¿También trabajando en Nochebuena?
Ella habría querido decirle que necesitaba el dinero, que la vida en las calles es dura y acaba pronto con la juventud, pero...
―Mejor sube y hazme compañía ―interrumpió el gordo―. Trescientos sesenta y cinco días de asueto son demasiado tiempo, aún para un ermitaño como yo.

PURO CUENTO
Tras ser detenido en posesión de cocaína, Rodolfo el reno, se defendió:
―¿Qué... a poco creían que un hada iluminaba mi nariz?

NOVENA POSADA
Antes de aceptar el pesebre que el buen hombre ofrecía para que pasaran la noche, José quiso saber si entre los animales había palomas.
―Sólo tengo una mula y un buey ―se apuró a responder el hospedero.
―¡Alabado sea Dios! ―se santiguó el carpintero―. Dicen que la caca de pichón es mala para los bronquios de los niños ―agregó.

LA FOTO DEL RECUERDO
—¿Tú eres Santa? —preguntó el chiquillo sentado en las piernas del hombre regordete.
—La verdad, no. A mí me pagan por estar aquí fingiendo.
—Lo sabía. No por nada soy el Niño Dios.

NOCHE DE PAZ
Se enfunda en el enorme mono rojo y se siente ridículo. Habría podido ajustarlo, pero ¿un santaclaus escuálido? Bastante difícil está ya la competencia.
De un cajón del ropero saca un revólver, comprueba la carga y se lo guarda en el bolsillo. Esta noche hará el trabajo a su manera.

POR OBRA Y GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO
Las aves revolotearon alrededor de la mujer sentada en la banca.
―Estoy harto de vernos en estas condiciones ―se lamentó un ejemplar de palomo que voló hasta acurrucarse en su regazo.
María comenzó a desmenuzar un trozo de pan.
―Fue lo acordado entre José y el ángel Gabriel ―se excusó.
―Está bien. Se hará lo que se pueda…

DESPUÉS DE VACACIONES
 ―Nombre: desconocido. Edad aproximada: setenta, setenta y cinco años, quizá más…
Los estudiantes, en torno a la mesa de necropsias, escuchan atentos, toman notas.
—Se parece a Santa Claus —dice uno en voz baja.
—¡Estás loco! ¡Santa es inmortal! —replica otro.
—A mí se me hace que...
—¡Doctores, por favor! —El profesor interrumpe la inspección del cuerpo ensangrentado; el silencio se hace a su alrededor—. Prosigamos. El sujeto murió por ahorcamiento. Las palabras “impostor, ¡jo, jo, jo!” grabadas en su pecho…

ALBERTO BENZA GONZÁLEZ

NAVIDAD 1931                     
Los hermanos Slim lo vieron llegar con una bolsa grande, pero no era Santa Claus.
—Debe ser uno de esos comunistas radicales, y parece que tiene un cartucho de dinamita —dijo el mayor.
—No puede ser, Santa tiene traje verde y no se lleva a los niños —replicó el menor.
Ambos hermanos cerraron las ventanas y aseguraron las puertas. Después de unos minutos divisaron, a los lejos, al anciano de barba blanca que se retiraba, rumbo al polo norte, bebiendo una soda.

SUPAY
En mi pueblo la navidad es diferente: por las noches los niños abandonados nos ocultamos de Supay, esa criatura maligna. Pero no todo es tristeza, en las cuevas el chocolate siempre está caliente.

SILENCIO
A lo lejos apenas se escuchan los robos, ladridos de perros y gritos de niños hasta que, de pronto, ya no se escucha nada.
¡Ha llegado el Grinch!

BOMBARDAS
Recuerdo la Navidad con tremendas bombardas. Mi padre, abrazándome, decía: «No tengas miedo, se avecina la llegada de Papá Noel», y mi miedo se transformaba en paz. Después empezaba a oír más fuertes los fuegos artificiales. Mi padre agregaba: «Son los renos Donner (Trueno) y Blitzen (Relámpago) que están pasando por la chimenea». Esa noche recibí un tractor de regalo. Pero me hubiera gustado que fuera uno real, para así limpiar los escombros que dejó la guerra aquella Navidad.

LA CENA
Era víspera de Navidad y me encargaron vigilar al huésped de casa. Sabía que pasarían muchas horas, así que destapé el whisky y empecé a beber con él.
—¡Ya es hora de la cena! —dijo papá al caer la noche.
El invitado no podía ni ponerse en pie. Mis hermanos lo desvistieron, lo ataron a la mesa y gritaron: «¡La cena está servida!».

NAVIDAD
Luis me contó un secreto: que su padre era papá Noel.
—¿Cómo que es tu padre? —repliqué.

—En vísperas de Navidad bajé sigilosamente por las escaleras para ver mi regalo y divisé a mi madre haciendo el amor en la sala con un señor viejo y de barba blanca, era canoso y llevaba gafas. Al rato escuché que él le decía: «Aquí está el dinero y también estoy dejando un regalo para tu hijo».


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El futuro imperfecto de Eugenio Mandrini

Eugenio Mandrini es argenti- no, poeta, narrador, ensayista, guionista, columnista y especialista en tango. Ha publicado: Criaturas de los bosques de papel (1987), Antes que el viento se apague (1989), La Argentina en pedazos (1993), Campo de apariciones (1993), Discépolo y Dios (1998), Párpados para el ojo que sale de mí (1999), Los poetas del tango (2000); Conejos en la nieve (2008), Las otras criaturas (2013). Sus textos son elaborados, precisos y magníficamente bien escritos. VR 

MAMUT EN LA NOCHE INMENSA Soñó que el mamut muerto en el último invierno, el mamut más formidable, más temible y de más estremecedor pelaje oscuro que viera en su azarosa vida de cazador, volvía a buscarlo a él, de entre todos los hambrientos de la tribu que intervinieron en la cacería, sólo a él.
Después, la visión se trasladó a la realidad y el mamut aparecía, irremediable, en cualquier momento de la noche o cuando el fuego de la caverna volvía a la ceniza o aún mimetizado en la lluvia, en la niebla o en la humareda de los bosques incendiados. Entonces cerró todas las formas de la luz y la alucinación y se arrancó los ojos para no verlo más. Pero el mamut volvía siempre, irremediable, porque en el mundo de los ciegos, los ciegos ven.
ESTA PÁGINA ES MUY ROJA Abrió grande la boca, se introdujo una rosa roja y, pacientemente, para no dañar su belleza eterna, la fue tragando entera.
Después, volvió a sus ocupaciones diarias, a la espera de que algo grandioso sucediera dentro suyo: que brotaran de su boca, por ejemplo, jardines del paraíso y le colmaran los ojos.
Sin embargo, durante días nada de este mundo ni del más allá sucedió en su vida. Insatisfecho, fue en busca de una nueva rosa roja y al querer tomarla ­hecho insólitovio que ella temblaba, temblaba como de miedo, y enseguida, entre agitaciones, comenzó a deshojarse como una garúa trágica. Esa misma noche, abrumado, tomó un lápiz y un papel y trazó el dibujo de una rosa. Con el color que fluía del sendero abierto en una de sus venas, la pintó de rojo, y con las últimas gotas, escribió una sola palabra: Perdón.
Nunca sabremos si la rosa roja lo acosará en los sueños.

TANGO DEL LOBO Primero, faltó a la cita la niña de la caperuza roja.
Después, un eclipse oscureció la luna y debió morderse el aullido.
Por último, la manada lo declaró nada feroz, por esas gotas de soledad que le apagaban los ojos, y fue desalojado del bosque.
Hoy lame zapatos en la ciudad y en invierno busca el abrigo del sol como una abuela.
FUTURO IMPERFECTO El cielo estaba tan poblado de naves comerciales como antes lo estuvieron las calles de máquinas vertiginosas, que los pájaros se exiliaron en los árboles hasta mimetizarse en las hojas, iniciándose así la extinción de la especie por el inmenso dolor de no poder volar en ese aire sin aire, en ese cielo sin cielo.
De ese tiempo aún se conserva en una de las vitrinas del Museo de los Enigmas, un extraño objeto que algunos, por su forma, lo atribuyen a la pluma de un pájaro, y otros, por su brillo, a un resto de aquellas mañanas luminosas del antiguo cielo.
HOMBRE DE MUCHA FE Descendió del tren en una estación cualquiera de un pueblo desconocido, y la esperó.
Después, entró en los subsuelos de las catedrales, donde el silencio, de tan espeso, late, y la esperó.
Después la esperó subido a los árboles, a los puentes, a las terrazas, a las torres, a las montañas, a los aviones, a las nubes del sueño y, acaso, a algún ángel.
Después la esperó en la intemperie del invierno más impiadoso, temblando no de frío sino de esperanza, y además bajo la lluvia la esperó, hasta que el agua dolió como pedradas.
Llegó también a comprar un telescopio y esperó verla aparecer de entre los astros.
Lo encontré sentado en el banco de un parque, en silencio, mirando ardiente más allá de los árboles, del tiempo, del desvarío. Le pregunté: -¿A quién espera tan tenazmente? Sin dejar de mirar el fuego de la distancia, contestó: -A la Felicidad. ¿A quién otra podía ser? Me senté a su lado.
RAÍCES Con el último golpe del hacha, el árbol cae pesadamente al suelo. Sin embargo, los pájaros permanecen inmóviles donde antes estuvieron las ramas. Acaso porque sólo son la sombra de esos pájaros. Acaso porque esos pájaros miraban demasiado la distancia y la distancia los hipnotizó. O acaso porque la memoria del árbol muere después. 
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Minificción de los Jueves: Alejandro Bentivoglio

http://www.el-nacional.com/papel_literario/Minificcion-jueves-Alejandro-Bentivoglio_0_539346163.html
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Dúos de Alfonso Pedraza

Alfonso Pedraza, México, es médico cirujano, pero tiene una amplia labor como escritor y promotor literario. Es el fundador y coodinador de Ficticia, (http://www.ficticia.com/index.html), página web donde se combinan antologías, publicaciones y  un taller de minificciones que se ha mantenido por lustros.  Ha publicado en Libro de los seres no imaginarios y Alebrije de palabras y compiló las antologías Cien Fictimínimos. Microrrelatario de Ficticia y Cuentistas brevísimos de EL CUENTO, revista de imaginación. Maneja los blogs: Arca Ficticia (www.arcaficticia.com); Minificciones de “El cuento, revista de imaginación (www.minisdelcuento.wordpress.com) y Plasticidades (www.plasticidades.wordpress.com). Sus magníficos textos minificcionales, llenos de elipsis y matices, esconden bajo su cuidada factura, crueldades, horrores y oscuridades. VR


FEELINGS
Un cañón de pistola bajo la mandíbula me inyectó el reptil. Sentí su piel fría y viscosa deslizarse veloz por todo el cuerpo. Aceleró mi corazón. Oprimió pulmón y genitales. Rebotó desde el culo al estómago colmando de un humor a cloaca mi boca seca.
—¡No voltees que te lleva la chingada! —tronó una voz en mi oído izquierdo y quedé paralizado gran rato hasta que no sentí su presencia.
Me quedé con el cuello ardiendo, los bolsillos vacíos, los pantalones mojados y preñado de su simiente que nunca podré dar a luz.

FEELINGS II
Días y noches de llanto incesante por el dolor que le causa un tumor cerebral. Mi hijo yace en esta cuna de hospital con la cabecita apoyada sobre duras bolsas de hielo.
Misericordia llega en forma de un delicado almohadón de lino, relleno de plumón de oca y con aroma a jazmín. Lo tomo y presiono sobre su carita hasta que cesan sus quejas.

DEFINICIÓN
Del plato a la boca de la botella de tinto (Merlot, cosecha 2001) vuela una mosca (musca domestica).
De la hornilla al fregadero la madre (ama de casa hacendosa, 40 años, religiosa a morir) prepara el puchero.
Del metro (transporte urbano subterráneo) a la estación de autobuses corre una niña (14 años, hasta ese momento estudiante) en busca de sí misma.
Del sujetapapeles del refri (20 pulgadas, sin escarcha y con fábrica de cubitos) cae al suelo una nota (letra casi infantil, con un adiós y un ruego).
De las manos resbala la olla y al suelo se cae la sopa (pasta de sémola de grano duro).

HÁGASE, SEÑOR, TU VOLUNTAD
Del plato a la boca, directamente y sin utensilio alguno, el hombre desea engullir su comida.
De modo que al inclinarse a tomar la bandeja entre las manos, hace una reverencia a la tierra que le alimenta. Y al apurar su puchero poco a poco eleva la cabeza y las manos, en señal de gratitud, al cielo que le provee.
Pero lo más importante es que de esa forma no se cae la sopa.

VIVIR, UN CANTO DE ABEJAS.
En el verdor del prado mi niña da unos pasitos tomada de mi falda, aún no habla, me da un beso y le canto «Se oyen las abejas zumbar en el jardín…».
El uniforme del colegio hace ver linda a mi niña, me trae una flor, me la coloca en el pelo, me da un beso y cantamos «…cogeremos una que zumbe para ti…».
La melodía calma mis angustias y dolores, mi niña deja su valija en el piso, coloca un chal sobre los hombros, me da un beso y cantamos «…zum, zum, zum, déjame salir…».
Mi niña coge la silla y me conduce adentro. Su hija, me da un beso y cantamos «…zum, zum, zum, ya te puedes ir».

TOTA PULCRA
¿Cómo?
¿Es mi madre quien yace desnuda junto a mí?
¿En qué momento empezó a llenarme de besos, de caricias?
¿Cuál es esa sensación maravillosa que me recorre el cuerpo?
¿Qué fuerza impulsa mis manos para tocarla y asirme a sus pechos?
Justo, cuando empiezo a penetrarla: comienza a tararear la misma nana de siempre y mi cuerpo, empequeñeciéndose, se introduce por completo en un viaje de retorno a sus entrañas.
Y ya no siento frío.

PALEOGRAFÍA SÚBITA
¿Son rupestres? Pensé al verlas.
No era posible estar seguro en esa media luz y el tufillo del lugar no dejaba concentrarme al máximo. Se notaba, además, la presencia humana por algunos grafittis que acompañaban las imágenes en ese muro sucio y avejentado.
Repasé mentalmente lo que en mis clases de arqueología eran primordiales: La altura en que estaban sobre el piso, la profundidad y textura de la inscripción, la firmeza del trazo; todo con el propósito de dar un juicio probo.
Al poco tiempo desistí y salí rápidamente del lugar.
¡Los viajes mentales que debo hacer cuando utilizo los sanitarios públicos!

FALLO SINCRÉTICO
Los australopitecus ojeaban con recelo a los paranthropus, mientras los hommo erectus y hommo habilis, de reojo, los repasaban con desdén. Los ardiphitecus observaban idiotizados al grupo entero. Todos, expectantes, se miraban entre sí.
Hommo sapiens, con aires de grandeza, pidió auscultarlos uno por uno y concluyó que ante la integridad de sus cuerpos; fue a Eslabón Perdido a quien se le extrajo la costilla en el edén.

CANDOR
La manzana cree aprisionar al gusano.

EUTANASIA PARA MI CUENTO

Fin.
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Minificción de los jueves: Nana Rodríguez Romero

http://www.el-nacional.com/papel_literario/Minificcion-jueves-Nana-Rodriguez-Romero_0_535146673.html
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Quimeras de Cecilia Eudave



Cecilia Eudave (México, 1968). Narradora y ensayista. Ha publicado varias novelas, ensayos y libros infantiles. Entre sus libros de cuentos destacan: Técnicamente humanos (1996), Invenciones enfermas (1997), Registro de Imposibles (2000), Países Inexistentes (2004), Sirenas de Mercurio (2007) y Técnicamente humanos y Otras historias extraviadas (2010). VR
 
LO INESTABLE
Cuando te levantas por la mañana lo único seguro que tienes es el rostro. Ni tu nombre sabes, ni tu nuevo oficio, profesión u ocio. Sales de la casa donde dormiste, o desayunas con quienes en esos momentos son tus hijos, pero para el día siguiente, quizá no poseerás ni mujer ni niños, ni perro ni casa. El otro día se convierte siempre en un estrepitoso escalofrío, pues ya no tienes a los mismos amigos ni al mismo jefe. Ya no te llaman por el nombre de ayer ni eres indispensable para quienes el día anterior te amaban. Así es vivir en Tabi, un constante renacer en el mismo cuerpo que también cambia porque te haces viejo y, al final de la jornada, ni siquiera sabes qué idioma hablarás ni en qué región de este viajero país vas a habitar. El único norte, aquí, es un río, que por un motivo desconocido, siempre divide en dos el territorio.
Sólo existe una ventaja para los tabianos: no viven de recuerdos...

LA MASCOTA IMAGINARIA
Mientras miraba el color particular de las jacarandas y tomaba mi te me vino de inmediato un recuerdo triste, estremecedor: mi primera mascota. No es que e sta fuera malvada o agresiva, todo lo contrario, era una criatura dulce, delicada y extremadamente inteligente --ella me enseñó a leer--, con un cuerpo esbelto de color jacaranda, tan delgada que podía pasar por separador de libro. Fue mi mejor amiga, iba conmigo a todas partes, dormía en la cama, paseaba en el bolso, jugaba mis juegos, me arrullaba de noche. Ella siempre vigiló los sueños y mientras estuvo a mi lado jamás oso pesadilla alguna aterrizar en mi cabeza.

Yo hablaba de ella todo el tiempo y explicaba sus maravillosas cualidades, sobre todo cómo con sus finísimas manos de dedos largos golpeaba el libro cuando me equivocaba en la lectura, o lanzaba un gritito agudo pero delicioso en caso de que invirtiera o cambiara una palabra. Era genial, pero insistían en que era imaginaria.
Nadie quería conocerla, todos o se reían de mí o me miraban raro, y para colmo comenzaron a insultarme. Al principio no me importó, pero con el tiempo me irritaron sus comentarios, era ya la loca que hablaba sola. Entonces pasó lo que tenía que pasar, me enfadé con mi mascota: «¿por qué eres imaginaria?», le recriminé, mientras ella me observaba con sus enormes ojos verdes. Luego creo que se deslizó hasta un libro e insistió agitando su cola de lagartija para que lo leyéramos juntas. Sobra decir que me encolericé al verla tan quitada de la pena y yo sufriendo enormidades por su culpa. Así, la tomé con violencia y la metí en una cajita metálica, misma que refundí en lo más profundo de mi clóset. Salí corriendo de mi habitación y no volví hasta la noche.
Escuché su llanto, creo que tres días o diez noches, ya no sé: luego se convirtió aquello en gritos, después en lamentos cada vez más débiles y dolorosos. Yo me tapaba los oídos repitiéndome a mí misma: «es imaginaria, es imaginara» mientras sollozaba bajo las sábanas. Con el paso del tiempo cesó aquello y yo me fui olvidando del asunto. Hasta que años más tarde, estaría yo por partir a la universidad y haciendo limpieza de mi habitación, encontré la cajita en el fondo del armario. Un ligero escalofrío se coló por mi espalda, la abrí apresuradamente. Al ver ese minúsculo esqueleto blanquecino, arcaico como hoja de un viejo volumen de historia natural, comprendí de golpe la certeza que intenté ocultar bajo las sábanas: las peores crueldades siempre se cometen por creer tan ciegamente en la razón de los otros.
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Minificción de los jueves: Alfredo Chacón

http://www.el-nacional.com/papel_literario/Minificcion-jueves-Alfredo-Chacon_0_530947052.html
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Edmundo Valadés: Enigmas. Homenaje a Valadés 3/3

LA INCRÉDULA
Sin mujer a mi costado y con la excitación de deseos acuciosos y perentorios, arribé a un sueño obseso. En él se me apareció una, dispuesta a la complacencia. Estaba tan pródigo, que me pasé en su compañía de la hora nona a la hora sexta, cuando el canto del gallo. Abrí luego los ojos y ella misma, a mi diestra, con sonrisa benévola, me incitó a que la tomara. Le expliqué, con sorpresa y agotada excusa, que ya lo había hecho.
—Lo sé —respondió—, pero quiero estar cierta.
Yo no hice caso a su reclamo y volví a dormirme, profundamente, para no caer en una tentación irregular y quizá ya innecesaria.

ENIGMA
En el sueño, fascinado por la pesadilla, me vi alzando el puñal sobre el objeto de mi crimen.
Un instante, el único instante que podía cambiar mi designio y con él mi destino y el de otro ser, mi libertad y su muerte, su vida y mi esclavitud, la pesadilla se frustró y estuve despierto.
Al verme alzando el puñal sobre el objeto de mi crimen, comprendí que no era un sueño volver a decidir entre la vida o mi libertad, entre su muerte o mi esclavitud.
Cerré los ojos y asesté el golpe.
¿Son preso de mi crimen o víctima de un sueño?

MEMORIA
Cuando alguien muere, sus recuerdos y experiencias son concentrados en una colosal computadora, instalada en un planeta invisible. Allí queda la historia íntima de cada ser humano, para propósitos que no se pueden revelar.
Enfermo de curiosidad, el diablo ronda alrededor de ese planeta.

LA MARIONETA
El marionetista, ebrio, se tambalea mal sostenido por invisibles y precarios hilos. Sus ojos, en agonía alucinada, no atinan la esperanza de un soporte. Empujado o atraído por un caos de círculos y esguinces, trastabillea sobre el desorden de su camerino, eslabona angustias de inestabilidad, oscila hacia el vértigo de una inevitable caída. Y en última y frustrada resistencia, se despeña al fin como muñeco absurdo.
La marioneta —un payaso en cuyo rostro de madera asoma, tras el guiño sonriente, una nostalgia infinita— ha observado el drama de quien le da transitoria y ajena locomoción. Sus ojos parecen concebir lágrimas concretas, incapaz de ceder al marionetista la trama de los hilos con los cuales él adquiere movimiento.



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Edmundo Valadés: Ronda por el cuento brevísimo. Homenaje a Valadés 2/3

Desestimado en mucho como creación menor, la del miniaturista, el cuento breve o brevísimo no ha merecido ni recuento, ni historia, ni teoría, ni nombre específico universal, como lo demanda Marco Antonio Campos, salvo los que desde la revista El cuento le dimos de minicuento o minificción, y que han sido generalizándose. Pero su interés, su circulación, su creciente ejercicio y su valor como género literario han ido en ascenso: es ahora una elaboración que prolifera en las letras contemporáneas, y que se ensaya o se colma muy extensamente en nuestros países, sea en el estudio del escritor o en el taller de los que se inician en la narrativa: de allí su reproducción constante en revistas y suplementos y la multiplicación de libros forjados con minicuentos.
Su mayor difusión, impulso y estímulo se lo ha dado la revista El cuento, desde hace más de 25 años en que empezó a publicarlos profusamente, y que organizó el primer concurso de dichos textos, y es ya constante, diría que insoslayable, su inclusión en revistas y suplementos literarios. Incluso, incitó en Colombia a que se creara una publicación especializada en recogerlos: Ekuóreo. Una bibliografía de obras en tal especialidad haría evidente su múltiple presencia, quizás como reciente fenómeno creativo en la literatura latinoamericana contemporánea.
Expresivo de su beligerancia es este casi manifiesto lanzado por la revista Zona, de Barranquilla, Colombia, de Laurián Puerta, en el que se le concede función literaria subversiva: “Sacado de una de sus falsas costillas, el minicuento, ese extraño género del siglo XX, ha conducido al cuento clásico al camino de una estrepitosa bancarrota. Parece una afirmación temeraria. Pero es una rebelión inexorable que viene gestándose desde la cuentística inaugurada por Poe. La primera escaramuza fue con el relato breve. Y al minicuento se le ha encomendado la delicada misión de darle el tiro de gracia”.
En otra página se agregan, bajo un título de aire provocativo, “¡Ni un paso atrás, siempre en el minicuento!”, estos conminatorios postulados: “Concebido como un híbrido, un cruce entre el relato y el poema, el minicuento ha ido forjando su propia estructura. Apoyándose en pistas certeras se ha ido despojando de las expansiones y las catálisis, creando su propia unidad (!) lógica, amenazada continuamente por lo insólito que lleva guardado en su seno. La economía del lenguaje es su principal recurso que devela la sorpresa o el asombro. Su estructura se parece cada día a la del poema. La tensión, las pulsaciones internas, el ritmo y lo desconocido se albergan en su vientre para asaltar al lector y espolearle su imaginación. Narrado en un lenguaje coloquial o poético, siempre tiene un final de puñalada. Es como pisarle la cola a un alacrán para conocer su exacta dimensión… El cuento clásico ha sido domesticado, convertido en una sucesión de palabras sin encantamientos. El minicuento está llamado a liberar las palabras de toda atadura. Y a devolverle su poder mágico, ese poder de escandalizarnos… Diariamente hay que estar inventándolo. No posee fórmulas o reglas y por eso permanece silvestre o indomable. No se deja dominar ni encasillar y por eso tiende su puente hacia la poesía cuando le intentan aplicar normas académicas”.
Aparte de ciertas puntualizaciones que ameritaría este aguerrido manifiesto, no de ser otra certitud del auge de los significados actuales del cuento brevísimo, que encuentra allí partidarios que lo enarbolan como desideratum cuentístico. Otro signo del interés que despierta, es la relación sobre el cuento en Hispanoamérica, de Juan-Armando Epple, publicada en la revista argentina Puro Cuento, con valiosas sugerencias y datos respecto al género, y en la que señala que la revista El cuento, lo bautizó como “mini-cuento”, y que tales textos, para Enrique Anderson Imbert, son “cuentos en miniatura”.
Minificción, minicuento, micro-cuento, cuento brevísimo, arte conciso, cuento instantáneo, relampagueante, cápsula o revés de ingenio, síntesis imaginativa, artificio narrativo, ardid o artilugio prosísticos, golpe de gracia o trallazo humorístico, sea lo uno o lo otro, es al fin también perdurable creación literaria cuando ciñe certeramente su mínima pero difícil composición, que exige inventiva, ingenio, impecable oficio prosístico y, esencialmente, impostergable concentración e inflexible economía verbal, como señala José dela Colina, para los que él llama “cuentos rápidos”. La minificción no puede ser poema en prosa, viñeta, estampa, anécdota, ocurrencia o chiste. Tiene que ser ni más ni menos eso: minificción. Y en ella lo que vale o funciona es el incidente a contar. El personaje, repetidamente notorio, es aditamento sujeto a la historia, o su pretexto. Aquí la acción es la que debe imperar sobre lo demás.
Para aludir a lo que es o debe ser este género, parto de la base tentativa, arriesgándome a pisar terreno muy resbaladizo, de considerar minificción al texto narrativo que no exceda de tres cuartos de cuartilla. Más no, porque rebasando tal obligada limitación, que implica resolver los problemas de apretujar una historia fulminante en unas quince o diecisiete líneas mecanografiadas a doble espacio, sería posiblemente cuento. ¿O dónde se puede separar el espacio entre cuento y minificción?
Si me remito a las minificiones que más han cautivado, sorprendido o deslumbrado, encuentro en ellas una persistencia: que contienen una historia vertiginosa que desemboca en un golpe sorpresivo de ingenio. Así el suceso contado se resuelva por el absurdo o la solución que lo subvierte todo, delirante o surrealista, vale si la descomposición de lo lógico hasta la extravagancia, lo inverosímil o la enormidad, posee el toque que suscite el estupor o el pasmo legítimos si se ha podido tramar la mentira convalida estrategia. Temática frecuente del minicuento, quizás la más localizable, es el reverso, la contraposición a historias verídicas, estableciendo situaciones o desenlaces opuestos a incidentes famosos, reales o imaginarios, o las prolongaciones del antiguo juego entre sueño y realidad, o invención de seres o regiones ficticias, como serían los casos de Michaux, Borges, Calvino, por citar algunos entre los más admirables.
Las más de las veces, lo que opera en las minificciones certeras o afortunadas es un inesperado golpe final de ingenio, cristalizado en contadas líneas, en una fórmula compacta de humorismo, ironía, sátira o sorpresa, si no todo simultáneo. Otra ocurrencia es la alteración de la realidad, en mucho por el sistema surrealista, al ser transformada por el absurdo, de modo inconcebible o desquiciante, creando una como cuarta dimensión, en la que se violentan todas las reglas de lo posible.
El cuento brevísimo es invención oriental, quizás mas particularmente china, por estar en su literatura, creada hace siglos, algunos de los mas redondo y ejemplares. En libros sagrados o históricos, de la mas remota antigüedad, hay insertos algunos inesperados o fortuitos, disimulados como partes de un texto dilatado, que al ser extraídos, adquieren calidad de inopinadas o reconquistadas miniaturas narrativas. En El Talmud o en sus similares árabes, hindúes, etcétera, proliferan casi siempre propuestos como sabios consejos metafóricos de una religión, de una ética o una tradición en los usos y costumbres, deviniendo a veces en minificciones, porque aunque no se lo hubieran propuesto, a sus autores, generalmente anónimos, les brotó de pronto el género. Los hay deliciosos, en El libro las mil noches y una noche, y posteriormente en otros libros occidentales como el Novellino, por dar un ejemplo.
Algunos clásicos españoles los retoman de literaturas orientales o del propio acervo folklórico, con deliberación y gracia: baste citar a Juan Timoneda, uno de los más perdurables, y a Juan Rufo o Juan Aragonés, entre otros. Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, en preciada antología Cuentos breves y extraordinarios, extraen, ubicándolos o casi forjándolos, al descubrirlos en obras voluminosas, por medio de múltiples y atentas lecturas, textos mínimos de diversos autores clásicos o modernos, y que al ser atrapados adquirieron naturaleza de minicuentos, en una tarea explorativa que yo he extendido en El libro de la imaginación.
Tal vez podría determinarse el año de 1917 como el de la fundación del cuento brevísimo moderno en México y demás países de Latinoamérica, con uno, titulado A Circe, primer texto con que se abre un libro entonces de insospechadas radiaciones e influencias, Ensayos y poemas, editado ese año y que le daría celebridad a largo plazo al cuento y su entonces joven autor, el mexicano Julio Torri, que frisaba entonces en los 28 años.
Hay cierto consenso en que esa mínima prosa es la pequeña obra maestra suya, pues en mucho contiene su estilo conciso, irónico, malicioso, de elaborada exactitud idiomática. Texto que con otros de su libro Ensayos y poemas influirán primero, induciendo a varios de sus contemporáneos a forjarlos: Genaro Estrada, Carlos Díaz Dufóo, Mariano Silva y Aceves; más tarde en Novo, que los colma maliciosamente, dejando varios felizmente antologables, y de seguro en la serie que envuelve Tapioca Inn; de Francisco Tario, comprimidos de grato humorismo y fantasía, y que prosiguen en sus cuentos de fantasmas, “donde lo vivo y lo muerto juegan alegre y despreocupadamente”, y luego en la generación que por los años cincuenta lo redescubre, lo revaloriza con mas atenta mirada crítica, suscitándose con “Circe”, una secuencia dedicada a Ulises, que tramarán en un contrapunto de juguetonas versiones, el español Agustí Bartra y los mexicanos Salvador Elizondo y Marco Antonio Campos, entre otros más aquí y en países sudamericanos.
Pero la repercusión de Torri actúa particularmente en el caso excepcional de Juan José Arreola, quien burilará milagrosos textos y cuentos en los que corretean graciosas socarronerías y un incisivo y mortal aire irónico, en una operación de magnánimo y variado ingenio, para convertirse en uno de los grandes alborozos de nuestra literatura, o quizás en su gran alborozo. La obra de Arreola influye a su vez incalculablemente en la generación de los años cincuenta y más allá, y la que debido a esa activación, revaloriza a Torri y se nutre de sus enseñanzas idiomáticas y del ejemplo de que en sus textos “ninguna palabra estuvo de más”.
En este vistazo a otras expresiones de la ficción breve del siglo XX, recurriendo a la memoria, Franz Kafka elabora maestrías de mínima medida en las que reaparecen los temas profundos de sus novelas, artefactos explosivos para detonar angustias y conflictos del destino humano. Y Ambrose Bierce, cabecilla de lo corrosivo, de la sátira fulminante sobre la condición humana a la que desnuda con pinzas de acero escéptico. Hay que mencionar a un cuantioso creador de ellas, Ramón Gómez dela Serna, quien en su libro Caprichos forja unas doscientas, entre las cuales, si no todas, las hay magníficas y logradas. Que yo sepa, ningún otro escritor en nuestro idioma ha intentado tantas.
Jules Renard es gran maestro de minificciones, muy pródigo en ocuparse de personajes y detalles de su Francia rural, en textos irónicos, y quien llega a una especie de hai-kú en prosa, al dar aguda y personal visión del mundo animal. Entre otros franceses, está Max Jacob, que las despliega en su Cornet à dès, con intención más bien poética y, en primera línea, Henry Michaux, portentoso fabulador de textos breves, con los que urde países, ciudades y personajes insólitos, como se ha dicho, nacidos de una riquísima imaginación, de la experiencia onírica o del influjo de la droga, en libros de inventiva fascinante. En Michaux es muy posible que Julio Cortázar encontrara la veta para sus cronopios y famas e Italo Calvino la fuente para establecer sus ciudades invisibles, seductora geografía imaginaria. Jean Cocteau, muy versátil, nos ha dejado miniaturas de singulares efectos, porque parecen la trampa de un prestidigitador.
Quizás el juego entre sueño y realidad, muy chino, se contemporiza con Borges, autor de minificciones ejemplares con alusiones a animales ficticios, para que se repita soberbiamente ese artificio inalcanzable que había de multiplicarse. Entre más escritores argentinos, numerosos, que frecuentan tal zona literaria, Enrique Anderson Imbert es diestro y feraz en maquinar múltiples minificciones, en tanto que Marco Denevi atina incansablemente en reversiones anti-históricas. Anoto de él un libro delicioso, Falsificaciones, por su ingenio en reinvenciones relampagueantes, así como Héctor Sandro, de los más notables en el arte conciso, Y entre otros mencionables, a Ana María Shúa y a Rodolfo Modern, que en un libro aparentemente chino, logra válidas réplicas a versiones de clásicos chinos.
Entre los españoles, A. F. Molina, con sus libros Arando en la madera y Dentro de un embudo, realiza travesuras de desenfrenado humor negro, en tanto que Alfonso Ibarrola es creador de textos de un extraordinario humorismo: su “La Aventura” es una de las mejores brevedades, en esa tesitura, definitivamente antológica. El chileno Alfonso Alcalde, en Epifanía cruda, agrupa una serie inaudita de comprimidos, con impecable factura en la línea de lo absurdo y del humor negro, y que él mismo considera señales de humo, parpadeos de la memoria, hitos de la imaginación, contraseñas o borradores de historias que se quedan debajo de la lengua, entre dientes; o que son cuentos tan efímeros como el hipo, pero el verdadero, eso sí, puntualiza. Otro latinoamericano, el salvadoreño Álvaro Menén Desleal, es de los más consignables, así como su compatriota Ricardo Lindo. En la ciencia ficción mínima, el francés Jaques Stemberg y el belga Pierre Versins tienen textos memorables, porque condensan en ellos historias anticipadoras de lo que podrá acaecer a los terrícolas en siglos futuros, ya cuando entren en colisión con habitantes de otros planetas o cuando se cumpla totalmente su extinción.
Y para no extenderme más, así deje pendientes otras referencias que confirman el auge y la proliferación del género, paso al vuelo sobre autores mexicanos recientes. Perito en la concisión, uno de los mas notables ingenios de la sátira y la fábula en el siglo XX, Augusto Monterroso, apastilla textos de los que destilan burlas, de finísima gracia, y que resultan ejemplario, colmadamente divertido, de las debilidades o de las estupideces humanas. Donoso, juguetón, pero implacable e inflexible, de él dijo José Alvarado: “Augusto Monterroso es uno de los más lúcidos, misteriosos y sutiles prosistas en el castellano de hoy. Pedante fuera señalas su vago parentesco con Borges, Arreola, Marcel Schowb, Jules Renard, algunos ingleses y el mismo Azorín y, también la vertiente original de su expresión”. Cito de salida unos cuantos nombres más de los que sobresalen aquí en la minificción: José de la Colina, René Avilés Fabila, Felipe Garrido, Agustín Monsreal, Otto Raúl González, Olga Harmony, Leopoldo Borrás y Roberto Bañuelas, cantante de ópera que se da tiempo y afición constantes para preparar cápsulas de ingenio, varias de ellas perdurables por la agudeza con que las concentra y remata.
Digamos por último que la minificción es la gracia de la literatura.

Apareció en  El Cuento, Revista de Imaginación. No. 119-120 Julio-Diciembre 1991.


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