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Génesis de Ciudad Mínima. Festival de Microrrelatos



En el 2012, la directora de palabra.lab, Adelaida Jaramillo, planificó junto con el editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, la visita del escritor peruano Fernando Iwasaki al país.  Fernando iniciaba una gira por Chile que finalizaba en Perú, de tal manera que a través de la gestión de Juan, se coordinó una parada adicional en Guayaquil.  Sin embargo, conociendo que Fernando es también gestor cultural y promotor de lectura, traerlo para una sola actividad era desaprovecharlo, así que Adelaida decidió proponerle a un grupo de gestores jóvenes que hicieran una muestra de cortos (Hidrante Verde) y una antología (Camareta Cartonera).  Luego de la primera reunión acudió a los representantes del espacio NoMínimo y Gkillcity, quienes aportaron con ideas sobre las actividades que podían realizar para formar parte del “festival mínimo”, nombre que en una de las reuniones cambió a “Ciudad mínima” por sugerencia de Jessica Zambrano, integrante de Hidrante Verde.

Con el cronograma del festival armado se buscó auspiciantes que lo apoyen, no sólo económicamente, pero con ideas y difusión; y encontrada la financiación, que en parte salió de la empresa privada, pero también del bolsillo de los amigos, saltó una nueva inquietud: ¿por qué no traer también a Ana María Shua?  Una vez más, Juan puso en contacto a Adelaida con Ani, y entregándole su correo electrónico le dijo: ¿por qué no le preguntas a ella? Shua recibió el correo de invitación en un cyber en Paris mientras visitaba a su hermana y al proyecto le dijo que sí de inmediato.  Con todo asegurado: pasajes, recintos, programa, hotel, y todo aquello que pudiera hacer que el pan no se quemara en la puerta del horno, se invitó a los dos escritores locales: Solange Rodríguez y Luis Carlos Mussó a que prepararan un texto para acompañar a los autores internacionales en una mesa moderada por la crítica, y profesora de todos nosotros, Cecilia Ansaldo, y a José María León y Clarita Medina para que presenten los libros de los autores.  
Ya en el festival, y aprovechando que Fernando es un gran gestor cultural, se definió al segundo invitado, quien por cierto fue el primero en mencionarle la existencia del microcuento a Adelaida, en Guadalajara, un par de años atrás.  Así, lo que estaba supuesto a ser una presentación de un libro, terminó siendo un festival con tres ediciones por ahora, y que ha recibido a gente querida como Andrés Neuman, Edgar Allan García y en esta edición a Alberto Chimal, Carolina Andrade y Jorge Dávila Vázquez.

El éxito de las actividades no sólo se midió con la asistencia masiva a todos los eventos, pero un medidor interesante fue la atención suscitada en los jóvenes de colegios a quienes se les dio la posibilidad de crear para participar en el conversatorio con los escritores.  Sin duda, “Las palabras vuelan” fue el evento más cálido de todos.  Los chicos, ubicados sobre las gradas del Teatro Centro de Arte, soltaron aviones de papel en cuyo interior habían microcuentos que ellos habían escrito para ganarse un cupo en la charla.  Por ese motivo, la propuesta de escritura para jóvenes de colegios regresa en esta tercera edición.

En tres años, el festival se ha convertido en referente de actividades que promueven la micronarrativa en Hispanoamérica, y para honrar el lugar que le han concedido, se incluyeron los Ecos de Ciudad Mínima que contarán con lecturas de microcuentos, movidas tuiteras, escritura de ensayos y difusión del festival por parte de agrupaciones entre las que cuentan como adherentes la Jornada Peruana de Minificción en Lima, Perú; el Taller de escritura creativa Horizontal y el Festival de Escritores SM en Querétaro, México; la Compañía de Ánimas y Asociación Culltural Rumbos en Rosario, Argentina; Esta noche te cuento, Madrid, España; la Jornada Trinacional de Micronarrativa en Santiago, Chile; campaña de escritura @TWLetteratura, Milán, Italia; Ficción Mínima, Caracas, Venezuela; la campaña de lectura Cuentos y más, Buenos Aires, Argentina; la revista Penumbria de México.  Las agrupaciones se siguen sumando al festival con ideas y actividades alrededor de las formas breves en la lectura o escritura.

Los deseos de que el festival siga creciendo se van cumpliendo.  Seguro habrá novedades para la siguiente edición, cuyo invitado ya ha sido seleccionado.

Más información en http://www.ciudadminima.com/
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Minificción de los jueves

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Minificción de los jueves: Juan Romagnoli

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Abstinencia. Leonardo Alberto Espinoza



En un capítulo de Seinfield, George el mejor amigo del protagonista decide un día, más por incapacidad que por voluntad, dejar de tener sexo. Abstinencia que lo lleva a convertirse en una especie de sabio. Ya sin la preocupación constante de tener encuentros sexuales con sus fracasadas conquistas, su cerebro despierta y se entrega de lleno al saber, a la cultura y a la ciencia. En los pocos días que dura la sequía voluntaria reprimiendo su naturaleza conquistadora, George logra resolver problemas que ni los más importantes sabios del mundo han resuelto. Lo curioso del asunto es que esto que parece sólo una parodia, es cierto, yo lo viví en carne propia. Apenas ella me dejó, comenzó en mí un renacer intelectual que tuvo consecuencias memorables. En semanas ya sabía cuál fue primero entre la gallina y el huevo; había resuelto el problema del calentamiento global; tenía ya hecho un acuerdo de paz entre israelitas y palestinos  y, estaba a punto de descubrir el gen causante del cáncer, cuando de pronto sin avisar ella me envió aquel mensaje por wassp y aquella foto adjunta, y volví a ser el bruto de siempre. Así que, por ahora, el saber deberá esperar.

FOTOGRAFÍA: Alexis Pérez-Luna 
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Minificción de los jueves: Las Microlocas

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Minificción de los Jueves: Ednodio Quintero

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Cassette mezclado de Mirco Ferri

Lado A

·                     Purple haze

Éramos los raros, los renegados del grupo. Me pregunto por qué nos invitaban a las fiestas: ¿sería por solidaridad juvenil, o para reírse en secreto de nosotros? Eso ya no importa; lo cierto es que casi todos los sábados, en un lugar diferente cada vez, treinta o cuarenta adolescentes que estudiaban en el mismo colegio se reunían a bailar las canciones del top 100, que imponían el Capi Donzella o Napoleón Bravo en sus programas de radio. Nosotros también acudíamos a esas citas, pero pocas veces juntábamos el coraje necesario para sacar a alguna muchacha. Nos arrinconábamos en un extremo de la sala, y veíamos a las parejas contorsionarse envueltas en el humo espeso, coloreado de morado por las luces de la miniteca. En nuestros morrales, lo que sabíamos marcaba la diferencia entre nosotros y los demás: dos o tres elepés de Jimi, comprados por catálogo en Don Disco, que siempre cargábamos encima con la esperanza - jamás materializada - de ponerlos a sonar en el altar de la música. Cuando se los mostrábamos al improvisado disk jockey, sacerdote oficiante de aquellas misas paganas, los miraba con extrañeza, como diciendo "¿Quién es este loco?". Claro, eso fue antes de su muerte. Después de ella, todo el mundo hablaba de Jimi como si lo hubiera conocido desde siempre, y su música sonaba por doquier. Pero nosotros, los iniciados, sabíamos la verdad.

·                     Black magic woman
Romina era una mujer insignificante, anodina, que hubiera podido pasar desapercibida. Salvo por un detalle: sabía leer el Tarot, las manos y también el aura. Hacía cartas astrales y horóscopos a la medida. Desde que llegó a la urbanización su fama comenzó a propagarse, pues sus designios resultaron ser muy certeros. Instaló su consultorio psíquico en un apartamento y se dedicó a realizar consultas astrológicas; corrían rumores de que también preparaba pócimas para el amor, o para el odio. Curioso, acudí a ella para que me adivinara el futuro. Al verme negó con la cabeza y me dijo: "A ti no". Pregunté el motivo, y sólo contestó: "Tu aura presagia tragedias". Durante mucho tiempo insistí, sin lograr mi propósito. Me miraba con tristeza infinita, y con un gesto de la mano me despedía. Lo que al principio había tomado como un juego comenzó a inquietarme: ¿Qué habría visto la mujer en mí? Por fin un día ella desapareció de la misma manera misteriosa como había llegado, sin dejar rastro y - lo más grave - sin haberme comunicado su revelación. A partir de ese momento he consumido mi vida en la terrible sospecha de que alguna desgracia está al acecho. He consultado decenas de mentalistas, brujas, adivinadoras, pero ninguna de ellas me da algo de tranquilidad. No ven nada en particular, y me abruman con generalidades. Solamente Romina pudo ver más allá,  y no sé en donde encontrarla.
·                     Behind blue eyes
Estaba en la sala de espera de un especialista en ciertas patologías. Me lo había recomendado un colega del trabajo de mi entera confianza cuando al fin le comenté sobre mi condición, como si de un secreto  confesional se tratara. Yo buscaba dos cosas: eficacia, y sobre todo discreción;  mi amigo, veterano de decenas de esas batallas, me dio garantía sobre ambas. Así que solicité una cita, tras días de cavilaciones. Debía salir de la duda y, en caso de ser reales mis sospechas, comenzar el tratamiento cuanto antes. En la pequeña salita (un par de sofás enfrentados, una mesa de centro con revistas de hacía una década) nos hallábamos cinco personas, con aspecto de estar avergonzadas, evitando cualquier contacto visual.  Todas, excepto una. Sentía sobre mí una mirada poderosa, proveniente de la mujer que tenía justo en frente. Cuando osé levantar los ojos de la revista prehistórica que estaba leyendo, pude apreciar los suyos: azules, de un azul como el del cielo de diciembre. Bajé veloz la mirada, y durante todo el tiempo que pude (que no fue mucho, la verdad) traté de no volver a verla. Pero la curiosidad fue más poderosa, y comenzó el habitual juego de miradas que van y vienen, y en el que no sabes si te miran porque quieren mirarte o para saber si estás mirando. En esas ojeadas rasantes pude reconstruir a retazos la fisonomía de la mujer, quien sin ser una belleza tenía lo suyo: cabello oscuro y largo, una nariz con carácter, sin llegar a ser prominente, y la boca de regular tamaño, siempre a punto de sonreír. Mientras tanto el tiempo pasaba todo lo lento que puede pasar en la sala de espera de un médico, si  se anda con angustia e incertidumbre. Poco a poco fueron llamando a los demás pacientes: al parecer la dama de los ojos color de cielo y yo éramos los últimos en la lista, pues quedamos solos. Para el momento ya había tomado y descartado la mitad de las revistas disponibles. Cuando por fin la asistente mencionó mi nombre, me levanté y por un segundo estuve tentado de preguntarle a la mujer su nombre, y tal vez su número telefónico, pero me contuve: ¿cómo saber cuál enfermedad oculta y vergonzosa acechaba detrás de esos ojos azules?

·                     Wish you were here
Ausencias que te acompañan durante el resto de tu vida, se prenden como perros rabiosos de tus tobillos, vigilan tus sueños. Se vuelven presencias intangibles. Sabes que andan acechándote, esperando por un leve titubeo de la memoria para aparecer y penetrarte con el filo del recuerdo de sus acciones, que tanto te marcaron. Y deseas que volvieran a estar allí, de cuerpo presente, para tomar venganza de nuevo y regresarlas al infierno desde donde hoy te acosan, para que todo comience otra vez, en una eterna repetición.
 
·                     Death on two legs
"¡Cará, quien pudiera morir entre tus piernas!" le gritó el borrachito desparramado en la acera, desierta a esa hora de la madrugada,  a la mujer que le pasó al lado, monumento de unos ciento setenta centímetros de los cuales por lo menos noventa correspondían a sus gloriosas extremidades inferiores, generosamente expuestas gracias a la brevedad de la falda. Ella se detuvo un poco más adelante, bajo la luz de un anuncio de preservativos que la bañaba en neón, titubeó un instante y se devolvió hacia él. Cuando lo tuvo en frente, le dijo: "Voy a hacer realidad tu sueño" y subiéndose un poco más la falda le aprisionó la cabeza entre las piernas, hasta que un estertor agónico  le indicó que el beodo había obtenido lo que solicitara de manera tan irreflexiva. 

Lado B

·                     En la ciudad de la furia
Doce botellas vacías se alinean sobre el mostrador del bar. Doce hombres andan vagando por las calles en la hora más oscura de la noche, jinetes de vehículos que escupen humo y música a todo volumen. Los echaron del lugar al llegar la hora de cierre, pero el cuerpo les está exigiendo más: por lo tanto pisan a fondo el acelerador, persiguiendo a un fantasma, o tal vez huyendo de él. Doce corceles de metal cabalgados por doce ángeles caídos. El licor les anula la prudencia, los desinhibe, los envalentona: ningún carro que se les atraviesa en el camino queda sin rebasar. La autopista es trazado de justas medievales, en donde sólo puede haber un vencedor. Las luces, rojas, amarillas, blancas, verdes, se multiplican bajo la visión alterada por el alcohol, reflejadas en los espejos del pavimento humedecido de nocturnidad. Son doce proyectiles disparados al azar, que pueden, o no, dar en algún blanco. Es cuestión de suerte; los noticieros del día siguiente darán el parte de guerra.
·                     Siempre estás allí
No me abandonas nunca. En cada acto de mi vida, por más sencillo y banal que sea, estás presente. Ayer mismo, mientras me hallaba con una mujer cualquiera, buscando aturdimiento y satisfacción pasajera, no pude concretar nada pues estabas allí, mirándome con más perplejidad que reproche, como si no entendieras mi necesidad; no me quedó más remedio que dejarla en el cuarto del motel, con cualquier excusa. Con lo que me había costado convencerla. No puedo comer, beber, ni siquiera ir al baño con un poco de tranquilidad, pues tu presencia es agobiante e incesante. Maldigo el día cuando nací pegado a un hermano siamés.

·                     Sin sombra no hay luz
Escrito sobre una servilleta encontrada en Le Drugstore: "Un ruiseñor ciego le canta a una muchacha sorda. La muchacha conmovida le lleva un poco de alpiste, pero el pájaro es incapaz de buscarlo por su cuenta; ella  trata de ponérselo en la boca, pero el ruiseñor se asusta y se va volando, tropezando con todo lo que tiene alrededor. El ruiseñor, tal vez herido, se pierde en la espesura del bosque, y emite sonidos lastimeros que la muchacha no puede oír; sin embargo va por él a pesar de saber de antemano que su búsqueda será infructuosa. Así es nuestra relación, Amanda: yo soy el ciego, tú la sorda; te hablo y no me entiendes; me lastimas sin querer y huyo;  me buscas pero no me encuentras. Sin ti no existo, pero a la vez somos la negación el uno del otro; en un eterno claroscuro nos vamos encontrando y desencontrando".
·                     Yo no quiero volverme tan loco
Desde hace cierto tiempo he comenzado a notar que algo extraño me está pasando. La manera de percibir el aire, por ejemplo: siento cada molécula de oxígeno alimentar cada alvéolo de mis pulmones, y pasar al torrente sanguíneo para circular por todo mi cuerpo, hasta llegar al cerebro. Así como la comida que ingiero; desde el momento en que entra a mi boca, es masticada  y salivada cuidadosamente hasta convertirse en bolo alimenticio, baja al estómago para ser atacada por los jugos gástricos, se deposita en los intestinos para ser procesada y por fin los desechos son expulsados, tengo plena conciencia de todos esos actos que ocurren dentro de mi cuerpo. Y lo mismo me pasa con los sentidos. El tacto, por ejemplo. Al tomar el metro, las decenas de roces que tengo con los usuarios que me rodean son registrados, uno por uno, y puedo describirlos a pleno detalle. Con la vista es hasta peor: todo, absolutamente todo lo que veo, queda almacenado en mi memoria y lo puedo reproducir en cualquier momento. Y no es grato, sino todo lo contrario: gracias a mi facultad puedo decir que la mayoría de las cosas que vemos, sentimos, olemos, escuchamos y gustamos son un asco. Lo que pasa es que la gente suele olvidar lo desagradable y quedarse con lo que más le interesa: por eso dicen que la vida es bella. Yo no, yo sé la verdad: sé que la vida en general apesta, y que cada momento - los pocos agradables y los muchísimos desagradables - quedará grabado para siempre en mi memoria, para que lo vuelva a experimentar cada vez que a mi cerebro le de la gana de martirizarme. No es fácil vivir así; pienso que cualquier día todas esas sensaciones acumuladas van a desbordar el recipiente exiguo que es mi cuerpo, haciéndolo estallar en mil pedazos.
·                     Aviones plateados
Solía matar el ocio dominical echado sobre la arena candente del trópico. Buscaba playas poco frecuentadas, cosa bastante difícil en el litoral central, pero no imposible: en la franja de costa apiñada entre el Mar Caribe y la serranía, bordeada por la carretera que lleva a Los Caracas, todavía se pueden encontrar rincones poco visitados. Bañarse allí es asunto complicado, pues el mar es bravío. Por eso me limitaba a tomar el sol y recibir las salpicaduras de las olas que se estrellaban sin pausa contra las rocas,  convirtiéndose en llovizna salobre. Me contentaba con un paquete de seis cervezas, un libro y mi walkman para transcurrir el día, que de otra manera hubiera pasado lento y agobiante, en la misma casa de siempre, aguantando los reproches de mamá y esperando por la improbable llamada telefónica de Mireya. Llamada por la cual aguardaba desde hacía varios meses, con la terquedad suicida del que sabe tener la razón. Porque yo tenía la razón, Mireya, por más que hubieras dejado bien clara tu opinión en contrario la última vez que hablamos. Por eso, para evitar eso, escapaba hacia el mar, y mientras leía el libro idiota que me llevaba, escuchando el rock más endemoniado que pudiera encontrar en los anaqueles de Archivo Musical y que luego grababa en cassettes mezclados, un lado en inglés y el otro en español de acuerdo a mis particulares manías, sorbía poco a poco mi "six pack" y fantaseaba con ser uno de los pasajeros de los jets que me sobrevolaban, de cuando en cuando, y desaparecían imperceptiblemente en el horizonte.

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Las paleografías de Alfonso Pedraza



Alfonso Pedraza, México, es médico cirujano, pero tiene una amplia labor como escritor y promotor literario. Es el fundador y coordinador de Ficticia, (http://www.ficticia.com/index.html), página web donde se combinan antologías, publicaciones y un taller de minificciones que se ha mantenido por lustros.
Ha publicado el Libro de los seres no imaginarios y Alebrije de palabras y compiló las antologías Cien Fictimínimos. Microrrelatario de Ficticia y Cuentistas brevísimos de El cuento, revista de imaginación. Maneja los blogs: Arca Ficticia (www.arcaficticia.com); Minificciones de El cuento, revista de imaginación (www.minisdelcuento.wordpress.com) y Plasticidades (www.plasticidades.wordpress.com). Sus magníficos textos minificcionales, llenos de elipsis y matices, esconden bajo su cuidada factura, crueldades, horrores y oscuridades. VR


FEELINGS
Un cañón de pistola bajo la mandíbula me inyectó el reptil. Sentí su piel fría y viscosa deslizarse veloz por todo el cuerpo. Aceleró mi corazón. Oprimió pulmón y genitales.
Rebotó desde el culo al estómago colmando de un humor a cloaca mi boca seca.
--¡No voltees que te lleva la chingada! --tronó una voz en mi oído izquierdo y quedé paralizado gran rato hasta que no sentí su presencia.
Me quedé con el cuello ardiendo, los bolsillos vacíos, los pantalones mojados y preñado de su simiente que nunca podré dar a luz.


FEELINGS II
Días y noches de llanto incesante por el dolor que le causa un tumor cerebral. Mi hijo yace en esta cuna de hospital con la cabecita apoyada sobre duras bolsas de hielo.
Misericordia llega en forma de un delicado almohadón de lino, relleno de plumón de oca y con aroma a jazmín. Lo tomo y presiono sobre su carita hasta que cesan sus quejas.

DEFINICIÓN
Del plato a la boca de la botella de tinto (Merlot, cosecha 2001) vuela una mosca (musca domestica).
De la hornilla al fregadero la madre (ama de casa hacendosa, 40 años, religiosa a morir) prepara el puchero.
Del metro (transporte urbano subterráneo) a la estación de autobuses corre una niña (14 años, hasta ese momento estudiante) en busca de sí misma.
Del sujetapapeles del refri (20 pulgadas, sin escarcha y con fábrica de cubitos) cae al suelo una nota (letra casi infantil, con un adiós y un ruego).
De las manos resbala la olla y al suelo se cae la sopa (pasta de sémola de grano duro).


HÁGASE, SEÑOR, TU VOLUNTAD
Del plato a la boca, directamente y sin utensilio alguno, el hombre desea engullir su comida.
De modo que al inclinarse a tomar la bandeja entre las manos, hace una reverencia a la tierra que le alimenta. Y al apurar su puchero poco a poco eleva la cabeza y las manos, en señal de gratitud, al cielo que le provee.
Pero lo más importante es que de esa forma no se cae la sopa.


VIVIR, UN CANTO DE ABEJAS
En el verdor del prado mi niña da unos pasitos tomada de mi falda, aún no habla, me da un beso y le canto «Se oyen las abejas zumbar en el jardín...».
El uniforme del colegio hace ver linda a mi niña, me trae una flor, me la coloca en el pelo, me da un beso y cantamos «...cogeremos una que zumbe para ti...».
La melodía calma mis angustias y dolores, mi niña deja su valija en el piso, coloca un chal sobre los hombros, me da un beso y cantamos «...zum, zum, zum, déjame salir...».
Mi niña coge la silla y me conduce adentro. Su hija, me da un beso y cantamos «...zum, zum, zum, ya te puedes ir».


TOTA PULCRA
¿Cómo? ¿Es mi madre quien yace desnuda junto a mí? ¿En qué momento empezó a llenarme de besos, de caricias? ¿Cuál es esa sensación maravillosa que me recorre el cuerpo? ¿Qué fuerza impulsa mis manos para tocarla y asirme a sus pechos? Justo, cuando empiezo a penetrarla: comienza a tararear la misma nana de siempre y mi cuerpo, empequeñeciéndose, se introduce por completo en un viaje de retorno a sus entrañas.
Y ya no siento frío.


PALEOGRAFÍA SÚBITA
¿Son rupestres? Pensé al verlas.
No era posible estar seguro en esa media luz y el tufillo del lugar no dejaba concentrarme al máximo. Se notaba, además, la presencia humana por algunos graffitis que acompañaban las imágenes en ese muro sucio y avejentado.
Repasé mentalmente lo que en mis clases de arqueología eran primordiales: La altura en que estaban sobre el piso, la profundidad y textura de la inscripción, la firmeza del trazo; todo con el propósito de dar un juicio probo.
Al poco tiempo desistí y salí rápidamente del lugar.
¡Los viajes mentales que debo hacer cuando utilizo los sanitarios públicos!


FALLO SINCRÉTICO
Los austrolopitecus ojeaban con recelo a los paranthropus, mientras los hommo erectus y hommo habilis, de reojo, los repasaban con desdén. Los ardiphitecus observaban idiotizados al grupo entero. Todos, expectantes, se miraban entre sí.
Hommo sapiens, con aires de grandeza, pidió auscultarlos uno por uno y concluyó que ante la integridad de sus cuerpos; fue a Eslabón Perdido a quien se le extrajo la costilla en el edén.


CANDOR
La manzana cree aprisionar al gusano.


EUTANASIA PARA MI CUENTO
Fin.
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