Epifanías, de Nélida Cañas



Diluvio
Los ladrones desmantelaron la casa. Se llevaron todo. Pero no pudieron con el arca de árboles y flores salvados del diluvio, que todavía cae.

Recurso
Harto de las lluvias del verano en Jujuy. Agotados los pronósticos y la esperanza de un día de sol, recurrió a la magia: se puso a sahumar el cielo.

Pena de amor
Cuando conocí a Stephen Rose tenía poco más de diez años. Apenas lo vi me sentí extrañamente leve, desasida…Él era muy alto. Tenía el cabello negro, ensortijado. La piel morena. Era maestro de escuela. A menudo se lo veía ensimismado leyendo algún libro. Yo esperaba el recreo para mirarlo. Nunca pude hablarle ni siquiera acercarme lo suficiente como para saber qué leía. Un día salí al recreo y ya no estaba ahí. No estuvo ahí en los días que siguieron a ese día. Entonces supe de la ausencia. Y tuve mi primer pena de amor.

Defensa de la intimidad
Gregorio Samsa, ya convertido en cucaracha y despojado de todo cuanto ama, se aferra a una lámina, que él mismo pegara en la pared de su cuarto: una muchacha hermosa a la que cubre con su cuerpo.

Bibliófilo
Vivía con intensidad y arrobo. Tenía una sola pasión: los libros. Se llamaba Carlos Brauer. Vivía a orillas del mar y por las noches lo acunaba el incesante rumor de las palabras.

El baile
Marita se ha vestido con esmero. Una pollera ancha de seda rosa y una blusita de encaje con volados. Se ha peinado la melena, que le llega a los hombros y se ha maquillado. En los ojos un poco de rosa. Rubor en las mejillas. La boca, rosa salmón. Y se ha sentado en la puerta esperando que pasen a buscarla para ir a bailar. Ha pasado mucho tiempo. No sabe cuánto. El maquillaje se ha corrido y marca sus rasgos tristes. La pintura de los labios se ha metido en las arrugas alrededor de la boca. Un rictus amargo le ensombrece la cara. Ella sigue ahí. Inmóvil. La espalda pegada al respaldo de la silla. Los pies quietos. Desangelados. Olvidados del baile.

Epitafio
No conoció a Jean Giono ni las colinas desérticas donde el pastor solitario Eleazar Bouffier plantaba árboles soñando pájaros y manantiales. Pero a donde iba creaba un pequeño sitio para los árboles y las flores. Y en esta tarea de abonar el suelo y esperar la bienaventuranza de la lluvia se le fue la vida.


Nélida Cañas nació en Arroyo Cabral (Córdoba) y vivió por 25 años en Jujuy. Integra numerosas antologías y ha ganado premios nacionales e internacionales.
Ha publicado en poesía: Cifras del misterio, 1988; Sitial del vuelo, 1991; Animal de lo desconocido, 1997; Jaurías del alba, 1998; Dibujo de mujer, 1999; El agua y la greda, 2001; Una palmera en el fondo del cielo, 2004; Opus lunar, 2007, Mariposas de Pekín, 2012. Y en narrativa: De este lado del mundo, 1996 y Breve cielo, 2010. Integra las antologías de microrrelatos: El límite de la palabra, 2007, Monoambientes, 2008 y El microrrelato en Jujuy, 2012.

*La  obra plástica es El diluvio, de Miquel Barceló.                                                                       



1 comentarios:

Antonio | 18 de junio de 2012, 14:15

Excelentes micros. Gracias Sandra y, por supuesto, gracias a Nélida.

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