Servicios personales de Horacio Laitano

Servicios personales

 Cuando ella se informó sobre los robos, no dudó en llamar al detective. Un hombre canoso y regordete que siempre repetía algunas frases.

 “El delito se expande sin medida”. “Es preciso que adoptemos las primeras precauciones”. “No permita que nadie se le acerque o la salude”. “Aléjese de sus parientes y vecinos, hasta tanto lo autorice nuestra agencia”. “A partir de este momento, su casa estará altamente vigilada. Cierre por ahora la puerta y las ventanas y acostumbre a hacer lo mismo con otras aberturas”. “Si escucha las noticias por la radio, apague el aparato al terminar el noticiero”. “No acepte invitaciones de otra gente ni frecuente los cines por la noche”. “Y recuerde: si algún turista pretende seducirla, procure convocarnos de inmediato”. 

Severino, el pájaro y su jaula

-Es todo lo que tengo –dijo Severino a su vecina-: los restos de la casa y el pájaro en la jaula. Mire qué bonito. Observe su plumaje. Es un pájaro importado.
-¿Cuál es su procedencia? –preguntó la vecina a Severino.
-Lo trajeron de la India –contestó con énfasis y  orgullo.
-¿Y cómo lo trajeron?
-Supongo que en un barco –intervino la mujer que limpiaba la jaulita.
-¿Y usted cómo lo sabe? –inquirió sorprendido Severino.
-Me doy cuenta por su caca. Este pájaro ha sufrido el vértigo del agua.
-¿El vértigo del agua? –repitió con desconfianza la vecina.
-Por favor, no le demos importancia –se escuchó decir a Severino, mientras cerraba la puerta de la jaula. 

Fotografía: Alexis Pérez-Luna 

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