Ficticianos en Ficción Mínima






Jorge Oropeza

Nació en la Ciudad de México. Informático, lector empedernido, amante de la música, es tallerista en Ficticia.com, donde de vez en cuando desliza minificciones que buscan dar salida a sus obsesiones: la tecnología, lo divino, los sueños y el amor.

El Link de Area
“La línea consta de un número infinito de puntos", según Borges; "el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos” y el Internet, de un número infinito de páginas. Cuando el Dr. Pedraza me envió el link, imaginé que era una más de sus bromas (a menudo me enviaba correos en los que prometían acceso a páginas picantonas o conspiraciones descubiertas que, al final, mostraban el rostro de la niña del exorcista seguida del audio de un grito espeluznante). Sin embargo, en apenas dos líneas me advertía algo verdaderamente diferente, así que seguí el viaje.
Se trataba de un sitio de ficciones de autores que no reconocí. Probé leer alguna y resultó estupenda. Pero al regresar al índice no sólo encontré que éste cambió, sino que el cuento que había leído ya no estaba. Lo imaginé como parte del atractivo del portal, de manera que abrí una nueva historia, y luego otra, y otra...
Cada cuento era mejor que el anterior, e imposible de releer tras cerrarlo. Pensé que en algún momento se acabarían las historias. Refresqué cientos de veces la página, copié los títulos; ninguno se repitió. Convencido de que, como aquel libro de Arena, los cuentos en este portal no tenían fin; seguí leyendo cuanto texto pude, hasta que el cansancio me venció sobre mi teclado.
Al despertar, refresqué una vez más la página, y obtuve el fatídico mensaje “Página no encontrada”. No era mi equipo, ni la conexión a Internet, la página había dejado de responder. Y llevo 2555 días reintentándolo inútilmente.

Indecisión
Como cada noche, corre desnuda al encuentro del hombre amado tan pronto pone su cabeza en la almohada. Sin embargo, hoy no ha llegado el ideal, sino el hombre real.
Sorprendida, despierta. El hombre amado duerme a su lado.
Aterrada ha abierto los ojos. El hombre real sigue dormido. Y sin saber porqué, llora, llora larga y silenciosamente como cada noche.

Horas extraordinarias
A pesar de la escasa luz, podían apreciarse tanto los vestidos chillones y entallados, como el maquillaje ya descuidado tras la faena de la noche. Reunidas en torno al corpulento hombre, una a una, le entregaban cuentas del trabajo realizado y corrían a cambiarse. Cuando el sacristán pasó por la capilla del arcángel Miguel, se sorprendió al escuchar fugaces aleteos.

Génesis
El discurso de Zeus al inaugurar la era Andrógina fue sublime: nada de vivir separados del ser amado, ahora serán literalmente uno mismo. Y si bien hemos tenido algunos problemas menores como la sincronía de cuatro piernas y cuatro brazos, lo que me tiene más molesto es el asunto de la reproducción. Zeus nos prometió que podríamos tener sexo cuantas veces quisiéramos, ya que en un mismo ser habría un órgano masculino y uno femenino. Solo que alguien cometió un estúpido error de diseño, porque mi órgano sexual apunta para un lado, y el de mi compañera para el otro. Físicamente, jamás podremos copular. Esto es inadmisible. Seguramente estos dioses que nos han tocado son una punta de principiantes. He escuchado que es tal el descontento, que a Zeus no le ha quedado más remedio que dividir a los andróginos con sus rayos. Menos mal. Espero con ansias mi turno.

Ex Libris II


Durante quince años busqué en toda librería, puesto, tianguis y catálogo el mismo libro, uno que perdí por extrañas razones y del que ansiaba volver a leer sus magníficas historias, que encendieron en mí la pasión por la lectura y el escribir. Ahora que descansa ese libro en mi anaquel no me atrevo a leerlo: temo que no sea tal y como lo recuerdo. Más aún, temo incluso algo peor: que desaparezca mi pasión.

La última noche
Era la última noche. No podría tenerla nunca más entre sus brazos. La amó durante cinco años a pesar de que ambos estaban casados con otras personas. Así, mientras el público aplaudía de pie, el actor no pudo contener un llanto de auténtica pasión.

Maria siempre Virgen
Poco a poco, María comenzó a regresar del sueño. El calor en la entrepierna aún permanecía. Los recuerdos borrosos y húmedos de la noche anterior la hicieron sonreír, mientras su mano quincuagenaria acariciaba, temblorosa de pasión, el gallardo y apuesto rostro de San Gabriel en su buró. Al abrir las sábanas, algunas plumas blancas enormes volaron por la habitación.

6 comentarios:

siempreconhistorias | 3 de marzo de 2009, 1:57

Todo un placer conocer a este ficcticiano tecnológico. El ex libris me pudo.
Un saludo.
Izaskun

Anónimo | 4 de marzo de 2009, 18:37

Felicidades, don Jorge, de un ficticiano cuyas minis eliges de vez en cuando -¡y van años- y que te tiene en gran aprecio.

Un abrazo ibérico.

Anónimo | 4 de marzo de 2009, 18:38

Buenas historias, don Jorge.

Un abrazo.

Anónimo | 4 de marzo de 2009, 21:22

Me gustan todas, pero mi favorita es La última noche.

felicidades, y recibe un gran primoabrazote.

amelie Olaiz | 6 de marzo de 2009, 21:03

Felicidades Jorge, es tan agradable leerte de nuevo...tienes una voz narrativa muy cálida, no importa el tema que toques.

Anónimo | 4 de enero de 2010, 19:27

Gracias, esas palabras siempre tentandome a pensar a ir más allá de las palabras que hace ya muchos años por instantes hice mías.

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