Para enterrar al puerto de Arnoldo Rosas

MAL DE AMORES La carcajada fue general cuando dijo que estaba enamorado de una sirena. Hoy todos están en la mar buscando su cadáver.  

SACRIFICIO Llegó un día y dijo: No comprendo cómo este pueblo, ¡casi una ciudad!, que tiene dos curas, un bar frente a la plaza, más de cinco mil habitantes, su cancha de bolas criollas, tres galleras, su burdel con cuatro putas, dos ferreterías, veinte bodegas, un Club Progreso, un paseo frente a la playa con su fuente y todo, ¡no tiene un loco! Es inconcebible: con quién, entonces, los muchachos van a descargar su violencia, a quién le van a poner sobrenombres, a gritar groserías, a tirarle piedras. Con quién nuestras pías damas van a ejercer la caridad para obtener su justo puesto en el Cielo. A quién le vamos a echar las culpas de los desastres. Con quién vamos a asustar a los muchachitos para que se coman la comida y se acuesten temprano. ¡Hay que hacer algo, señores! Por ahí anda, raído de sol y lluvia, la cara tiznada, apartando moscas inexistentes, dándole golpes a una perolita.  . 

AHORA QUE HAS MUERTO ¡Se murió y pa’l coño! A barrer la casa, a preparar café, a buscar ron y whisky, a comprar casabe, a pedir sillas prestadas, a poner ojos de llanto para que todos crean que necesitamos de su compañía en este dolor y no para celebrar que por fin se fue y no joderá más caminando por los corredores, diciendo: «Eso no se hace así, hágame caso que tengo más años que usted».

DESPUÉS NO HABRÁ NADA Después no habrá nada; sólo un largo silencio, el vacío, nada. Tú lo sabes, todos lo sabemos. Anda, deja ya de hacernos perder el tiempo. Ponte tu mejor traje, los zapatos nuevos, el reloj de oro. Péinate y métete de una vez en la urna que todos te estamos esperando.

EN ESTOS DÍAS En estos días, al cruzar la calle, al encender un cigarro, al bebernos una merengada, al salir de la iglesia, al regreso del mercado, al terminar el café: ¡Hola, Muerte, cómo estás!

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