El justiciero Fabián Vique



Fabián Vique, nacido en Argentina en 1966, es narrador, profesor y editor. Pertenece a la Orden de la Brillante Brevedad (OBB), grupo literario que organiza lecturas de microficción en Buenos Aires y otras ciudades. Ha publicado varios libros de este género: Minicuentos (1997), Con las palabras contadas (2003), La vida misma y otras microficciones (2007), La tierra de los desorientados (2008), Variaciones sobre el sueño de Chuang Tzu (2009) y Los suicidas se divierten (2012).
En Vique la ironía es una pieza fundamental. Sus textos, escritos de manera directa, precisa y exacta, privilegian la narración. La violencia, muerte y el humor son sus temas preferidos. Se pueden leer textos de Vique en su blog http://delasavesquevuelan.blogspot.com/ y en @fabianvique
VR


EL JUSTICIERO
Salió de la chimenea y abrió la bolsa.
--Jennifer, en esta caja encontrarás las orejas del abuelo, que enrojecía las tuyas al "saludarte" en cada cumpleaños. Nicole, aquí hallarás la cabellera de mamá, quien fingiendo peinarte tironeaba con violencia tus dorados rizos. Para ti, Edgar, el dedo índice de papá, ese que te levantaba intimidante cuando te sorprendía colocando veneno para ratas en sus zapatos nuevos. Y tú, pequeño Brian, recibe el ojo izquierdo de la abuela, el que te miró furioso el día que arrojaste su bastón barranca abajo.
--¡Gracias! --dijimos, y nos lanzamos sobre los paquetes.

UNA REALIDAD
Me desperté a las tres de la madrugada sobresaltado, bañado en sangre, con un puñal clavado en el medio del pecho. "¡Menos mal!", me dije, "es sólo una realidad".
Y seguí durmiendo.

DIEZ MINUTOS
A las doce y diez su corazón se detuvo.
A las doce y nueve escuchó la campanilla del teléfono.
A las doce y siete evocó una cena en la que su padre había llorado.
A las doce y seis sintió que su espalda se mojaba.
A las doce y cinco vio una araña inmóvil en el cielo raso.
A las doce y cuatro escuchó un grito: "¡Y la sal, Jorge, la sal!" A las doce y tres minutos abrió los ojos.
A las doce y tres segundos cayó al suelo.
A las doce en punto apretó el gatillo.

BORGES EN LA PELUQUERÍA
Cortame las puntas, Ramón.
¿Usted cree que alguien hace crecer el pelo, su pelo por ejemplo? ¿Todo lo que se escribe es literatura? ¿Toda literatura es fantástica? ¿La filosofía es una rama del hombre? La rama es una rama del árbol, Ramón.
¿El árbol es una rama de la tierra? ¿El hombre de la idea? ¿La tierra del cosmos? ¿La idea del verbo? ¿El cosmos del caos? ¿El caos de la filosofía? ¿La filosofía es una rama de la literatura fantástica? Las puntas nomás, Ramón, las puntas.
EL FIN DE LOS SUICIDAS FERROVIARIOS
Harto de la moda de los suicidios ferroviarios, el gobierno ordenó el diseño de trenes provistos de un aparato en forma de embudo que, colocado al frente de las unidades, succionaba a los suicidas y evitaba el impacto sumergiéndolos en un colchón de aire.
Allí flotaban los suicidas hasta que eran depositados en habitáculos acondicionados especialmente.
Al llegar al final del trayecto, la policía ferroviaria los trasladaba al Pabellón de los Asesinos de Sí Mismos, donde se los sometía a juicio, con las garantías legales correspondientes, y se los condenaba a la silla eléctrica.

EL PRIMER MARCIANO
Tras catorce intentos fallidos, la NASA logró, finalmente, que una mujer diera a luz al primer niño marciano.
La información y las primeras imágenes se hicieron públicas esta mañana, cuando el simpático extraterrestre cumplió diez días de vida.
Según los informes médicos, su estado de salud es mejor que el de cualquier niño nacido en Houston o Filadelfia.
Rubio y de ojos azules, Apolo Quince pesa cinco kilos, mide seis metros, tiene tres antenas, es de color verde oliva, se ríe todo el tiempo y le encanta jugar con una banderita de los Estados Unidos.

LA VIDA MISMA
Después de doblegar ejércitos, someter países, fusilar insurrectos y repartir botines, el niño apaga la Play Station y acude al llamado.
Sobre la mesa se enfría la leche que una vaca elaboró, un tambero ordeñó, un camionero transportó, una empresa pasteurizó y homogeneizó, un almacenero vendió y su madre calentó, endulzó y enchocolató.
¡No quiero leche, quiero whisky! grita el niño.
La madre le da vuelta la cara de un cachetazo y el niño bebe sin chistar.

LAS FLORES DE PLÁSTICO
Digan lo que digan, las flores de plástico duran más.

LAS ÚLTIMAS PALABRAS
No sé cuáles habrán sido las últimas palabras que pronunció.
Pero las últimas que escuchó fueron: "Usted no ha recibido ningún mensaje nuevo".

 

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