Historias de inodoro. Diego Mora























La venganza del chancho
Luego de una vida entregada a la gula, un diciembre inesperado me sacrificarán.
Dos meses después reencarnaré en gusano para comérmelos lentamente en el camposanto.

La letra con sangre…
Voy por el último renglón corro jadeante ya estoy del otro lado escucho las sirenas en mi barrio cada vez más cerca rompen el portón la puerta veo sombras acercándose gritan deben ser más de diez entran a mi habitación me piden que levante las manos pero mis dedos siguen atados al lenguaje Algo frío corre en mi cabeza gotea por mis dedos Todo está cubierto de rojo Caso cerrado.

21/11/06
El día empezó con un temblor casi imperceptible. A eso de las once de la mañana fue apareciendo el sol, excepto que, para el asombro de la mayoría estaba muy al oeste. De hecho, por la luz que proyectaba, parecían las cuatro de la tarde, pero los relojes seguían marcando las once aeme. Al principio hubo expectación, periodistas y especuladores, suicidas y clarividentes. A las tres de la tarde estaba tan oscuro que la gente terminó por regresar a sus hogares y entre el nervio y el tedio acabaron pernoctando. A las dos de la madrugada el sol pegaba con tanta fuerza que la gente se fue a sus trabajos. Sólo un par de escépticos mantenían –cuatro días después- la loca hipótesis de que algo como el tiempo o la vid se había perdido. Los demás adelantaron el reloj.

Fosforescencias
El jefe del departamento financiero le reclamó personalmente al agente de ventas, advirtiéndole que por disposición del gerente en adelante se lo descontarían de su salario. El agente llamó por teléfono al distribuidor independiente que se lo había entregado, quien indicó que en ese estado se lo había devuelto la dueña de una pulpería. El distribuidor se vio comprometido y al día siguiente visitó el negocio. La dueña le explicó que había sido una muchacha, quien un poco molesta llegó diciendo que se lo habían vendido defectuoso. Llamaron a la muchacha, que llegó a la pulpería con su hijo. El niño llorando dijo que lo había usado sin permiso hasta estropearlo. La joven madre se disculpó, pero no lo devolvió, por lo que el distribuidor se vio obligado a llamar al agente de ventas, quien de inmediato se comunicó con el departamento financiero, indicando los pormenores de la devolución y sustitución del artículo código B2-41 marca Starlet, tamaño mediano, color verde fosforescente a precio de introducción. De inmediato le aseguraron que ya no tenía de qué preocuparse, porque el gerente se había tomado la tarde libre para visitar a su hijo, quien le esperaba con una carta pintada en verde fosforescente.

3 comentarios:

No Comments | 20 de junio de 2009, 3:30

Buen final, caso cerrado.

Anónimo | 21 de junio de 2009, 8:51

Muy buenos cuentos. Me gustan sobre todo "La letra con sangre" y "La venganza del chancho". Uriel Quesada

Alonso\*/Esteban | 21 de junio de 2009, 9:41

Es un gusto ver en una versión tan pulida y perfeccionada de textos cuyas primeras versiones tuve el gusto de ver acá en Costa Rica.

Me cautiva en particular "21/11/06". Un surrealismo que le hace perfectamente viable, verosímil, trabajado con rigor. Felicito todos los textos.

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