Microficciones de Liliana Aleman

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Hábitos pacientes
Las fervientes olas del Pacífico abrieron el kimono de la mujer de labios azules. En tanto, al otro lado de la ciudad, un hombre solo esperaba cubrirse con sus sombras en el desencantado instante de cambiarle las pilas al control remoto de la televisión.
Palabras con provenzal
Por más que se lo niegue, ella seguirá creyendo que las cosas son así. Sólo porque así son en un mundo fuera de borda, me reprocha cuando la mesa se tambalea. Sus palabras se vuelven espaciales, lumínicas, rocallosas, ruedan por el plato y emergen saltadas al ajo y perejil. Entonces me levanto, voy a buscar el salero. ¿Acaso estoy ciego?, si lo tengo delante de los ojos, casi pegado al plato, alcanzo a oír mientras enfilo hacia la puerta.
Extranjeros
Yo dije:
—No comprendo el idioma.
Él dijo:
—No importa. Puede imaginarlo.
Las fervientes olas del Pacífico abrieron el kimono de la mujer de labios azules. En tanto, al otro lado de la ciudad, un hombre solo esperaba cubrirse con sus sombras en el desencantado instante de cambiarle las pilas al control remoto de la televisión.
Palabras con provenzal
Por más que se lo niegue, ella seguirá creyendo que las cosas son así. Sólo porque así son en un mundo fuera de borda, me reprocha cuando la mesa se tambalea. Sus palabras se vuelven espaciales, lumínicas, rocallosas, ruedan por el plato y emergen saltadas al ajo y perejil. Entonces me levanto, voy a buscar el salero. ¿Acaso estoy ciego?, si lo tengo delante de los ojos, casi pegado al plato, alcanzo a oír mientras enfilo hacia la puerta.
Extranjeros
Yo dije:
—No comprendo el idioma.
Él dijo:
—No importa. Puede imaginarlo.
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