Microficciones de Diego Kochmann


Fuego cruzado

_ ¡Fuego!_ solicitó la dama con un cigarrillo entre sus dedos.
_ ¡Fuego!_ gritó el hombre al ver cómo se incendiaba su casa.
_ ¡Fuego!_ ordenó el capitán al pelotón de fusilamiento.
Sucedió que la dama murió acribillada a balazos en su suite privada, el hombre miró estupefacto como le acercaban un encendedor frente a las cenizas de su casa y un baldazo de agua empapó al capitán ante las carcajadas de sus soldados. Resulta que la amada del escritor de este cuento se marchó para siempre, y fue en ese estado de absoluta perturbación cuando aparecieron los finales de estas historias.



Cazador

Le habían advertido: “Hay algunos que son tontos y muy fáciles de atrapar; pero otros, los más astutos, se esconden, se mimetizan con el ambiente. Cuando los veas, no dudes en clavarles la punta de esta arma, verás como inmediatamente les brota la sangre roja, que es algo más brillante que la nuestra. Nunca cierres los ojos, nunca te distraigas y, sobre todo, nunca permitas que se te escape alguno”. Tras estas palabras, era lógico que estuviera nervioso; sobre todo porque era su primer día de trabajo como corrector.



Colaboradores

… y en esta extensa pradera descansan los valientes que le permitieron a Guillermo Tell adquirir la experiencia suficiente para poder presentar su espectáculo en público.



Drama escolar

La niña lloraba sin consuelo en el patio de la escuela. Había entendido que fue víctima de una broma cruel, nada de cierto había en las cartas de amor que había encontrado en su mochila, nada real en ese encuentro tan anhelado al lado del árbol durante el recreo. Pobrecita, ¿cómo podía imaginarse que otros ojos también lloraban desde el aula de sexto grado, en el primer piso, que lloraban y no se animaban a bajar?



No existe belleza que resista un bostezo

El joven la miraba encantado mientras ella hablaba. Lo que ignoraba es que ella no había pasado bien la noche anterior. “Qué hermosa es”, ni cuando el mozo trajo la cena le quitó los ojos de encima. “Qué ojos, qué labios, qué naricita. Es sencillamente perfecta”. De repente, un cansancio profundo venido desde muy adentro la hizo boquear, a antes de que pudiera cubrirse con la mano, el joven observó cómo se le arrugaba, se le comprimía, se le afeaba la cara. Qué grotesca esa boca tan abierta, esa garganta… No quiso ver más, simplemente se levantó y se fue.


3 comentarios:

MARIA FABIANA CALDERARI | 22 de junio de 2009, 18:43

Una agradable lectura de microficción.
Saludos cordiales.

Síncope | 24 de noviembre de 2009, 13:17

Hola soy parte del consejo editorial de la revista Síncope, nos han gustado las minificciones de Diego Kochmann y nos gustaría que nos proporcionaran su correo electrónico para poder publicarlo en nuestro siguente número (Diciembre)

Para más información de nuestra labor puedes visitar nuestro blog
sincoperevista.blogspot.com
y escribirnos a nuestro correo
sincoperevista@gmail.com

Gabriel Ramos | 1 de abril de 2017, 12:39

Hola:
Soy un promotor cultural y escritor de minificciones mexicano y quisiera publicar algunas de ellas aquí. ¿Qué debo de hacer?
Saludos cordialers

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