Ficticianos en Ficción Mínima





Laura Hermosilla
Nació en Madrid, en 1971. Desarrolló cuatro años de aprendizaje en una academia de dibujo y pintura y se licenció en Historia del Arte. Ésa es la parte oficial, la extraoficial habla de mudanzas, de vivir frente al mar, de aprender a escribir, de enseñar a pintar, contemplar los horizontes de los Torozos y de, sobre todo, tratar de ser mejor persona, consigo misma y con los demás. Actualmente, vive en Madrid y vende unos exquisitos pasteles austriacos que alegran todos los corazones. No es mal designio, para empezar.

Tres deseos
Harta de tanta insistencia, la muchacha terminó gritándole al genio de la lámpara que acababa de limpiar:
— ¡De acuerdo, ya está bien! Pues toma nota: ¡desaparece, desaparece y desaparece!
Se bastaba ella sola para lograr sus deseos.

Del primer polvo y sus lodos
El muchacho dejó de ser virgen el día en que su padre se empeñó en estrenarle entre medias de seda y amor de pago. Mientras él se introducía dentro de ella, la puta atravesaba su rostro con la mirada, haciéndole sentir invisible durante las cuatro arremetidas que duró el coito; y eso le gustó, porque era muy tímido. Después tomaron un café los tres juntos, en el saloncito común, entre silencios y sonrisas esbozadas; y todo iba bien. Entonces el padre hizo callar a todos los presentes con el golpear de la cucharilla en el borde de la taza, y dijo:
-¡Mi hijo ya es un hombre! ¡Ya es un macho con los cojones bien puestos!
Por eso dice el chico que ayer mató a su padre a hachazos, doce años después.
Qué frialdad.

Las carga el Diablo
El cadáver yacía con el pecho reventado y los pies metidos en un charco de lluvia. Desesperados, algunos miembros de la cacería se tiraban del pelo y pedían perdón al cielo, mientras los más iracundos exigían al responsable una respuesta que no sabía dar.
"¿Pero qué es un arcángel?", preguntaba el niño con la escopeta aún caliente en la mano.

Magia borragia
La bella cuchara, aterrorizada, retrocedió un paso escupiendo al suelo para hacerse la dura, pero el prestidigitador consiguió atraparla con suavidad por el cuello. Después, y con la sola fuerza de su mente, la dobló por la mitad.
Nos disponíamos a aplaudir como locos cuando se apagaron todas las luces y el mago volvió a reclamar nuestra atención. Entonces pudimos ver cómo la pequeña alma, sin doblar, se elevaba a los cielos.

Sexo mítico
(Serie: Sobando el mito de Gorgona Medusa 1)
En algunas islas griegas, la sabiduría popular sustituye la Viagra por un pulverizado de medusa seca. Según la tradición, bastaba una mirada de la Gorgona para que todo se convirtiera en pura piedra.

Medusa, cuando besa, es que besa de verdad
(Serie: Sobando el mito de Gorgona Medusa 2)
La tercera Gorgona, para no petrificar a sus amantes con el maleficio de su mirada, solía cerrar los ojos mientras besaba. El gesto ha quedado como símbolo de entrega y veracidad del amor.

Es cuento largo
Llevaba varios días caminando con gran tortura y, al final, el dolor de pies era tan intenso que le obligó a detener su marcha. Se sentó en lo alto de una montaña para ver mejor qué le ocurría, pero antes que nada arrancó un abeto y se hurgó con él los dientes.
Cuando consiguió escupir el cerdo que llevaba incrustado en los caninos desde la hora de la comida, levantó la pierna izquierda y desató las cuerdas que le sujetaban el portaaviones al pie. Qué rabia sintió al ver que tendría que tirar un calzado tan cómodo y flexible: había florecido un sembrado de coles cerca de la puntera y unos regueros de zanahorias y patatas asomaban ya sus hojas en la pista de aterrizaje, cerca del talón. Con todo, lo peor era que también tenía los cultivos enraizados entre los dedos. Eso le pasaba por entrar a la sauna descalzo. O tal vez, pensó Goliat, porque le sudaban mucho los pies.

Primero fue un latido (In memoriam, Madrid 11 de septiembre)
Primero fue un latido chiquito en la mañana... tic, tic, tic..., un corazón débil que arquea las espaldas de los viajeros con bostezos y ojos destemplados. El vagón a rebosar, un leve olor a café con leche en las bocas y el traqueteo prolongando el sueño interrumpido.
Sería más fácil contar que hubo tiempo de descubrir la mochila abandonada bajo un asiento, que hubo alarma, gritos y llamadas al conductor del tren para que abriera las puertas y todos pudieran salir huyendo entre empujones, gritos y lloros. Pero no hubo transición. No hay transición de la nada al espanto. No hay hipérbole que valga.
Primero fue un latido en la mañana nueva ...tic, tic, tic..., y el odio que arquea las espaldas con estruendo de metralla. Ciento noventa y dos sombras continúan su viaje en un vagón a rebosar, el sabor amargo del café aún en los labios y un traqueteo eterno alargando sus sueños mutilados en los que quedaron vivos.
Decir ahora vivos sí vale como hipérbole.

8 comentarios:

MARIA FABIANA CALDERARI | 12 de agosto de 2009, 23:20

Estas microficciones también alegran corazones!Maravillosos. Enhorabuena a la autora.
Saludos cordiales.

Anónimo | 13 de agosto de 2009, 3:25

¡Requetefelicidades! me parece que esta semana no voy a para de felicitarte mi querida Laura...
Besos.

Isa | 14 de agosto de 2009, 12:32

¡Pues ná mi niña Laura, que esta semana me toca felicitarte por todos los lados y a toas horas!
Un placer leerte en esta plaza de mercaíllo de letras.
Un besote mi arma.

Laura | 14 de agosto de 2009, 18:27

María Fabiana,
es un placer recibir su comentario y tener conocimiento de su persona. No sé si habremos tenido la oportunidad de conocernos en Ficticia. En todo caso, es un gusto conocerla ahora y ver su perfil. Muchos saludos agradecidos también para usted.


Isa...
Tú felicita, hija, que pa' insurtá ya está la vida. Gracias por todo, todo, todo. Es, realmente, un lujo "conocerte".
Besotes para ti.

Nicolás | 14 de agosto de 2009, 21:20

¿Habrá alguna forma de contribuir a la página?

Guillermo Iglesias | 15 de agosto de 2009, 4:54

Me sorprenden gratamente estas ficciones mínimas, su eficacia y su economía de recursos,
No sé juzgar el último texto. Ignoro si la emoción que depara es generada por su lectura, o es previa. Un sentimiento preexistente y agazapado que esas líneas reactivan apelando a nuestra memoria.
Saludos.

Laura | 15 de agosto de 2009, 15:52

Nicolás...
¿Habrá alguna forma de contestar a su pregunta?

Guillermo Iglesias...
Me alegra mucho que le hayan sorprendido gratamente estas minificciones. Es un placer provocar esa sensación en un lector que accede por primera vez a mis textos.
Con respecto al último relato, apenas tiene valor literario. No pasó apenas por ese proceso. No fue más que el vómito que el recuerdo de aquella tragedia provocó en mí al año de suceder. Y creo que su comentario es muy acertado, el recuerdo propio basta por sí solo para revolver el alma. Muchas gracias por su comentario.
Un saludo

Isabel González | 25 de agosto de 2009, 10:14

Me han gustado. Sí señor. Sobre todo 'Magia borragia'. Enhorabuena.

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